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Hacia una reorientación de los sistemas de Inteligencia: De la importancia de los métodos de análisis a la necesidad de la gestión de las fuentes humanas

Foto: Rudy y Peter Skitterians de Pixabay

Resumen

La evolución actual del concepto tradicional de Seguridad, ha provocado un desequilibrio entre la necesidad de adecuación de las políticas de los Estados ante los nuevos retos y el estancamiento de las estructuras y procedimientos de Inteligencia.

El objeto de estudio de este análisis se centra en la propuesta de recuperar y posicionar los métodos tradicionales en la obtención de información a través de la fuente humana, olvidados en las últimas décadas frente al avance tecnológico, pero indiscutiblemente necesarios, para obtener una información relevante ante los fenómenos criminales complejos.

Análisis

Ante la incertidumbre estratégica que cada vez más se está consolidando en la escena internacional, como consecuencia de una evolución del concepto tradicional de Seguridad, se torna imprescindible realizar una revisión del proceso de Inteligencia, el cual, hasta ahora, focalizaba el peso del ciclo, en la fase de análisis de la información.

En la Postguerra Fría, se fueron abandonado a un segundo plano la gestión y el tratamiento de las fuentes humanas como método de obtención de información, en pos de desarrollar y consolidar los métodos de obtención basados en tecnología, con la creencia de que sólo estos métodos garantizaban un alto nivel de fiabilidad en la obtención de la información. En la actualidad, por el contrario, el espectro de amenazas a las que se enfrenta el sistema internacional, aboca a una reorientación de las organizaciones de Inteligencia hacia un perfeccionamiento del HUMINT (Inteligencia humana) a la hora de tratar y gestionar tanto a fuentes obtenidas por métodos de captación (técnica de obtención de información a través de la cual se atrae y se persuade a un individuo perteneciente a las organización susceptible de ser investigada) como por infiltración (técnica de obtención de información a través de la cual un agente de inteligencia o agente encubierto se introduce en la organización susceptible de ser investigada).

Esta idea se fundamenta en dos motivaciones: En primer lugar, el abanico de fenómenos criminales complejos incluidos en la panoplia de amenazas híbridas, obligan, cada vez más, a vincular las políticas preventivas con las reactivas, lo que fomenta que se establezcan estrategias y procedimientos que van más allá de lo que, sencillamente, se entiende como “información que se conoce”, exhortando a las estructuras de Inteligencia a incluir, en sus procedimientos, las prácticas enfocadas al desarrollo de los “Estudios de la ignorancia”, es decir, posicionar al mismo nivel de importancia operacional, tanto la información como el desconocimiento. En definitiva, y en un contexto de lucha contra la criminalidad organizada, se trata de identificar, analizar y evaluar la falta de datos e información concretos sobre un determinado comportamiento criminal, que aporte el valor añadido necesario para concebir el desarrollo de una operación policial. Por lo tanto, paradójicamente, la gestión de lo que necesariamente se desconoce también aporta información relevante.

Para ello, la presencia activa en las estructuras de Inteligencia de las fuentes humanas como medio de obtención de información es imprescindible, puesto que será clave en la identificación de los vacíos de información significativa que determinen el sentido de la operación. Así, es obligada la reformulación de los procedimientos de identificación y formación, tanto en individuos susceptibles de ser captados, como en el reconocimiento de perfiles idóneos para ser infiltrados en organizaciones criminales. Para ello, la asignación de recursos económicos y humanos debe realizarse con la previsión necesaria, siendo conscientes de que la fase de búsqueda de perfiles para operaciones de infiltración en academias y universidades, junto con la preparación y gestión de individuos susceptibles de ser captados en organizaciones, lleva tiempo.

En segundo lugar, y en consonancia con lo anterior, se aprecia, cada vez más, el cambio de posicionamiento en términos de importancia en las funciones de la Inteligencia, stricto sensu. Si las dos principales tareas son el apoyo en el proceso de toma de decisiones y la prevención, con el fin de neutralizar cualquier tipo de amenaza que afecte a la Seguridad y los intereses nacionales, en la actualidad, la Inteligencia se enfrenta a ser más necesaria en la actuación contra las amenazas que como apoyo al decisor. Esta idea se sustenta en la, cada vez más frecuente, porosidad en el campo de actuación y competencias de la Inteligencia estratégica, táctica y operacional, así como la transversalidad, complementariedad e interoperabilidad de la inteligencia político- estratégica, militar y criminal. La separación que, hasta ahora, impera en estos tres ámbitos, obligada, en cierto modo, por la excesiva burocratización de las instituciones político-administrativas de los Estados, se convierte, desde un punto de vista operativo, en poco eficaz. Esto se establece como consecuencia, de que las amenazas más comunes, en la actualidad, abarcan todo el espectro tanto criminal como delictivo, identificadas, en numerosas ocasiones, como convergencias de objetivos y alianzas estratégicas entre grupos de distinta naturaleza pero que comparten procedimientos y propósitos. Esto obliga a que exista una interoperabilidad en el planeamiento de estrategias y operaciones en los tres campos de Inteligencia del Estado, lo que también fuerza a crear y mantener sistemas eficaces y compatibles que faciliten las tareas entre las diferentes estructuras.

A modo de conclusión, se extraen dos ideas fuerza. Primero, la dificultad en el cambio de mentalidad en organizaciones de Inteligencia con un alto grado de burocratización y constreñimiento al poder político para asumir una inversión en capacitación y formación de perfiles susceptibles de ser activados en operaciones a medio-largo plazo.

Segundo, los obstáculos a los se enfrentan los sistemas de inteligencia para modificar las aproximaciones a las amenazas híbridas desde perspectivas preventivas, es decir, hasta ahora, y a modo de ejemplo, lo considerado como conflicto insurgente tenía su foco de tratamiento, por un lado, en la Inteligencia Militar con presencia en el teatro de operaciones, y, por otro, en estructuras de Inteligencia Estratégica, en aquellos Estados con intereses en los contextos de actuación operativa de estos grupos. En otro término,lo que se identificaba como grupos de criminalidad organizada, tenía su ámbito de actuación en organizaciones de Inteligencia criminal o policial.

En la actualidad, la porosidad y transnacionalidad de la amenaza, obliga a no discernir “de iure” en las competencias y funciones de las diferentes Inteligencias. Existen escenarios en los que se ha militarizado la amenaza o se ha producido a una securitización de lo militar, por lo tanto, los Estados están abocados a desarrollar estrategias multidepartamentales y con sinergias en operaciones.

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú