Autor

It seems we can't find what you're looking for.

Seguridad inteligente: La imperiosa necesidad de saber ante la proliferación de escenarios híbridos y fenómenos delincuenciales complejos

Foto: Government Technology

En la actualidad nos encontramos ante un mundo cambiante en el que comienzan a tambalearse paradigmas y presupuestos tradicionales sobre los que no cabían, hasta ahora, modificaciones sustanciales. Como recogen en su trabajo los profesores Pulido y Sansó-Rubert acerca del papel de la Inteligencia ante los fenómenos delincuenciales complejos en el contexto del Espacio Euroatlántico, la concepción hobbesiana de Estado y la configuración de las políticas estratégicas, tanto de unidades estatales, como de organizaciones internacionales en los ámbitos preventivos y reactivos de la seguridad, adeudan una revisión y reestructuración, para su acomodación a los desafíos en ciernes. Reto de por sí nada desdeñable, cuya dificultad se ve incrementada por el propio estadio evolutivo en el que nos encontramos: una fase intermedia de transición entre una etapa pasada prácticamente superada, propia de la política de confrontación de bloques de la Guerra Fría y de la posterior etapa de conflictos de baja intensidad y guerras asimétricas, pero cuyas reminiscencias aún golpean con fuerza y otra, futura, que no termina de eclosionar y definirse (nuevos escenarios de incertidumbre): la proliferación de escenarios híbridos y fenómenos delincuenciales complejos. La escena vigente obliga, en términos de seguridad y defensa, a una permanente adecuación ad hoc, combinando estrategias del pasado, con ideas del presente, al tiempo que planificamos en términos de prospectiva de futuro, abocados a la responsabilidad ineludible de desplegar (o al menos intentarlo), un continuum de seguridad, que no siempre resulta efectivo, ante las dificultades de previsión de contingencias en un mundo inmerso en una constante transformación vertiginosa.

Pretender combatir las modalidades de modernas fenomenologías delictivas organizadas complejas con esquemas de seguridad del siglo XX, resulta inoperante. Ante los nuevos retos, impera adoptar nuevas respuestas. Por ello, resulta indispensable una reflexión en torno a los desafíos abiertos para la Política criminal en particular, y para las Políticas de seguridad y defensa en general, ante la emergencia de fenómenos delincuenciales complejos fruto de la fusión de amenazas clásicas y su posterior evolución en clave de convergencia, que ha desembocado en una suerte de amenazas híbridas, cuyas características están aún por determinar en plenitud. Realidad criminógena, que obliga a asumir procesos de adaptación institucional a marchas forzadas para no perder capacidad operativa y poder estar a la altura de las circunstancias, garantizando un mínimo de seguridad, al tiempo que se evita la obsolescencia. Sin embargo, la realidad se distancia de estos planteamientos. Las burocracias estatales permanecen constreñidas en esquemas funcionales anquilosados, incapaces de enfrentar unos escenarios híbridos volátiles, en continua transformación evolutiva. Incapacidad que, en último término, limita la respuesta institucional.

El debate gira en torno a qué enfoque debe primar o qué estrategias deben establecerse para abordar una realidad compleja y poliédrica, caracterizada por la convergencia de escenarios de convivencia de amenazas tradicionales con otras de naturaleza híbrida. Los fenómenos delincuenciales complejos o amenazas híbridas, obligan a prever escenarios no contemplados de convivencia de sistemas y estructuras tradicionales con espacios sub-gobernados por grupos de naturaleza criminal.
Representan la manifestación más cruda de los “poderes salvajes” de Ferrajoli, corruptores de los principios de la vida política entendida democráticamente, socavando cualquier intento de configuración de un sistema constitucional, que sea capaz de garantizar los derechos básicos que sostienen la democracia como ordenamiento político de las sociedades.

La tradicional división entre seguridad interior y exterior tiende a diluirse, habida cuenta de la progresiva consolidación de la permeabilidad y transnacionalidad de estos fenómenos. A lo que hay que añadir la pérdida del monopolio del uso de la fuerza por parte del Estado, al tiempo que los denominados “actores armados no estatales” 1, recrudecen su uso. La discusión planteada acerca de cómo hacer frente a semejantetesitura en América Latina, se ha reducido a cómo articular el empleo de la fuerza y, sobre todo, cómo obtener la legitimidad para ello. Pero no podemos establecer un compartimento estanco entre el estadio preventivo y de salvaguarda de la seguridad, y la respuesta reactiva y/o coactiva realizada por las Fuerzas de Seguridad o las Fuerzas Armadas según el caso. Deben ser fases complementarias. Por lo que en los últimos años la reestructuración de capacidades y requerimientos de las Comunidades de Inteligencia, ha sido uno de los objetivos principales –al menos sobre el papel-, para poder actuar conforme a la evolución de la amenaza. La seguridad desgajada de la inteligencia es una respuesta obsoleta. De ahí, la apuesta por la viabilidad de la implementación del concepto de Seguridad Inteligente desde un plano global en el que los Estados, a través de una consolidación de una Comunidad de Seguridad establezcan estrategias, políticas y procedimientos interconectados y coordinados para prevenir, a través de su Sistema de Inteligencia, y para actuar, con la contundencia del conjunto de integrantes del aparato de seguridad y defensa estatal.

Esto ha supuesto la apertura de nuevos frentes de estudio con la finalidad de profundizar en los campos de interés existentes, al tiempo de satisfacer las lagunas de conocimiento que persisten. Estudios, que se centran, no sólo en la génesis y tipologías de las amenazas híbridas, sino también, en los supuestos de interrelación incluyendo la confrontación entre las mismas, la clasificación de estructuras de las organizaciones, el modus operandi y la logística disponible, la idiosincrasia organizacional (modelo de imposición de la disciplina, liderazgo, tipología de vínculos entre miembros, división del trabajo, especialización en el ejercicio de funciones), la diversidad de actividades criminales (mercados), estudios de su impacto (social, político y económico), de peligrosidad e incluso, sus aspiraciones en términos de agenda política. Igualmente, la atención recae sobre las carrearas criminales de los integrantes de las organizaciones y cómo se conjugan las relaciones profesionales entre el ámbito legal e ilegal, la configuración de los grupos étnicos y la explotación de los vínculos familiares (subculturas delictivas), la corrupción e infiltración criminal multinivel, el rol de las empresas ilegales, que desempeñan actividades legales, o los factores que favorecen la aparición de regiones geográficas de alta densidad criminal y el contagio criminal transfronterizo, fruto de la creciente transnacionalización, entre los aspectos más destacados.

En suma, la perspectiva novedosa que conforma la denominada “seguridad inteligente”, hace hincapié en la importancia de articular la seguridad en base a las capacidades en inteligencia, especialmente, en su vertiente prospectiva, como uno de los principales recursos para enfrentar con éxito los desafíos planteados; desarrollar estrategias y capacidades fundadas en inteligencia para constreñir a la mínima expresión las amenazas híbridas que están por materializarse o impedir que lleguen siquiera a eclosionar, intentando atisbar los derroteros por los que evolucionarán en las próximas décadas, identificando posibles tendencias que, en definitiva, nos confieran ventaja estratégica.


[1] Bajo el rubro de “actores armados no estatales” tienen cabida figuras tan dispares entre sí como las estructuras de criminalidad organizada (piratería, bandas criminales –BACRIM-, GAO, pandillas juveniles y Maras); organizaciones terroristas y movimientos de liberación nacional; insurgencias y grupos opositores rebeldes; guerrillas; paramilitares y grupos de autodefensa; señores de la guerra, jefes de clan y grupos armados locales (milicias); mercenarios e incluso, contratistas privados de seguridad, además de sus reinterpretaciones híbridas como las neo insurgencias, insurgencia criminal, protoinsurgencias, narco terrorismo, narco guerrillas, ejércitos privados criminales o paramilitarización criminal como los Zetas – antes de adquirir plena autonomía como organización criminal-, entre los más destacados. Para una mayor profundización en el concepto y sus tipologías consultar: SANSÓ-RUBERT, Daniel: “Actores Armados no Estatales: Análisis fenomenológico”, en RELASEDOR Papers, 2015, publicaciones de la Red Latinoamericana de Estudios de Seguridad y Delincuencia Organziada (RELASEDOR); VV.AA.: Actores armados no estatales. Retos a la seguridad, Cuaderno de Estrategia nº 152, Instituto Español de Estudios Estratégicos-Centro Mixto Universidad de Granada-MADOC, Madrid: Ministerio de Defensa (España), 2011.

COMPARTIR

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú