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“Guerra Ilimitada”, geo-tecnología y el impacto de la pandemia global en una era de competición

Foto: defense.gov

Resumen

El nuevo escenario estratégico ha sufrido un severo impacto debido a la pandemia de SARS-COV-2 que hará más compleja la dinámica del sistema internacional. La amenaza biológica no solo va a ser un problema de pandemia global y de seguridad humana sino que transciende esas consideraciones y va a pasar a formar parte de los parámetros del espacio de seguridad multi-dominio. Sin embargo hay actores que tienen incluido en sus estrategias el aspecto biológico y que están mejor preparados en este escenario. En este sentido, el ámbito biológico se une al ciberespacio y  la Inteligencia Artificial como las áreas de competición prioritarias en la competición entre grandes potencias.

Análisis

En los debates sobre el futuro de la seguridad en todo tipo de foros, ya sean políticos, académicos, militares, periodísticos o en las mismas redes sociales, parece que hay un consenso acerca de que el impacto del SARS-COV-2 va a ser sistémico, y quizá más profundo que los atentados del 11 de septiembre y la Gran Recesión de 2008. Todos estos ámbitos coinciden en que habrá un antes y después de la pandemia.

Sin embargo, durante estos años, nuestra atención estaba situada en la recuperación de la crisis económica, el desarrollo de los Objetivos del Milenio, el terrorismo yihadista, el conflicto en Siria e Irak, la guerra hibrida con Rusia, las acciones en el Mar de China de la RPC, y últimamente en la competición entre EEUU y China. Realmente nuestra atención estaba más atenta a lo que ocurría dentro del Sistema Internacional, ya que su estructura se había mantenido durante mucho tiempo estable y a pesar de que iba cambiando, parecía que había una fe ilimitada en la permanencia y validez de un orden internacional liberal multilateral, sobre todo en los estados occidentales y concretamente en la Unión Europea.

Paradójicamente, las amenazas biológicas nos han estado acompañando casi en paralelo a estos hechos: el SARS en 2002, la gripe A H1N1 en 2009 o el Ebola de 2014. Mientras la interdependencia económica se profundizaba y la globalización se expandía, las opciones de una pandemia aumentaban con ella, y nuestra preparación se reducía en proporción directa a su capacidad de expansión. Pero a la vez, un escenario de dura competición entre grandes potencias se habría paso creando un nuevo escenario internacional. Ahora es normal que se haga referencia a las sucesivas advertencias provenientes de Bill Gates, en diferentes momentos de los últimos años, respecto a la falta de preparación relativa a una posible amenaza biológica.

Parece claro que las consecuencias de la pandemia del SARS-COV-2, aparecido en Wuhan, van a ser sistémicas, esto quiere decir que afectará a todos los actores de ese sistema internacional y a cómo interactuaran entre ellos a partir de ahora. Para ello también será de importancia fundamental las narrativas que se establezcan en ese momento, junto con las tendencias cooperativas-competitivas, que se vayan desarrollando, sobre todo si esto va a debilitar o reforzar a diferentes actores, y van a justificar un nuevo sistema internacional. En este sentido, el escenario se plantea extremadamente dinámico y ello impactará en nuestra concepción de la Seguridad.

La amenaza biológica va a reforzar algunas dinámicas y favorecer algunas estrategias más que otras, influyendo en la tendencia de competición entre grandes potencias no solo en el ámbito geopolítico, sino tecnológico en un espacio de seguridad multi-dominio. Estos años han producido un progresivo cambio en nuestra concepción de la Seguridad: primero con el 11-S con el fin de la separación entre la seguridad interna y la externa, la percepción de pérdida de diferencia entre la “Paz” y la Guerra” (las llamadas Áreas Grises, aunque no sea una idea nueva ya que es originaria de los años 50), entre competición y conflicto,  o la fusión entre lo civil y lo militar. Diferentes autores dudan de la capacidad de diferenciar ya entre civiles y combatientes, a pesar de que la legislación internacional lo establece. Cada vez más se difumina la distinción clara entre lo que es y lo que no es un campo de batalla: los llamados Espacios Comunes (Global Commons) son todos campos de batalla potenciales, pero también los espacios no físicos (información/ciber, cognitivo, moral y social). Paradójicamente, hay una tendencia hacia una nueva versión del concepto de Seguridad Nacional, debido a las visiones políticas re-nacionalizadoras, que ayudan a que defensa se solape con seguridad, debido al espacio de seguridad trans-dominio, maximizado (como multiplicador) por los efectos de la pandemia y por el contexto estratégico de competición. Las tradicionales respuestas a estos dilemas de seguridad siempre se han basado en mecanismos de reequilibrio interno (Internal re-balancing-rearme) y re-equilibrio exterior (external re-balancing), a través de cooperación y alianzas. Sin embargo, y debido a este contexto general, las respuestas en gran medida se están dirigiendo en las grandes potencias hacia las visiones de refuerzo interno.

La “Guerra Ilimitada”, Cyber Solarium Commission y los “nuevos dominios de la Guerra”

En este sentido, ya los coroneles Qiao Liang y Wang Xiangsui en su “Guerra Ilimitada” (Unrestricted Warfare) de 1999, establecían  que la Guerra y sus principios sería “el uso de todos los medios, incluidas las fuerzas armadas o no armadas, militares y no militares, y medios letales y no letales para obligar a un enemigo a aceptar sus intereses»…..¿dónde está el campo de batalla?……en todas partes”. La creación de poder político es precisamente lo que la estrategia de las «Tres Guerras» pretende hacer en China: la primera, guerra de opinión pública (Information Warfare), intentos de dar forma a la opinión pública tanto a nivel nacional como internacional. La segunda intenta influir en los decisores extranjeros acerca de cómo abordan la política de China. El tercero busca dar forma al contexto legal para las acciones chinas (Lawfare), incluidas la construcción de justificaciones legales para las acciones de Beijing y el uso de las leyes nacionales para señalar las intenciones chinas. Todo ello cae bajo el paraguas más amplio de la guerra política (Political Warfare). El Presidente Xi Jinping ha llevado estas ideas a un nuevo nivel: una transición de la integración civil-militar a la fusión civil-militar. En 2015 se lanzó una estrategia nacional para esta fusión como gran estrategia. Esta fusión ha sido parte sobre todo del plan Made in China 2025 y del Plan sobre la nueva generación de inteligencia artificial. Así se estableció en enero de 2017 la Comisión Central para el Desarrollo de la Fusión Civil-militar; posteriormente en septiembre del mismo año se publicó el Plan especial de Fusión Militar-Civil de Ciencia y Tecnología con prioridad en inteligencia artificial y tecnología cuántica, y sorprendentemente en biología. El Ejército Popular de Liberación tiene gran interés en esta área, ya que sostienen en diferentes publicaciones que los avances en biología contribuyen a cambiar la forma o el carácter del conflicto. Mientras, persigue aplicaciones militares para la biología y está investigando intersecciones con otras disciplinas, incluidas la ciencia del cerebro, la supercomputación y la inteligencia artificial. Desde 2016 la Comisión Militar Central ha financiado proyectos sobre neurología militar, sistemas bio-miméticos avanzados, materiales biológicos, mejora del rendimiento humano y biotecnología.

Mientras tanto EEUU avanza hacia el enfoque de cómo enfrentarse a ese nuevo espacio de seguridad. La Comisión Solarium del Ciberespacio (Cyberspace Solarium Commission), creada por la 2019 National Defense Authorization Act, establece el plan de la llamada «disuasión cibernética en capas» (layered cyber deterrence). Este enfoque busca reducir el riesgo de ataques serios en el ciberespacio mientras se combate simultáneamente las operaciones debajo del nivel del conflicto armado. Recomienda una combinación de instrumentos militares, diplomáticos y económicos para reducir el beneficio de operaciones del ciberespacio a adversarios extranjeros hostiles. También promete aumentar la credibilidad de las amenazas de represalia al invertir más en las capacidades ofensivas en el ciberespacio. El informe también respalda el compromiso público-privado persistente y requisito básico para operar fuera de las redes de información del Pentágono para obtener inteligencia segura sobre nuevas amenazas.

La Metamorfosis

Es sintomático el uso y la búsqueda de control de los dominios, sobre todo del ciberespacio, por parte de algunas grandes potencias. Este proceso está en directa relación con la 4ª Revolución Industrial-Tecnológica, sobre todo con el espacio, el ciberespacio, la biotecnología y la Inteligencia Artificial (IA). En uno de sus últimos escritos, Henry Kissinger analizaba el impacto de la inteligencia artificial en la gran estrategia y en la seguridad. Establecía que en la era nuclear, la estrategia evolucionó entorno al concepto de disuasión, basada en la racionalidad de los actores y en que la estabilidad puede garantizarse mediante la destrucción mutua asegurada: la probabilidad de represalias disuade el ataque. Los acuerdos de control de armas se desarrollaron en gran parte para evitar desafíos de estados deshonestos o señales falsas que podrían desencadenar una respuesta catastrófica. Sin embargo esas premisas estratégicas no se pueden establecer en un mundo donde la IA sea básica para la seguridad nacional: si esta desarrolla nuevas armas y estrategias de forma secreta, los acuerdos en control de armas basados en transparencia no funcionarán, ya que no se sacrificará una ventaja estratégica. Esa dinámica y la velocidad con que actuará la IA, transformarán los modelos de planificación y modificará su relación con los humanos en el Internet de las Cosas (IoT), y en el Campo de Batalla de las Cosas (Battlefield of Things, BoT). Como Alexander Kott establece:

“What happens on the future battlefield when humans and machines battle each other yet «think» very differently? “it . . . makes the battlefield harder to understand and manage. Human warfighters have to face a much more complex, more unpredictable world where things have the mind of their own and perform actions that may appear inexplicable to the humans”.

¿Cómo será la relación humano-IA? ¿Será una fuerza humana prescindible tácticamente para sostener estratégicamente una máquina-robot autónoma/IA, que ofrecerá la victoria en un enfrentamiento, batalla, guerra o conflicto general? En este sentido las expectativas para una IA podrían ser diferentes a las de los humanos.

Conclusiones

Al mismo tiempo, como los niveles de incertidumbre serán más y más altos en el campo de batalla, también lo serán en el ámbito de la seguridad, como así lo está poniendo de manifiesto esta pandemia. Esto aumentará los incentivos para llevar a cabo acciones preventivas y por lo tanto hacia un aumento de los conflictos futuros. Como establece Kissinger, los incentivos serán para la opacidad, lo que podría significar una inseguridad absoluta. En estas circunstancias, ¿cómo se establecerán las normas y reglas para guiar y controlar la estrategia y la seguridad? La necesidad de desarrollar conceptos estratégicos relevantes para esta tecnología nueva e inevitable se ha vuelto prioritaria. Y sin duda la pandemia ha potenciado todas las preocupaciones de seguridad y las posibles implicaciones que se desprenden de esta situación.

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú