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El COVID-19; la sociedad del riesgo y el cambio de paradigmas de la seguridad

Foto: CNN

Resumen

Hace ya algún tiempo que se habla de la Seguridad Humana y su correlato en cuanto a los sistemas y estrategias de Seguridad. Desde hace por lo menos tres décadas, este concepto significó un real cambio de doctrina filosófica y jurídica entre otras connotaciones, al poner el énfasis en los derechos de las personas y no en el derecho de los estados. Una buena parte de los Estados, lo admitieron como eje de sus nuevas normativas sobre la Seguridad, pero es evidente que nadie posiblemente haya pensado con la profundidad necesaria sobre lo que significa. En el Ecuador, por ejemplo, quedó inscrito este concepto en la Constitución de 2008, pero desde entonces, en círculos de las burocracias públicos siguen debatiendo cuáles son o no son sus alcances. En círculos políticos ni siquiera se lo plantean. Mientras eso se esclarece, nos resguardamos cómodamente en las viejas figuras de la Seguridad Nacional, en la militarización de los sistemas y estrategias nacionales.

Análisis

  1. Los virus y las pandemias

De entre los distintos instrumentos para identificar riesgos, amenazas y desafíos a la Seguridad, háblese de las teorías de sistemas, la prospectiva, entre otras, ¿alguien habrá colocado a las epidemias o pandemias en el nivel superior del sistema de alarmas?  Sí claro, entre los subsistemas de riegos, figuran entre los fenómenos posibles pero no previsibles objetivamente en tiempo real. Pero la presencia del virus que nos aqueja a nivel mundial, el COVID-19, tiene la característica especial de que no tiene vacuna, ataca sin distinción de raza, posición social, ideología, se desplaza vertiginosamente aprovechando las ventajas de la propia globalización, de la vida urbana, y de la mismísima sociedad del ocio. Los portadores más visibles, a los que se acusa de haber propagado el virus son justamente los turistas que curiosean hasta los espacios más recónditos del planeta, además de los que se embarcan en los cruceros, verdaderas ciudades flotantes con enormes comodidades, pero surtidas en establecimientos totales, concepto acuñado por el sociólogo Erving Goffman, para indicar la vida social que transcurre en espacios convertidos en encierros.)

En este punto, resulta difícil no ceder a la tentación de hablar sobre otros encierros. El virus nos ha mostrado con toda su crueldad, lo que ocurre en las residencias de ancianos. De allí pasemos a pensar en las hacinadas cárceles latinoamericanas, en los barrios suburbanos donde se apiñan familias numerosas y vecindades en pobreza extrema y trabajo precario.  También, por qué no pensar en cuarteles y recintos militares y policiales cuyos miembros ahora mismo no pueden quedarse en casa.

En contraste con esta realidad, que, encerrados en casa, palpamos día a día a través de los medios de comunicación. Yuval Harari, en las primeras páginas de su libro Homo Deus, breve historia del mañana, ensaya un esperanzador enunciado acerca de que la humanidad, al iniciar el tercer milenio, está en vísperas de controlar el hambre, la peste y la guerra, que durante miles de años han sido sus principales enemigos. Desde luego, esto no significa que tales calamidades hayan desaparecido, sino que se han convertido en retos manejables, gracias a los avances de la ciencia. En lo que concierne a las epidemias, el autor acepta que no se descartan, pero aspira a que los médicos corran más de prisa. En todo caso el factor tiempo apremia, cuando se ha alcanzado la certeza de que el valor a proteger por encima de todo es la vida misma. Quizá nunca este apremio ha tenido significados más dramáticos para la sociedad global como los que ha alcanzado en estos mismos momentos. Comunidades enteras pendientes de los centros de desarrollo de las ciencias epidemiológicas, oteando, por si acaso, si ya alguien está en la ruta de encontrar una vacuna para tan evasivo virus.

De todo esto, se destaca el papel de la ciencia, el desarrollo del conocimiento como condición para entender las realidades sociales de la sociedad actual. Hace ya tiempo, sociólogos como Anthony Giddens y Ulrich Beck hablan de la sociedad del riesgo al calificar el mundo en que vivimos (1996).  Un mundo con entornos creados, producto del desarrollo casi ilimitado de la tecnología, la comunicación, la velocidad del cambio, pero también del desarraigo de los ecosistemas sociales tradicionales –equilibrios entre la organización social, la tecnología, la población y el medio ambiente- y la creación del individuo planetario, nunca tan asistido por aparatos tecnológicos de toda clase, pero tan sólo y tan frágil.

Es necesario insistir, la certeza que nunca llegará, pues no hay verdades que valgan en este plano de las realidades terrenales, se acercará por lo menos o vendrá de mano de la sensación de buscar, explorar, investigar, proponer soluciones por de pronto, mejorarlas con el tiempo. Y esto es lo que hace la ciencia.

Además –y como lo auguraba Ulrick Beck, la ciencia se ha posicionado también en la política. Frente a los escépticos, los nuevos movimientos sociales luchan en los terrenos de la política pública sobre el medio ambiente, el calentamiento global y las prácticas idóneas de tratamiento de la biodiversidad. Ahora mismo, todos escudriñamos las noticias día a día por si nos traen indicios de nuevos fármacos o procedimientos contra el virus. Sería de esperar que los Sistemas de Seguridad que ahora conocemos, las estrategias de seguridad, recurran a la ciencia, a los científicos para identificar los riesgos de esta naturaleza

  1. La seguridad humana como concepto; la integralidad como modelo de gestión.

De la mano de la ciencia, pero también de la filosofía, hacia fines del siglo XX, después de décadas de rendir culto a la fuerza como medio de solución de conflictos, apareció el paradigma de la Seguridad Humana acompañado del paradigma del desarrollo humano. No son lo mismo, claro, la seguridad siempre significa una respuesta posible frente a la percepción de un daño inminente. No obstante, el nuevo paradigma de Seguridad apunta con claridad al señalamiento de la persona, su vida y hábitat como bienes por excelencia que hay que proteger. Sin estas condiciones no hay derechos que reconocer por parte del Estado. De un Estado que debe ceder su prioridad y desarrollar dimensiones de entidad protectora, ante la nueva ciudadanía admitida, en su calidad de sociedad humana, de acuerdo con la proclama de las Naciones Unidas en los años noventa,

En el cambio de paradigma – al menos su inspiración- estuvo presente en numerosos procesos de paz, en la desactivación de conflictos interestatales en los años noventa, en los consensos alcanzados en la pacificación centroamericana y otros más recientes; pero sus resultados no sobrepasaron las discusiones académicas y políticas que contemplaban una seguridad más integral. Al calor de los nuevos desafíos –el aumento de la delincuencia común y organizada- las políticas represivas no tardaron en volver con su correlato de difusión de nuevas violencias. Todo ello significa que las nuevas perspectivas no se plasmaron en cambios estructurales; no dieron lugar a instituciones capaces de gestionar, por medios más democráticos, los graves problemas de la Seguridad.

Si, consecuentes con lo expresado arriba, seguimos el hilo conductor de pensar en modelos de gestión para avizorar los nuevos riesgos que aquejan a la Seguridad en materia de pandemias, veremos que será muy difícil, incluso con la ayuda de la ciencia, saber qué nueva cepa vendrá después de ésta. Lo que sí podemos hacer es prevenir, de aquí en adelante, son los rigores que las acompañan. Es evidente que las políticas de salud han sido las primeras sacrificadas en los momentos de crisis económica y política. Hace tiempo que el Estado de Bienestar colapsó en muchos países del primer mundo y en otros, como los latinoamericanos, nunca se implantó de verdad.

Sin embargo, en la coyuntura actual de crisis sanitaria mundial por el Covid-19, que parece habernos llevado de vuelta a las condiciones del medioevo, todos apuntan al papel del Estado para gestionar la emergencia en todos sus aspectos, algunos de los cuales y los más dolorosos sólo han salido a relucir ahora mismo en toda su dimensión. Ahora se entiende mejor la idea de que mantener una población sana es la base de todo proyecto y política social.

Por supuesto que se tendrán que rehacer los parámetros desde los que se ha pensado las políticas de salud pública y salud colectiva. Este es un campo que reúne tanto lo científico como la realidad social, siendo este último aspecto el conjunto de realidades en donde transcurre la vida de las personas a lo largo de su existencia. El sistema de salud, entendido como el conjunto de instituciones y recursos orientados al mejoramiento de la salud no puede funcionar por sí solo, si no dentro de una orientación más comprehensiva, de una política social que contemple la salud como un bien colectivo y no solo individual.

  1. De las amenazas a la gestión de crisis.

En lo que respecta exclusivamente a la Seguridad, hace tiempo que los especialistas de vanguardia nos dicen que ésta no es una cuestión puramente militar y hoy en día abarca múltiples ángulos y matices. Requiere la articulación de múltiples actores, instrumentos y objetivos, sin embargo, las nuevas ideas encuentran resistencias en el plano de las prácticas, dados los remanentes de la cultura militar y ciudadana que siguen poniendo atención en los procedimientos de fuerza.

El enfoque integral no es algo que surja de la nada (Lista, 2012), viene impuesto por la naturaleza de los problemas a resolver en el mundo y la sociedad del siglo XXI.  En el ámbito militar existen aproximaciones a este paradigma desde hace más de medio siglo, al comprobar las mejoras en coordinación operativa –dentro de un mismo país- al desarrollar una mentalidad, una doctrina y una formación compartida en operaciones conjuntas. Posteriormente se añadió la acción combinada cuando hubo la oportunidad de operar con unidades multinacionales, en las gestiones de crisis complejas. El siguiente paso fue cuando las operaciones militares de gestión de crisis se vieron en la necesidad de admitir las dimensiones no militares que con llevan las nuevas realidades. La coordinación civil –militar fue una respuesta que incluyó los planos de gestión de gobiernos locales, entre otros.

Para un avance con mayor profundidad se precisa que, en la práctica la Seguridad Integral sea concebida como un Sistema de sistemas.  “La acción integral no va a llegar sólo por la reforma de los procedimientos sino que hace falta un cambio de mentalidad entre sus actores tradicionales y una cultura de integración, un objetivo común y nítido, apoyado en un liderazgo integral”. Para implantarlos hacen falta nuevas formas de liderazgo y de interacción, reformar los procedimientos de trabajo, los procesos de toma de decisiones, la distribución de responsabilidades, la formación y el adiestramiento” (Lista, 2012)

Conclusiones

La perspectiva de la Sociedad del riesgo mencionada antes y desarrollada en la teoría de Giddens y Beck, resulta altamente oportuna para ser considerada dentro de la Seguridad Integral, específicamente en el Subsistema de Emergencias o gestión de riesgos, ya que, de hoy en adelante, conseguirá un mayor nivel de visualización e importancia. Las condiciones de extrema vulnerabilidad de las relaciones hombre – naturaleza nos abocan a nuevas y desconocidas situaciones entre las cuales, el aparecimiento de virus y pandemias, provocadas por ellas, podrían volverse constantes en nuestras vidas. Será necesario incluir todos los recursos disponibles en las tareas de Inteligencia y anticipación, con ayuda de la ciencia. Indicios del aparecimiento del coronavirus se presentaron en noviembre del año pasado, pero se supone que pocos se dieron cuenta de su letalidad sino hasta que fue demasiado tarde.

La conformación de los Sistemas de Seguridad Integral en cuanto reales sistemas de gestión, los Consejos Ministeriales de Seguridad, las Estrategias de Seguridad, los Sistemas de Inteligencia del Estado y los Comités operativos, tendrán que apreciar con más acuciosidad las consecuencias de la toma de decisiones, el usos de recursos, la disponibilidad de información  en tiempo real.  La experiencia que estamos viviendo en el mundo debería llevarnos a pensar con más profundidad, a reflexionar minuciosamente sobre la importancia de contar con una doctrina integral que lleve a la mejor forma de gestionar las necesidades múltiples, hacer el mejor uso de los recursos disponibles y de aquellos que deben ser generados para que las experiencias dejen de ser inéditas y nos pongan en el plano de las alertas tan necesarias en la sociedad del riesgo.


Bibliografía

  1. Lista, Fernando, Seguridad y enfoque integral Fernando Lista. 2012 Ari. file:///C:/Users/usuario/Desktop/SEGURIDAD%20Y%20ENFOQUE%20INTEGRAL.pdf
  2. Harari Yuval Noah; 2018, Homo Deus, México, Penguin Random House
  3. Giddens Anthony, Bauman, Z; Luhmann, N; Beck Ulrich, 1996, Consecuencias perversas de la Modernidad. Madrid, Editorial Anthropos.

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú