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Reposicionamiento norteamericano en el hemisferio occidental

 

Resumen

Tres meses antes de las elecciones presidenciales norteamericanas, el presidente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Robert O’Brien, presento el nuevo marco estratégico del hemisferio occidental. Curiosamente, la región es la única del mundo que ha preocupado tanto a la diplomacia pública del NSC como para publicar un documento de desarrollo de área, que complete la Estrategia Nacional de Seguridad de 2017.

En principio, es sorprendente este tratamiento especial a Iberoamérica. Sobre todo, cuando la gran novedad de 2017 fue el reconocimiento expreso de China y Rusia como potencias que desafían el poder, la influencia y el interés de los Estados Unidos. Sin embargo, cuando se descubre lo que tiene de novedoso el documento respecto a las posiciones de anteriores administraciones todo termina encajando. En Iberoamérica actúan actores externos “que ejercen una influencia maligna”.

Palabras clave:

Hemisferio occidental, China, marco estratégico, Iberoamérica, loans-for-oil, Back to the Americas, Growth in the Americas.

Análisis

El presidente del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Robert O’Brien, en agosto de este año, presentó el nuevo marco estratégico del hemisferio occidental.  El propósito de este tipo de documentos es desarrollar la Estrategia de Seguridad Nacional (NSE), en este caso la de 2017.

Podríamos destacar que el NSC solo ha publicado un único marco estratégico, el del hemisferio occidental, dejando de lado el resto de las regiones del mundo. Es sorprendente este tratamiento especial a Iberoamérica. Sobre todo, cuando la gran novedad de 2017 fue el reconocimiento expreso de China y Rusia como potencias que desafían el poder, la influencia y el interés de los Estados Unidos.  Quizá la clave de todo tenga que ver con lo que aparentemente se percibe como lejano, China.

A lo largo del siglo XXI, China ha ampliado su espacio de interés en Iberoamérica, incrementando su presencia en los sectores financiero y empresarial. No es una estrategia diferente a la que ha aplicado en otras regiones del mundo de donde obtiene materias primas. China ha concentrado sus compras fundamentalmente en Brasil, Chile, Perú y Argentina. La concentración también está relacionada con los productos que adquiere. En  el  año  2000,  cinco  productos  primarios  representaban casi la mitad de las exportaciones de Iberoamérica con China. En el año 2013, estos cinco productos (minerales de hierro y sus concentrados, minerales de cobre y sus concentrados, petróleo, cobre refinado, soja) representaban las tres cuartas de las ventas al gigante asiático.

China pretende no solo mantener abiertos mercados que le permitirán obtener recursos primarios, sino también garantizar una cadena de suministro completa para sus industrias  críticas  por  medio  de  inversiones  directas  o  préstamos.   Su  objetivo  es  forjar  una  relación  suficientemente  fuerte  como  para  sortear  los  efectos  de  posibles  cambios de gobierno.

China utiliza las  relaciones  bilaterales,  la  actividad  inversora,  los  negocios  empresariales,  los  contratos  y  gestión  de  infraestructuras,  los  mecanismos  de  pago,  la  gestión  financiera  de  inversiones  como  un  entramado  de  mecanismos  diseñados  para  constituir  una  estructura  vertical  integrada con  los  países que le resultan interesantes en Iberoamérica.  El  éxito completo de  su  estrategia  permitiría  a  China  controlar  todas  las  actividades relacionadas con el ciclo de producción de una amplia gama de ramas de producción.

Mientras China aumentaba su influencia en Iberoamérica, los Estados Unidos han postergado su proyección en la región tanto como para preocupar a su SNC, que ahora reconoce que durante demasiado tiempo han descuidado una región de extrema importancia.

El documento del SNC comienza resaltado la grave amenazan para la seguridad regional que representan Cuba, Venezuela y Nicaragua. El peligro para la estabilidad y la paz que representan los regímenes dictatoriales represivos se agrava por su colaboración con grupos guerrilleros, bandas terroristas y organizaciones criminales transnacionales. El panorama según el documento se complica porque existen “países adversarios que ejercen una influencia maligna”. Por supuesto, el documento expresamente cita a China pero sin decirlo podría ampliarse a Rusia e Irán.  Las amenazas de antes siguen presentes pero con una nueva orientación. Ahora no solo preocupan por su propia dimensión como riesgo sino porque facilitan la entrada a actores externos al hemisferio occidental.

La idea central es precisamente revitalizar el compromiso de los Estados Unidos con Iberoamérica para cerrar la puerta al desembarco depredador de mecanismos económicos de control de China, especialmente en los países que acumulan más desequilibrios y que con la pandemia provocada por el COVID-19 se encontrarían todavía en peores condiciones para enfrentarlos.

La diplomacia norteamericana tendrá que hacer un esfuerzo notable para identificar claramente que comportamientos chinos son verdaderamente una amenaza para el desarrollo, equilibrio macroeconómico, crecimiento, e innovación de cada uno de los países. Además, Estados Unidos y sus empresas tendrán que ofrecer alternativas comerciales y de inversión suficientemente atractivas como para modular un desplazamiento progresivo de los intereses económicos de algunos sectores en determinados países, especialmente las telecomunicaciones, el desarrollo de redes, la energía y las infraestructuras.

La estrategia estadounidense será eficaz si no persigue imponer una orientación anti-China a los gobiernos iberoamericanos por razones exclusivamente geopolíticas. Los líderes regionales tienen que llegar al convencimiento de que China tiene una estrategia de penetración y control en Iberoamérica que impone a largo plazo un grado de dependencia perverso para los intereses nacionales de los propios países de la región. La dependencia de un número reducido de exportaciones de materias primas a China y el control por parte de las empresas y prestamos chinos de sectores enteros de la producción terminarán limitando la capacidad de los países para abordar su desarrollo industrial y la innovación necesaria para aumentar el valor añadido de su producción. Realmente, China es un competidor con Iberoamérica, de la que extrae materias primas para luego venderle productos manufacturados, lastrando la posibilidad de transformación de la estructura económica del continente.

Ningún país Iberoamericano quiere repetir la experiencia venezolana o cubana. Los millones de venezolanos que han salido de su país para instalarse en otros vecinos no hacen sino recordarlo todos los días. La dura tragedia permite proyectar un consistente relato favorable a la política norteamericana de giro a Iberoamérica, siempre que sea inteligentemente práctica.

Por lo tanto, para los Estados Unidos es oportuno buscar una alianza de países Iberoamericanos para aislar a estos regímenes y apoyar su transición a la democracia sin una intervención directa y manifiesta por parte norteamericana. Los especiales vínculos de Venezuela con China, Rusia, Cuba e Irán, que hasta ahora han permitido a duras penas sostener a Nicolás Maduro, son una prueba para el resto del continente de lo peligrosas que pueden resultar una excesiva confianza en las atractivas promesas y ofertas de actores exteriores.

Mientras los préstamos del FMI o el Banco Mundial imponen condiciones a las políticas económicas de los Estados para ordenar sus cuentas, China presta dinero sin imponer otra cosa que el pago de las obligaciones, permitiendo a los gobiernos recibir fondos sin abordar impopulares medidas de ajuste o afrontar las reformas pendientes.

El problema de los préstamos sin obligaciones es el ineficiente uso de los recursos, que a largo plazo compromete la soberanía de los Estados receptores al acabar dependiendo de una deuda imposible de pagar. El caso de Venezuela vuelve a ser el más claro, mantiene una deuda con China de más de 67.000 millones de dólares y con Rusia de alrededor de los 6.000 millones. Venezuela no puede pagar el servicio de su deuda y solo puede compensar a sus acreedores con petróleo o cediendo la explotación de sus pozos. Son los llamados “loans-for-oil” o préstamos por petróleo.

Los préstamos chinos no son privados, de bancos o inversores particulares, son préstamos concedidos por el Partido Comunista Chino, utilizando entidades financieras que controla directamente el Estado-Partido. Detrás de esos préstamos no solo hay intereses financieros sino también, y sobre todo, intereses estratégicos y geoeconómicos, que permiten a China ganar influencia.

En no pocas ocasiones los flujos de capital chino van dirigidos a empresas mixtas, lo que permite al gigante asiático controlar la explotación de recursos energéticos y mineros. El éxito de la estrategia china de penetración económica y dominio del valor añadido de la producción es evidente y forma parte de la base sobre la que se sostiene el ascenso de su influencia global, en este caso en Iberoamérica.

Para ofrecer nuevas alternativas, el gobierno de los Estados Unidos puso en marcha el proyecto “Growth in the Americas”, que propone ampliar en Iberoamérica la cooperación bilateral, reduciendo las barreras regulatorias, legales, de adquisiciones y de los mercados de inversión. “América Crece” busca impulsar la proyección de las empresas norteamericanas en los mercados Iberoamericanos, para convertir su sector privado en un motor del crecimiento, desarrollo y empleo Iberoamericano.

En julio de 2020 el presidente de NSC, Robert O’Brien, puso en marcha otra iniciativa conocida como «Back to the Americas», “Regreso a las Américas”, que ofrece incentivos financieros a las empresas estadounidenses que regresen a los Estados Unidos o se instalen en Iberoamérica abandonado Asia, especialmente si proceden de China. La primera evaluación de los efectos de estas medidas de estímulo para mudar empresas estima que las inversiones en Iberoamérica oscilarían entre 30.000 millones y 50.000 millones de dólares, especialmente en los sectores de infraestructura, energía y transporte. Captar una parte de los 5 millones de puestos de trabajo, que generan las empresas norteamericanas en Asia, tendría un efecto social y económico positivo en un contexto internacional adverso.

El Bank of America Global Research anuncia que el fenómeno de la recolocación de empresas es imparable y provocará cambios tectónicos en la economía mundial. Las encuestas realizadas por el banco sorprendieron a los analistas por la fuerza de los movimientos previstos en las cadenas de suministro y valor globales. El 83% de las empresas norteamericanas encuestadas tienen planes de relocalización. Muchas quieren empezar a volver a casa y China es de donde quieren salir la mayoría.  El cambio será lento, acaba de iniciarse, pero entre 5 o 10 años la mayoría de las empresas lo habrán completado.


Este artículo ha sido gracias al Instituto Español de Estudios Estratégicos.

Una versión más extensa de este texto se puede ver en http://www.ieee.es

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú

Imagen: Aaron Burden en Unsplash