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¿Está Estados Unidos abandonando Europa?

Foto:  Marian Weyo / Shutterstock

Resumen

La manifestación verbal que sobre la política exterior estadounidense lleva a cabo el presidente Trump está sembrando el desconcierto y la duda entre sus aliados y socios europeos, y contribuye de manera sustancial a aumentar la sensación de distanciamiento entre ambos lados del Atlántico, minando la imagen de solidez de dicho vínculo. Sin embargo, el análisis de las cifras del renovado esfuerzo norteamericano en el viejo continente, financiado fundamentalmente a través de la Iniciativa Europea de Disuasión, muestra que, lejos de abandonar el continente, Washington se está tomando en serio la nueva amenaza rusa.

El distanciamiento con Europa

Analizadas en su conjunto, las políticas estadounidenses llevadas a cabo durante los dos últimos años parecen casi diseñadas ex profeso para minar la cohesión de la Alianza Atlántica. Estados Unidos ha declarado en varias ocasiones que podría no defender a aquellos aliados europeos «que no paguen sus cuentas», refiriéndose a los objetivos marcados y aceptados por todos de llegar al 2 % de PIB dedicado a defensa, con un 20% del mismo dedicado a investigación y desarrollo.

Por otra parte, en mayo de 2018, Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear sobre Irán. Ese mismo mes, se anunciaron las tarifas que aplicarían al acero y al aluminio europeo. En diciembre, el secretario de Estado, excluyó a la UE de la lista de organizaciones que la administración Trump considera efectivas, calificando el brexit como una llamada de atención saludable.

Unas semanas después, se anunció la retirada unilateral estadounidense de Siria sin consultar, ni siquiera informar, a sus aliados europeos que tienen desplegadas tropas en el área (entre ellos España). Este anuncio, fue seguido del requerimiento posterior para que los aliados sustituyeran a las tropas norteamericanas que se retiraban y para que se hicieran cargo de aquellos prisioneros que Estados Unidos no deseaba conservar. A finales de febrero, el presidente Trump dio marcha atrás afirmando que algunas tropas estadounidenses permanecerían en Siria.

Esta política, por un lado de confrontación con sus aliados europeos y por otro aparentemente errática, siembra la duda y el desconcierto entre los aliados occidentales. El hecho de que muchos analistas consideran que «los adultos han salido de la habitación», en clara referencia a los ceses fulminantes y abandonos inesperados por parte de altos cargos como Tillerson (secretario de Estado), McMaster (asesor de Seguridad Nacional), Mattis (secretario de Defensa) y Kelly (jefe del gabinete de la Casa Blanca), abunda en la fractura entre ambos lados del Atlántico.

La OTAN, una historia de desacuerdos

Pero la historia de las relaciones atlánticas es también la historia de sus desacuerdos. En 1956, durante la crisis de Suez, Estados Unidos decidió no apoyar a Francia y Gran Bretaña en su intento de recuperar el control del Canal, que Egipto había nacionalizado, lo cual obligó a ambas naciones a retirarse de la empresa. Más adelante, cuando Washington decidió modificar su estrategia de «destrucción mutua asegurada» por la de «respuesta flexible», los europeos pensaron que Estados Unidos no arriesgaría su propio territorio por defender a Europa de un ataque nuclear soviético.

Durante la guerra de Vietnam, la situación se invirtió y esta vez fueron los aliados europeos los que decidieron no apoyar el esfuerzo bélico norteamericano. En 1973, durante las guerras arabo-israelí, Europa también sostuvo una postura distante respecto a su aliado estadounidense. Durante las presidencias de Reagan y Clinton surgieron agrias disputas sobre los gaseoductos que abastecían Europa con gas ruso, sobre el despliegue de misiles estadounidenses en suelo europeo, y sobre sanciones a empresas europeas que sostenían negocios con Cuba, Irán y Libia. Finalmente, durante la Administración de George W. Bush los desacuerdos ocurrieron debido a la guerra en Irak, sobre la defensa de misiles y sobre el cambio climático.

Así pues, el desacuerdo, incluso de cierta intensidad, no es nuevo en el seno de la OTAN, pero hay una diferencia fundamental entre los anteriores y el que sostiene la actual administración. Nadie, ni demócratas ni republicanos, pusieron nunca en cuestión la validez y la importancia de la Alianza. Por primera vez, Estados Unidos está dirigido por un presidente que favorece las relaciones bilaterales para forzar a los europeos a plegarse a su política con mayor facilidad.

Ante esta situación, los europeos tienen dos opciones: esperar a que pase la tormenta en la confianza de que el siguiente inquilino de la Casa Blanca devuelva las aguas a su curso anterior y restablezca la situación en el seno de la Alianza, o tome mayor protagonismo en su seguridad y defensa, redefiniendo la relación transatlántica en términos nuevos.

Las esperanzas de una vuelta a la situación anterior pueden resultar vanas. Trump puede ser reelegido en 2020. En cualquier caso, las decisiones de la actual administración son también fruto de la evolución del panorama geopolítico mundial. La necesidad que Estados Unidos siente de focalizarse cada vez más en Asia, para lo que precisa distanciarse en cierta medida de Europa y Oriente Medio, no es algo que se vaya a disipar con la salida del actual presidente.

El esfuerzo de EE. UU, en Europa

Europa Oriental se ha convertido en una zona de confrontación entre la OTAN y Rusia quien, tras la toma de Crimea, continúa aumentando el volumen de fuerzas en su distrito militar oeste y en Kaliningrado. Ante esta situación la Alianza ha desarrollado una política de disuasión que, mediante el despliegue de fuerzas militares, hace hincapié en la defensa colectiva territorial. Tras las cumbres de Gales (2014) y Varsovia (2016) se aprobaron: el Plan de Acción de Disponibilidad (Readiness Action Plan) que incluye la creación de la Fuerza Conjunta de Alta Disponibilidad (VHRJTF, Very High Readiness Joint Task Force) y la expansión de la Fuerza de Respuesta OTAN (NRF, NATO Response Force); y el despliegue de 1200 efectivos en cada uno de los estados bálticos en cumplimiento de la iniciativa denominada Presencia Avanzada aumentada (eFP, Enhanced Forward Presence).

A su vez, Estados Unidos lanzó la Iniciativa Europea de Disuasión (EDI, European Deterrence Initiative). Dicha iniciativa cuenta con el despliegue de manera rotatoria de una brigada acorazada, cuyo equipo está pre-posicionado sobre el terreno en Polonia, contando además con material sobre el terreno disponible para otra brigada adicional.

Pero el esfuerzo militar de Estados Unidos en Europa incluye muchas otras unidades, personal e instalaciones. La contribución norteamericana ha aumentado en los últimos años y no podemos olvidar que el contingente estadounidense de Kaiserslautern (Alemania), que incluye la base aérea de Ramstein, es de las mayores instalaciones militares que los norteamericanos mantienen en el exterior.

En el año 2019, esta previsto el despliegue de una Brigada de Aviación de Combate, elementos para impulsar y mejorar la integración de la defensa aérea y misil (IAMD, Integrated Air Missile Defense) y fuerzas de operaciones especiales, además de continuar con el batallón que está integrado en la iniciativa eFP.

Otro de los frentes que está recibiendo atención creciente es el de los ejercicios conjunto- combinados, para los que la EDI proporciona fondos. Así, en los últimos años se han llevado a cabo ejercicios con la VHRJTF, como «Swift Response» que han empleado más de 5 000 efectivos de varias naciones aliadas y socias, o ejercicios como«Trident Juncture», «Formidable Shield» o «BALTOPS».

El preposicionamiento de material y equipo, así como la construcción y adecuación de infraestructuras, también están recibiendo una gran atención. El preposicionamiento tiene por objetivo proporcionar el material, munición y equipo necesario para garantizar el despliegue operativo inmediato de una fuerza del tamaño de una división para el año 2021.

La EDI también proporciona fondos para aumentar las capacidades entre los países socios, lo que aumenta la operatividad y la interoperabilidad de todos. En este sentido, Finlandia, Suecia y Ucrania están recibiendo apoyo y coordinación prioritaria, debido a su proximidad geográfica a Rusia.

Figura 1. Proyectos de inversiones en infraestructura financiados con la EDI.
Fuente: The European Deterrence Initiative, Centre for Strategic and Budgetary Assessment

 

Por último, el presupuesto de la EDI dedicado a infraestructuras abarca todo tipo de obras de construcción y remodelación para adecuar las mismas a la nueva situación. Así, junto a la construcción y remodelación de bases, puertos y aeródromos, también se están realizando abrigos de protección para aeronaves de 5ª generación y obras de fortificación que resistan la capacidad de los misiles de medio y corto alcance rusos, en un amplio arco geográfico que abarca desde Finlandia hasta Creta, pasando por Polonia, Alemania, Bulgaria y Rumanía.

Evidentemente, la EDI no es la solución ni la estructura adecuada para hacer frente a los desafíos que Rusia supone para la Alianza Atlántica, especialmente en el campo no convencional, pero está resultando un esfuerzo sustancial para fortalecer la seguridad y defensa de los países de la OTAN fronterizos con Rusia, mostrando que el compromiso norteamericano en la defensa y seguridad europea, lejos de haber disminuido, ha aumentado en los últimos años.

Conclusiones

El actual esfuerzo estadounidense en Europa, muestra que lejos de protagonizar un desenganche progresivo, Washington ha aumentado el número de efectivos, material, equipo que despliega en el continente, así como la financiación de infraestructuras, ejercicios y capacidades de aliados y de socios no pertenecientes a la Alianza. Así pues, se puede afirmar claramente que no está abandonando la OTAN, tal y como algunas voces alarmistas claman.

Pero esto no quiere decir que no preste atención creciente al escenario asiático en detrimento del europeo y siga exigiendo a sus aliados y socios del viejo continente un mayor esfuerzo en su propia defensa y seguridad, que distribuya la carga de una manera más equitativa entre ambos lados del Atlántico. Ante esta situación, los aliados europeos necesitan redefinir la relación transatlántica en términos más equitativos que a la vez muestre a Washington el valor de contar con sus aliados europeos en su acción exterior.

Así pues, es a Europa a quien le toca estar a la altura de las exigencias del momento.


Palabras clave:

OTAN, Estados Unidos, Rusia, Europa, Iniciativa Europea de Disuasión, Donald Trump.


Este artículo ha sido gracias al Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Se puede acceder a la versión completa de este articulo en el siguiente link:

http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA19_2019JOSPON_EEUU.pdf

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú