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Incertidumbre, “militarización” y un nuevo espacio de seguridad: Seguridad multi/trans-dominio y defensa comprehensiva

Foto: Aspen Initiative  for Europe

Resumen

Las nuevas dinámicas en la seguridad están creando un nuevo y diferente espacio que está modificando nuestra concepción de la seguridad y la defensa. Paradójicamente, y a pesar del debate sobre el impacto de la incertidumbre, la tecnología y los diferentes dominios en la naturaleza y caracteres de los conflictos, no se ha producido ese debate en profundidad en los Estudios de Seguridad para una redefinición del concepto de seguridad y defensa.

Análisis

Frank Hoffman en su artículo de 2009 define amenazas híbridas como “any adversary that simultaneously and adaptively employs a tailored mix of conventional, irregular, terrorism and criminal means or activities in the operational battlespace, and a hybrid threat or challenger may be comprised of a combination of state and non-state actors”; las FF.AA de EEUU las define como “diverse and dynamic combination of regular forces, irregular forces, criminal elements, or a combination of these forces and elements all unified to achieve mutually benefitting effects”. Estas definiciones atestiguaban con claridad que ya no exista una distinción evidente entre lo que es y no es un campo de batalla. Los llamados Global Commons son campos de batalla potenciales, pero los espacios sociales, como los ámbitos político, económico y cultural, ciberespacio e incluso psicológicos también están en riesgo. Autores como el propio Hoffman, Peter Singer, Colin S. Gray, Max Boot, Rosa Brooks o John Arquilla entre otros han debatido sobre la naturaleza y el impacto de estas amenazas. Sin embargo, es sorprendente que no parece existir un debate sobre el impacto de estas categorías en los Estudios de Seguridad, ni un intento real de ofrecer nuevos enfoques y definiciones del concepto de Seguridad, sobre todo en Europa. Se mantienen aún conceptos y debates que son peligrosamente obsoletos y que sobreviven en el ámbito académico y político por una clara incapacidad para enfrentarse a una situación que provoca paralización ya que desarman las concepciones que se habían cómodamente establecido durante la Post-Guerra Fría.

Las amenazas híbridas, por ejemplo, evidencian ya claramente el fin la separación tradicional entre la seguridad interna y la externa: tras los ataques del 11 de septiembre de 2001 y la declaración de la “Global War on Terror” (GWOT), el Presidente Bush afirmó que el mundo entero era un campo de batalla y que incluso las personas que fueron arrestadas en entornos civiles en los Estados Unidos y que nunca participaron en las hostilidades en un campo de batalla (o en cualquier otro lugar), podrían ser tratadas como «combatientes». Sin embargo esto no era sino la confirmación de lo que anunciaban la Tercera Ola de los Toffler o la Sociedad del Riesgo de Ulrich Beck, y que en última instancia se confirma con, sobre todo, el avance de la incertidumbre, y que continuará con la robotización de la seguridad y el campo de batalla, la militarización del espacio,  el uso de la Inteligencia Artificial y el IoT como siguiente paso; los conceptos de seguridad actuales no explican exhaustivamente ciertos fenómenos y sus consecuencias. Por lo tanto, se debiera de conducir una explicación y análisis más exhaustivos de los fenómenos cuyos procedimientos y objetivos no cumplen con los parámetros conocidos hasta ahora y que abarcan múltiples espacios y dimensiones: por ejemplo, Rosa Brooks, autora de “How everything became War and the Military became everything”, establece que hay problemas siempre para diferenciar entre “civiles «y» combatientes». ¿Qué cuenta como un objeto civil protegido en el ciberespacio? ¿Cuándo puede un pirata informático, un financiero o un propagandista ser considerado un combatiente?”.

No solo nos enfrentamos a “nuevas” amenazas y “zonas grises”, o en el ámbito de la defensa a un campo de batalla multi-dominio; nos enfrentamos a un nuevo espacio de seguridad de varios dominios, donde el objetivo de la Seguridad no parece principalmente asegurar el estado, las sociedades o los seres humanos, que es donde la seguridad nacional, la seguridad humana o la seguridad comprehensiva se han centrado hasta ahora. Sobre todo y primero, porque ya que no está clara la continuidad del estado westfaliano o que ese estado, las sociedades civiles y los seres humanos sean los principales objetivos de la Seguridad; segundo, la tecnología no es intrínsecamente civil o militar, y hace que los conflictos sean trans-dominio la mayoría de las veces; tercero, todos los dominios no tienen la misma importancia, o está lejos de estar claro que exista un claro «dominio» de cada dominio, pero todos juegan integrados. En este sentido, ya los coroneles Qiao Liang y Wang Xiangsui en su “Unrestricted Warfare” de 1999, establecían  que la Guerra y sus principios sería “using all means, including armed force or non-armed force, military and nonmilitary, and lethal and non-lethal means to compel an enemy to accept one’s interests”. Aunque una interpretación estrecha de Clausewitz diría que la naturaleza de la Guerra ha cambiado a la luz de la visión de esta “Guerra Ilimitada”, el prusiano establecía en un ámbito teórico también que la Guerra es un acto de fuerza para obligar a nuestro enemigo a hacer nuestra voluntad, y en la práctica así entonces se debería aplicar la fuerza necesaria hasta conseguir el objetivo establecido.

Luego la cuestión es más un problema de medios que de esencia, pero sobre todo es un problema de ámbito de ese escenario y de lo que deberíamos considerar hoy Guerra. Si hacemos caso a la definición china y a su extensión a todos los ámbitos y dominios tal como vemos las dinámicas actuales, paradójicamente parece que estas empujan realmente a una “militarización” de todos los dominios, y por ende de la seguridad, como estamos viendo en la lucha contra los carteles en Latinoamérica. En principio, la dinámica marcada en esta definición junto con el uso de medios y actores no militares parecería contradecir esa tendencia a la militarización, sin embargo el conflicto se mueve en todos los ámbitos y la perdida de separación entre seguridad interior y exterior lleva a la primacía de la defensa, tal como ocurrió en la Guerra Fría. El problema legal del mantenimiento de las acciones por debajo del umbral de la “guerra”, la no declaración de la guerra, la atribución de los ataques cibernéticos, el uso de represalias trans-dominios, la convergencia de actos criminales con/como actos de guerra y viceversa, actores “híbridos” o mixtos, y la  debilidad del estado westfaliano hace que el espacio del conflicto sea comprehensivo, donde nuestra visión de la Guerra se medirá no en términos espaciales, sino en términos de espectro y cuanta cantidad de violencia consideremos o soportemos. ¿Es un acto de “Guerra” un ataque cibernético que deje sin energía eléctrica medio estado?: si hay un objetivo político/beneficio tras él, lo podría ser, independientemente del actor que lo lleva a cabo, y ya que tiene consecuencias para el estado y su población. Pero como actuaríamos en ese caso: ¿una represalia “convencional” sería un incremento de la beligerancia o sería un acto “normal” de respuesta y alternativo en este escenario trans-dominio?

Esta dinámica nos lleva a dos concepciones nuevas: la seguridad multi-dominio y a la defensa comprehensiva. En esta nueva concepción de la seguridad parece que el objetivo principal que se habré paso, más que a los individuos e instituciones, se refiere a asegurar el control de los dominios del conflicto ya sea el físico (tierra, mar, aire, espacio), el de información/ciber, y el cognitivo, moral y social, por parte de diferentes tipos de actores, incluyendo no estatales, autoritarios o proxis, que no tienen en cuenta ni el estado ni la sociedad civil ni las personas. En este sentido, por ejemplo, la desaparición de la presencia física de los mecanismos o instituciones del Estado, o la “ocupación” de un/os dominio/s no físico/s representan el escenario actual de los conflictos. La Defensa Comprehensiva seguiría los postulados establecidos por algunos estados europeos pero también por el modelo desarrollado en Singapur de Defensa Total que incluye seis pilares claves –militar, civil, económico, social, psicológico, y digital. En un contexto multi-dominio y en un escenario de competición entre grandes potencias, la concepción de la seguridad no parece ya la establecida  por Buzan, Waever y de Wilde en su obra Security, de 1998, donde relegaron lo militar como un sector más de la seguridad junto a otros cuatro. El problema quizá ahora no es que el sector central sea el aspecto militar de la seguridad como fue principalmente durante la Guerra Fría: el problema podría ser la tendencia a la «militarización» y la expansión de lo militar en una búsqueda de control en todos los dominios.

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú