Autor

Rusia en América Latina: Geometría Variable de un Actor Secundario con Aspiraciones Protagónicas

Este artículo forma parte del libro Desafíos y Amenazas a la Seguridad en América Latina.


Resumen

El papel de Rusia en América Latina se enmarca en los cambios del contexto geopolítico global. Su renovado protagonismo en la región desde 2008, reforzado a raíz de la invasión de Ucrania, se vincula al conquistado por otras potencias emergentes. América Latina percibe a Rusia como una opción para diversificar sus relaciones internacionales y económico-comerciales, y romper la histórica dependencia con Estados Unidos, así como la vigente con China. Sin embargo, Moscú ha contribuido a incrementar la fragmentación, la polarización, la reprimarización y la posición subordinada de la región. A medio plazo, Rusia podría ver reducido su margen de acción regional debido al creciente potencial chino y a que la deriva autoritaria del régimen de Vladimir Putin anula a Moscú como un posible aliado para la mayoría de los países latinoamericanos.

Palabras clave: Rusia, América Latina, Putin.

Introducción

La invasión de Ucrania ha profundizado y acelerado una tendencia subyacente desde hace más de una década: con Putin, la Federación Rusa ha regresado a América Latina.[1] Una presencia renovada y paralela a otros procesos que favorece la vuelta del Kremlin al “patio trasero” de Estados Unidos. Esto coincide, como señala Mira Milosevic, con el retraimiento de Washington y de la Unión Europea y el ascenso de China y de otras potencias emergentes en la región.[2]

Rusia, sin una política integral ni una mirada global sobre América Latina, a diferencia de China, ha incrementado su presencia en los últimos diez o quince años. Para muchas naciones latinoamericanas es un actor internacional, funcional a sus intereses, que les permite diversificar sus relaciones internacionales y sus mercados de exportación. Históricamente, estas se han centrado en la mono exportación. Durante el periodo colonial primó la relación con España, posteriormente, en el siglo XIX y comienzos del XX con Reino Unido, tras la Segunda Guerra Mundial con Estados Unidos y ahora emerge, salvo excepciones como México, una relación cada vez más intensa con China.[3] En ese contexto, Rusia se alzaba, hasta la invasión de Ucrania, como un posible socio capaz de ampliar los vínculos internacionales.

La presencia internacional de América Latina ha ido a remolque de las grandes potencias. Esto se acentuó durante la Guerra Fría. El enfrentamiento entre las súper potencias tuvo en América Latina (Guatemala en el año 1954, Cuba desde 1959, América del Sur en la década de 1960 y América Central en la década de 1980) un protagonismo destacado en el choque entre capitalismo y comunismo.[4] Sin embargo, desde la década de 1990, en especial tras la crisis del año 2008 y las reiteradas muestras de desinterés estadounidenses, han desembarcado diversas potencias extrarregionales, en algunos casos para desafiar la hegemonía de Estados Unidos. Este proceso fue facilitado por las políticas antiimperialistas y pos coloniales del ALBA y sus aliados. La consolidación de ese mundo multipolar, especialmente tras la crisis del año 2008, tuvo múltiples consecuencias en América Latina. Económicamente, China se consolidó como un socio comercial relevante. Geopolíticamente, ciertos actores emergentes ganaron influencia, poder económico y prestigio a costa de las potencias tradicionales: Estados Unidos y la Unión Europea (incluyendo España), permitiendo la aparición de nuevas potencias (China) o la reaparición de otras (Rusia).[5]

Desde la primera década del siglo XXI, y más particularmente en los últimos años, China, India, Rusia, Irán y, en menor grado, Turquía reforzaron su presencia. Casi todos cuestionan la hegemonía estadounidense y apuestan por un mundo multipolar, aunque solo China tiene una estrategia latinoamericana desde los tiempos de Hu Jintao, cuando se elaboró el primer Libro Blanco sobre política regional. Xi Jinping ha potenciado cuantitativa y cualitativamente la proyección latinoamericana: China se ha convertido en el segundo socio comercial de la región y el primero en la mayoría de los países.[6]

Las siguientes páginas analizan las características de la presencia rusa en América Latina, distinguiendo los vínculos establecidos en función de la estrategia del Kremlin y del posicionamiento de cada país latinoamericano. Ella ha contribuido a incrementar ciertos déficits regionales, como la fragmentación, la polarización, la reprimarización y la posición subordinada de la región en el contexto geopolítico internacional.

Esta presencia es más geopolítica y política que económico-comercial. La cuota sobre el comercio mundial total (importaciones y exportaciones) es reducida: el peso ruso en el comercio de América Latina no llega al 1 %. No obstante, desde un punto de vista geopolítico, el vínculo es funcional para ambos. Para Putin, América Latina es una ventana de oportunidad para aparecer como potencia global y debilitar a Washington. A los latinoamericanos, la relación con Moscú les otorga mayor autonomía frente a Estados Unidos y diversifica sus mercados exportadores.

Consecuencias de la Presencia Rusa en Latinoamérica

La influencia y presencia de Rusia en América Latina, tras el eclipse posterior al año 1989, vive un resurgimiento desde hace dos lustros, apoyado en el intercambio económico-comercial (venta de armas y equipamiento militar, comercio y acuerdos de lucha contra el narcotráfico) y en propaganda para impulsar el rol ruso como potencia, legitimar su estrategia internacional y ganar respaldo en la región.[7]

El vínculo de Rusia con América Latina no es uniforme y varía según los países. Es de geometría variable, estructurada mediante relaciones estratégicas con varias naciones, básicamente Venezuela, Nicaragua y Cuba. Suelen ser lazos geopolíticos, en algunos casos comerciales, pero relevantes. Rusia es, en realidad, un actor regional secundario, si bien en algunos países asume un rol protagónico y en otros no pasa de actor de reparto.

El interés geopolítico ruso se centra en tres ámbitos principales. En primer lugar, el Kremlin busca diversificar sus relaciones exteriores para demostrar que no está aislado internacionalmente tras las sanciones económicas de la Unión Europea y Estados Unidos por la anexión de Crimea y la invasión de Ucrania. También busca establecer y proteger mercados para sus productos, asegurándose el acceso a los flujos de tecnología e información globales y manteniendo presencia en instituciones claves para sus transacciones económicas. En segundo lugar, es una forma de contrapesar el poder estadounidense en la región y en el mundo con vistas a crear un orden internacional multipolar “pos occidental.”[8],[9] Moscú utiliza a América Latina para contrarrestar la influencia estadounidense en otras áreas. Es una pieza más de la estrategia global de Putin. En tanto potencia revisionista, Rusia cuestiona la existencia de un mundo unipolar liderado por Estados Unidos con apoyo europeo. Junto a la OTAN, son los principales obstáculos para reconstruir la influencia rusa en su hinterland (Georgia, Ucrania y Kazajistán). En tercer lugar, le permite mostrarse como una gran potencia, con intereses y presencia mundiales. Desde su llegada al poder (1999), y especialmente desde la década pasada, Putin busca devolver a Rusia su rol pasado, recuperando su hegemonía en las antiguas repúblicas soviéticas y haciéndose presente en otras áreas estratégicas como América Latina. Esta estrategia, sin los condicionamientos ideológicos de antaño, es más pragmática para diversificar las relaciones exteriores. Se ancla en la “Doctrina Primakov” (primer ministro y ministro de Exteriores entre los años 1996 y 1999). Las ideas de Primakov, muy crítico con el propósito de Boris Yeltsin de “abandonar” las regiones en las que Rusia había influido durante la Guerra Fría, entre ellas América Latina, subyacen en la “estrategia asertiva” de Putin en Siria, en el acercamiento a China y en el apoyo a Maduro y Ortega.[10]

La presencia rusa en América Latina profundiza tres grandes déficits que lastran el rol geopolítico de la región: la reprimarización de sus economías, la acentuación de la fragmentación regional, y la irrelevancia como actor internacional.

La Profundización de la Reprimarización. El primer impacto de Rusia como socio comercial y económico de América Latina es profundizar la reprimarización de las economías latinoamericanas. Este proceso comenzó con las reformas económicas de las décadas de 1980 y 1990, y continuó durante el súper ciclo de las materias primas (2003-2013). El vínculo económico que Rusia, al igual que Estados Unidos y China, ha establecido con los países latinoamericanos contribuye a consolidar la tendencia que coloca a la región como un mero exportador de materias primas sin elaborar.

Las relaciones comerciales con Rusia las concentran las mayores economías: su peso medio como socio comercial de América Latina es del 5 %, aunque con Brasil y México supera el 10 %. La mayoría de las importaciones son materias primas; casi el 100 % alimentos (carne, fruta, verdura y leche). Las exportaciones también están poco diversificadas (armas y equipamiento militar, fertilizantes, acero o petróleo, y trigo con México). Como socio comercial de América Latina, Rusia tiene una cuota claramente minoritaria, aunque ha crecido casi un 50 % desde mediados de la primera década del siglo XXI.

Estas cifras de comercio e inversión distan mucho de las de Estados Unidos y de la Unión Europea, e incluso de China.[11] La región, en promedio, exporta a Rusia menos del 0.5 % de sus ventas, si bien Ecuador le vende el 21 % de sus bananas. Respecto a las importaciones, América Latina solo recibe de Rusia el 0.7 % del total mundial,[12] aunque el 88 % de los fertilizantes minerales sea de origen ruso.

La Acentuación de la Fragmentación. Rusia no solo contribuye a la reprimarización latinoamericana, sino también es otro elemento en la creciente fragmentación y polarización regional, colocando al subcontinente en una posición subordinada en el tablero internacional. La región se ha visto afectada por la guerra en Ucrania, si bien con un papel secundario en el contexto mundial, debido, en primer lugar, a la crisis de la integración. Esto ha limitado su presencia en el escenario extrarregional y le ha impedido expresarse con una sola voz en los foros multilaterales. La mayoría de los países, salvo excepciones (Brasil, Chile y México), carece de una política exterior sólida y coherente. Por lo general, esta se centra en la relación regional y, especialmente, en el vínculo con sus vecinos.

La relación con Rusia, un actor internacional autoritario y expansionista, ha acentuado la fragmentación regional. Esa división se ha hecho patente en el voto de la región en los foros internacionales tras la invasión rusa de Ucrania. Los países latinoamericanos han vuelto a no hablar con una sola voz e incluso se han posicionado en campos no solo diferentes sino antagónicos.[13]

La fragmentación se evidenció en varios escenarios, como la Asamblea General de la ONU del 2 de marzo de 2022. Allí, se votó mayoritariamente una resolución de condena a la invasión de Rusia y se pedía su retiro inmediato. Se abstuvieron Cuba, Nicaragua, Bolivia y El Salvador. Venezuela, crítica con la resolución, no pudo votar por no estar al día con sus aportes. El resultado se repitió el 24 de marzo, cuando se discutió sobre las consecuencias humanitarias de la agresión rusa. El voto latinoamericano estuvo más dividido el 7 de abril, cuando se suspendió a Rusia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU por graves violaciones a los derechos humanos en Ucrania. La mayoría, once, votó a favor, tres en contra (Bolivia, Cuba y Nicaragua) y se abstuvieron Brasil, El Salvador y México.

La fragmentación en torno a Rusia vivió otro capítulo en la OEA, cuando se adoptó una resolución que pedía a la Federación Rusa la retirada inmediata de todas sus fuerzas militares. 28 de los 34 miembros votaron a favor, ninguno en contra, y 5 se abstuvieron (Brasil, Bolivia, El Salvador, Honduras, y San Vicente y las Granadinas). Nicaragua estaba ausente.

La Irrelevancia Internacional. Ser una región fragmentada conduce a la irrelevancia geopolítica global o a ocupar una posición subordinada y periférica. La fragmentación elimina a la región como posible aliado estratégico, más allá de su rol como suministrador de recursos naturales. El tradicional papel secundario de América Latina en los grandes temas internacionales se ha vuelto a ver en la crisis ucraniana.

Durante la Cumbre de las Américas, celebrada en Los Ángeles en plena crisis (a inicios de junio), Estados Unidos no presentó un proyecto de modernización económica de escala hemisférica para incorporar a América Latina en la revolución tecnológica (su interés se redujo a la elevada presión migratoria), y tampoco trató de construir una alianza continental ante la agresión rusa. Detrás de esta actitud está la desconfianza de Washington hacia una región en la que predomina la volatilidad y falta de coordinación internacional,[14] aunque se evidenciara la preocupación de la Administración Biden por reformular su política de alianzas y su interés creciente en América Latina.

Objetivos Rusos en América Latina

Como ha evidenciado esta crisis, el pulso de Estados Unidos a Rusia en zonas vitales para su seguridad, como Ucrania, es respondido en América Latina con la fuerza o, incluso, con amenazas, pese a su papel secundario. Moscú intenta sacar partido de una región que, a su vez, busca acceso a mercados, financiación -especialmente en países con dificultades para acceder a los mecanismos financieros tradicionales (Argentina, Venezuela)- y tecnología, aumentando la cooperación en usos civiles de energía nuclear (Brasil y Argentina) y biotecnología (Cuba). Sin embargo, América Latina es heterogénea, no habla con una sola voz, y mantiene vínculos diferenciados con Rusia, cuya estrategia se mueve a diferentes niveles.

Alianzas Estratégicas. Algunas naciones de América Latina contemplan la relación con Rusia como una tabla de salvación geopolítica y económica, mientras Moscú solo ve en ellas una forma de perturbar la retaguardia de Estados Unidos. Como señala Evan Ellis, los movimientos rusos tienen un “alcance limitado y parecen diseñados para intimidar a Estados Unidos y compensar su aislamiento político y económico internacional tras la invasión de Ucrania.”[15] A ciertos gobiernos, el vínculo con Rusia les permite salir del área de influencia estadounidense, romper el aislamiento, sortear sanciones internacionales y adquirir armamento.

La consecuencia es una solidaridad mutua que emerge durante las crisis, como en el año 2022, cuando Venezuela, Cuba y Nicaragua no se sumaron al masivo rechazo de la invasión, y también apoyaron públicamente y en los organismos internacionales a Putin, que lleva más de una década sosteniendo al castrismo, al chavismo y al orteguismo, permitiéndoles sortear el aislamiento internacional y consolidar sus sistemas autoritarios.

En Venezuela, Rusia mantenía una relación privilegiada con Chávez y hoy es un pilar para el futuro de Maduro. En su etapa de mayor debilidad (2013-2020), Rusia desplegó equipo militar, tropas, y proporcionó asistencia técnica para los sistemas de defensa antiaérea S-300. Hay, al menos, 100 instructores, técnicos militares y mercenarios del Grupo Wagner en Venezuela.[16] En esos años, las ventas de equipamiento militar ruso ascendieron a 11,400 millones de dólares. En la pasada década, Rusia fue el principal proveedor de armamento a la región, especialmente a Venezuela, concentrando el 73 % del total. Además, el interés ruso se focaliza en energía y materias primas. Aprovechando el aislamiento venezolano, Rusia avanzó en el control de sus hidrocarburos. Rosneft revendía cerca de 225,000 barriles venezolanos diarios, casi el 13 % de las exportaciones. La relación bilateral con Venezuela fue similar al de la URSS con Cuba durante la Guerra Fría: ser el principal escenario para desafiar “la hegemonía de Estados Unidos” en su vecindad. Las mayores muestras de respaldo a Rusia tras la invasión vinieron de Caracas. Según Maduro: “Desde Venezuela lo denunciamos, Occidente quiere desmembrar a Rusia, destruirla y acabar con la esperanza de un mundo multipolar donde podamos vivir todos.”

Nicaragua, si bien ocupa el puesto 30º en el comercio internacional de Rusia, tiene una relación privilegiada. La deriva dictatorial de Ortega no se explica sin el apoyo de Putin y el progresivo acercamiento a China. En el año 2021, Ortega rompió una tradición histórica (mantenida por conservadores, liberales y sandinistas) al reconocer a Pekín y romper con Taiwán. En el año 2022, autorizó a tropas, aviones y barcos rusos a operar en su país. Al igual que en Venezuela, Rusia también desplegó bombarderos Tu-160 Backfire, con capacidad nuclear, y otras aeronaves militares, violando incluso varias veces el espacio aéreo colombiano.

Rusia ha sido un sólido apoyo para Ortega en el último cuatrienio. En el año 2018, tras la represión contra los estudiantes en Managua, el Kremlin instó a Estados Unidos en la ONU a “abandonar los intentos inspirados en la tradición colonialista de influir en la situación en Nicaragua.” En los años 2021 y 2022, Rusia respaldó a Ortega en el Consejo de Derechos Humanos y en el Consejo de Seguridad de la ONU. En el año 2021, Rusia fue de los pocos países que validó la reelección de Ortega, quien, en 2008, tras la Segunda Guerra con Georgia, fue de los primeros en reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia. En la crisis de Ucrania, Venezuela y Nicaragua han dado reiteradas muestras de apoyo a Rusia.

Rusia también recuperó la relación fluida con Cuba, heredada de la Guerra Fría. En medio de la crisis ucraniana, Putin y Díaz-Canel se comprometieron a profundizar “la cooperación estratégica” y fortalecer las relaciones bilaterales. Acordaron intensificar sus contactos para ampliar “la cooperación en comercio, economía e inversión.” La estrategia rusa refuerza su política, plasmada en el año 2014 con la condonación del 90 % de la deuda cubana desde tiempos soviéticos (31,500 millones de dólares)[17] y la posible reapertura de la estación de Lourdes. Moscú ha financiado gran parte de la modernización militar de Cuba, de su sistema ferroviario y del sector energético. En el año 2017, Rosneft comenzó a enviar petróleo para compensar la menor disponibilidad de Venezuela. No obstante, los vínculos comerciales son modestos: Cuba ocupa el lugar 26º en el comercio ruso. Sin embargo, más allá de este apoyo, continúan los problemas de abastecimiento eléctrico debido a la obsolescencia de las plantas generadoras.

Estas alianzas demuestran que la cooperación en seguridad y defensa (venta de armamento, diplomacia militar y seguridad no tradicional) es clave en el regreso a América Latina. Los tres principales aliados (Venezuela, Nicaragua y Cuba) lo siguen siendo en la actual coyuntura y apoyan incondicionalmente a Putin, como cuando invadió Osetia del Sur y Abjasia en el año 2008 y se anexionó Crimea en el año 2014. Rusia volvió a mostrar sus intenciones cuando, tras la invasión de Ucrania, Moscú insinuó que entre sus planes podría estar desplegar fuerzas militares en América Latina. Más concretamente en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Era una manera de marcar límites a Washington, un mensaje sobre la necesidad del mutuo respeto y no injerencia en sus áreas de influencia. Si Estados Unidos insiste en avanzar en las exrepúblicas soviéticas, Rusia incrementará su presencia en el “patio trasero estadounidense.” El gobierno ruso, en plena tensión con Estados Unidos y la Unión Europea, anunció en enero de 2022 que reforzaría la cooperación estratégica con estos países en “todos los ámbitos.”

La rivalidad entre Estados Unidos y Rusia, en sus respectivas áreas de influencia, supone una dinámica común: ambos despliegan la estrategia de “apoyo a la resiliencia.” Desde el final de la Guerra Fría, Washington articuló su relación con los países del espacio post soviético apoyando su soberanía e independencia respecto a Rusia. Por su parte, Moscú ha intentado conservar y aumentar su influencia entre los aliados históricos de la URSS (Cuba y Nicaragua), convirtiéndose en un pilar fundamental para Maduro y Ortega.

Alianzas Coyunturales. En el último lustro, Putin ha privilegiado las relaciones bilaterales para mantener un vínculo estratégico con los gobiernos opuestos a Estados Unidos (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y la Argentina kirchnerista) y aquellos capaces de contrarrestar la hegemonía de Washington (Brasil y México). También mantiene otros vínculos, intentando ser un aliado geopolítico, como en el G-20 con Brasil, México y Argentina, y en los BRICS con Brasil (Argentina ha solicitado su ingreso). Coincide con ellos en su visión multilateralista.

Rusia y la mayoría de los países latinoamericanos tienen una concepción limitada de la soberanía nacional, más parecida entre sí que con las posiciones más injerencistas de las potencias tradicionales. Moscú, a diferencia de Washington y en concordancia con Pekín, no aspira a promover cambios internos en los países de la región ni a exigir garantías de respeto a los derechos humanos.[18]

El posicionamiento de los tres miembros latinoamericanos del G-20 es especialmente destacable tras el intento de Estados Unidos de aislar internacionalmente a Rusia. El presidente Bolsonaro ha reiterado la «neutralidad» de Brasil entre Rusia y Ucrania: “No tomaremos partido. Queremos la paz, pero no queremos que haya consecuencias para nosotros.” Bolsonaro destacó su dependencia de los fertilizantes rusos. El caso de México es similar. López Obrador fue cauto, llamando a una solución pacífica y apoyando los esfuerzos de ayuda humanitaria. Argentina también mantuvo una postura «mixta,» entre declaraciones de neutralidad y condena a la invasión. Pese a ello, un grupo de cuatro senadores republicanos pidió a Biden no apoyar préstamos para Argentina, por su proximidad a las dictaduras rusa o iraní.

Rusia también está presente en otros países, como Argentina, Brasil y Bolivia. En plena escalada de la tensión con Estados Unidos y la OTAN, el presidente argentino Alberto Fernández visitó Moscú en enero de 2022 y a medidos de febrero lo hizo Bolsonaro. El vínculo con Argentina, retomado en el año 2010, va de la geopolítica a la economía, dado el interés de Gazprom y otras empresas en el gas de Vaca Muerta. La visita de Fernández se produjo tras el acuerdo de renegociación de la deuda con el FMI, en el que Estados Unidos jugó un papel importante. No obstante, Fernández le ofreció a Rusia convertirse en su “puerta de entrada” en América Latina y vio a Putin como un contrapeso a Estados Unidos: “Estoy empecinado en que la Argentina tiene que dejar de tener esa dependencia tan grande que tiene con el Fondo y Estados Unidos, tiene que abrirse camino hacia otros lados y ahí Rusia tiene un lugar muy importante.”

Brasil es el principal socio económico y geopolítico ruso en América. En el ámbito comercial lo fue durante los gobiernos del PT (2003-2016) y con Bolsonaro. El pragmatismo de Putin está sobre criterios ideológicos. Desde el año 2010, es el principal socio económico en América Latina, con un 33 % del total regional. Durante la presidencia de Lula, Brasil y Rusia formaron con India, China, y Sudáfrica los BRICS, que ya han celebrado 12 cumbres, las dos últimas en Brasil (2019) y Rusia (2020). Con Bolsonaro, la relación no ha decaído. Además de intereses internacionales, comparten la misma visión política: ambos impulsan gobiernos iliberales y autoritarios. En plena crisis ucraniana, Bolsonaro anunció su visita a Rusia, que según Folha de São Paulo carecía del visto bueno de Washington. Para Bolsonaro, el viaje a Moscú era una forma de mostrar su autonomía en política exterior y su distancia con Biden: “Brasil es Brasil, Rusia es Rusia. Tengo una buena relación con todo el mundo. Si Biden me invitara, iría también con gusto a Estados Unidos.”

Las relaciones con el resto de la región son escasas y más acotadas. Destaca el deseo del Kremlin de fomentar la cercanía con Evo Morales, a quien apoyó cuando fue derrocado en el año 2019. Tras el regreso al poder del MAS en el año 2020, los lazos se han estrechado aún más, con proyectos de explotación en áreas estratégicas, como gas y litio. Al vínculo geopolítico se unen los intereses económicos en gas (Gazprom), litio y temas nucleares (Rosatom).

La presencia rusa ha tenido otra derivada, dadas las tensas relaciones entre Venezuela (su principal cliente de armamento en América Latina) y Colombia (aliado de Washington y socio de la OTAN desde el año 2017). En plena escalada entre Rusia y Ucrania, el ministro de Defensa Diego Molano denunció la prolongada “injerencia extranjera” –rusa– en la frontera. Subyace no sólo el temor colombiano a la presencia rusa y a la cooperación con los militares bolivarianos, sino también el destino de unas armas que podrían acabar en las bandas criminales (bacrim) y en las guerrillas que operan desde sus bases venezolanas, con la aquiescencia de Maduro. La debilidad y corrupción del Estado venezolano y la capacidad financiera de las bandas llevaron a Bogotá a denunciar estos hechos, mientras Colombia acusaba al gobierno venezolano de amparar a grupos armados. La tensión desembocó en una reunión entre la canciller colombiana, Marta Lucía Ramírez, y el representante del Kremlin en Bogotá, Nikolay Tavdumadze. Rusia se comprometió a evitar el desvío de su cooperación militar. Moscú también garantizó que su asistencia era técnica y no militar.

Desde su posición pragmática y alejada de ideologismos, Rusia intenta expandirse en América Latina. En un primer momento, aprovechando las iniciativas de integración regional bolivarianas, como el ALBA, con alianzas que neutralizaran a Estados Unidos. Sin embargo, sufrió la misma decepción que Bush en el año 2005, cuando comprobó con el ALCA que la división regional, la falta de liderazgo y la inconsistencia en la integración impedía alcanzar acuerdos globales con la región. De forma similar, la parálisis del ALBA, sin el liderazgo de Chávez ni los petrodólares venezolanos, dejó a la vista sus limitaciones. Pero, Rusia mantiene fuertes vínculos con la CELAC, al coincidir en el objetivo de construir un mundo multipolar. Esta cercanía se ha plasmado en la firma de un Mecanismo Permanente de Diálogo Político y Cooperación (2015). Para Rusia la relación con la CELAC es una forma de insertarse, ganar peso y visibilidad mundial a través de una organización internacional fuera de su teórica área de influencia. Para la CELAC (que excluye a Estados Unidos y que nació con el fin de ser una alternativa a la OEA) el vínculo con Rusia le hace ganar autonomía frente a Washington.

Pese a no ser un actor económico y comercial relevante en América Latina, Rusia ha incrementado su proyección y prestigio mediante otras estrategias, como la “diplomacia de las vacunas” o las campañas de información/desinformación. En el caso de las vacunas, Rusia mejoró su imagen tras desarrollar la Sputnik V, eficaz contra la COVID-19 y haberla puesto a disposición de los países latinoamericanos, cuando Estados Unidos y la Unión Europea acaparaban la adquisición de vacunas. Pese a problemas logísticos que retrasaron su llegada y a no ser reconocida por la OMS, la Sputnik se aplicó en Argentina, Bolivia, Honduras, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay y Venezuela.[19]

En el marco del poder blando, Rusia también busca ganar presencia en América Latina, como en otras partes del mundo, a través de la propaganda. Russia Today (RT) en español y la expansión en Internet (Sputnik) son el mecanismo más ambicioso para ganar imagen e influencia. RT en español ha latinoamericanizado sus contenidos, para intentar captar el interés del público regional. Su apuesta ha tenido éxito, al conseguir numerosos seguidores, lo que le ha supuesto contar con una plataforma para atacar a Estados Unidos y a la Unión Europea, a los que muestra como países corruptos que no respetan los derechos humanos y amparan crímenes de guerra. RT presenta una cara amable de Rusia, a la vez que la muestra como modelo político alternativo, eficiente y con éxito en comparación con las “decadentes” democracias occidentales.

Esa estructura comunicacional/propagandística vinculada a los intereses del Kremlin marcha en paralelo a la creciente actuación de los servicios secretos rusos (sobre todo en México, antesala de Estados Unidos) y a potentes campañas en favor o detrimento de determinadas opciones políticas (según los intereses de Moscú), así como en el incremento de los ciberataques, los cuales crecieron en el año 2021 un 600 %.[20]

Conclusiones

La invasión rusa de Ucrania ha denotado el rol presente y futuro de Rusia en América Latina en el nuevo contexto geopolítico. El papel de América Latina en esta crisis ha vuelto a evidenciar un problema recurrente: su posición de convidado de piedra en pleitos que considera ajenos, y sobre los que no ejerce ningún control ni influencia. Esto lo vivió Cuba en la crisis de los misiles en el año 1962 y Nicaragua en la década de 1980, y se repite periódicamente. La causa última es la debilidad y división de sus Estados, y la ausencia de un sistema de gobernanza regional capaz de trasladar a instancias multilaterales una posición regional única. El desinterés de los países latinoamericanos por los problemas globales está profundamente arraigado en su idiosincrasia. A los gobiernos y a las opiniones públicas sólo les preocupan aquellas cuestiones que les afectan directamente y viven de espaldas hacia las demás, especialmente si no tienen nada que ver con ellos, como el terrorismo islámico. Para la mayoría de los países, la política exterior es básicamente una política de relaciones regionales, especialmente con las naciones fronterizas.

La crisis de Ucrania ha mostrado que la heterogeneidad de América Latina es paralela a su desunión geopolítica. Conviven países aliados a Rusia (Cuba, Venezuela y Nicaragua), con otros con una posición menos nítida, pero de cierta proximidad al Kremlin (Perú, Argentina e incluso Brasil), y un tercer grupo que se mueve en silencio (México) o aliado a Estados Unidos (Chile, Uruguay y Colombia). Mientras persista esta situación u otras similares, el peso de la región en el escenario geopolítico no solo será exiguo y secundario, con su capacidad de negociación reducida, sino continuará jugando el juego de otros. De este modo, en tanto cada país siga haciendo “la guerra por su cuenta,” no habrá posibilidad de incidir en los conflictos internacionales, ni siquiera aquellos que les afectan directamente.

Por lo que respecta al protagonismo de Rusia en América Latina, todo apunta a que a corto y medio plazo disminuirá, salvo para sus aliados estratégicos cuya soledad internacional los lleva a aferrarse a Moscú como su tabla de salvación. Rusia, como socio geopolítico y comercial de los países latinoamericanos, ha contribuido a incrementar la fragmentación de América Latina, la reprimarización de sus exportaciones y su posición subordinada respecto a las grandes potencias. A medio plazo, tiene un margen de acción aún más reducido: la dinámica del declive ruso responde a diversas causas estructurales y de largo plazo, relacionadas con la progresiva hegemonía comercial y financiera chinas, que ha desplazado a Estados Unidos y la Unión Europea, y también deja en una posición periférica a otras naciones emergentes con intereses regionales.

Hay otra circunstancia coyuntural (la invasión de Ucrania) con incidencia futura: las sanciones a Rusia y la crisis de suministros elevan la importancia de América Latina como socio estratégico de Occidente y competidor de Rusia en tanto fuente de recursos energéticos y materias primas. Esto ya se ha visto no solo en el acercamiento de la Unión Europea a América Latina, buscando posibles alternativas energéticas a medio plazo (petróleo, gas e hidrógeno verde) sino en el giro de la Casa Blanca respecto a Venezuela, que ha pasado de estar marginada a ser un posible abastecedor de petróleo. Finalmente, la deriva autoritaria y agresiva de Putin anula a Moscú como opción viable de alianza para la mayoría de los países latinoamericanos.

Notas Finales:

  1. Carlos Malamud y Rogelio Núñez, “América Latina y la invasión de Ucrania: su incidencia en la economía, la geopolítica y la política interna”, Real Instituto Elcano (30 de marzo de 2022), https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/america-latina-y-la-invasion-de-ucrania-su-incidencia-en-la-economia-la-geopolitica-y-la-politica-interna/. R. Evan Ellis, “El reciente regreso de Rusia a América Latina”, Centro de Estudios Estratégicos del Ejército del Perú (Lima: 1 de febrero de 2022) https://ceeep.mil.pe/wp-content/uploads/2022/02/El-reciente-regreso-de-Rusia-a-Ame%CC%81rica-Latina_para-PDF_010750feb.pdf. José Antonio Sanahuja, Pablo Stefanoni y Francisco J. Verdes-Montenegro, “América Latina frente al 24-F ucraniano: Entre la tradición diplomática y las tensiones políticas”, en Documento de Trabajo 62/2022 (2ª época), (España: Fundación Carolina, 2022), https://www.fundacioncarolina.es/wp-content/uploads/2022/03/DT_FC_62.pdf.
  2. Mira Milosevic-Juaristi, “Rusia en América Latina: repercusiones para España”, en Documento de Trabajo 02/2019, (España: Real Instituto Elcano, 28 de marzo de 2019), https://www.realinstitutoelcano.org/documento-de-trabajo/rusia-en-america-latina-repercusiones-para-espana/
  3. Sobre el desarrollo económico de la región ver: José Antonio Ocampo, “La historia y los retos del desarrollo latinoamericano”, Comisión Económica para América Latina y el Caribe(Santiago de Chile: 2012), https://repositorio.cepal.org/handle/11362/3090
  4. En cuanto al impacto de la Guerra Fría en la región ver: (1) L. Bethell y I. Roxborough, “The Impact of the Cold War in Latin America” en M. P. Leffler y D. S. Painter, Origins of the Cold War. An International History (Nueva York & Londres: 2005), 299-316. (2) G. Joseph, “Border Crossings and the Remaking of Latin American Cold War Studies”, The Historical Jounal (Cambridge University Press: 2009). (3) Vanni Pettiná, La Guerra Fría en América Latina (México: El Colegio de México, 2018).
  5. Esteban Actis y Bernabé Malacalza, “Las políticas exteriores de América Latina en tiempos de autonomía líquida”, NUSO n.º 291 (enero – febrero de 2021) https://nuso.org/articulo/las-politicas-exteriores-de-america-latina-en-tiempos-de-autonomia-liquida/. Carlos Fortín, Jorge Heine y Carlos Ominami, “Latinoamérica: no alineamiento y la segunda Guerra Fría”. Foreign Affairs Latinoamérica, vol. 20 n.º 3 (julio – septiembre 2020), 107-115, https://www.bu.edu/pardeeschool/files/2020/07/FAL20-3_23_Heine.pdf
  6. Sobre la presencia de actores extrarregionales en Latinoamérica ver: (1) Carlos Malamud, “Los actores extrarregionales en América Latina (I): China”, Real Instituto Elcano, Documento de Trabajo n.º 50 (13 de noviembre de 2007), https://www.realinstitutoelcano.org/documento-de-trabajo/los-actores-extrarregionales-en-america-latina-i-china-dt/ (2) Carlos Malamud, “Los actores extrarregionales en América Latina (II): Irán”. Real Instituto Elcano, Documento de Trabajo n.º 124 (26 de noviembre de 2007), https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/los-actores-extrarregionales-en-america-latina-ii-iran-ari/
  7. Armando Chaguaceda y Adriana Boersner Herrera, “Rusia en Latinoamérica: la confluencia iliberal”, London School of Economics (18 de agosto de 2022), https://blogs.lse.ac.uk/latamcaribbean/2022/08/18/rusia-en-latinoamerica-la-confluencia-iliberal/. R. Evan Ellis, The New Russian Engagement with Latin America: Strategic position, Commerce and Dreams of the Past, (US Army War College, 23 Septiembre 2015). R. Evan Ellis, “El reciente regreso de Rusia a América Latina”.
  8. Silvia Marina Rivas de Hernández, “Os intereses da Federación Rusa en América Latina como espazo estratéxico dentro dun mundo multipolar”, Gladius et Scientia. Revista de Seguridad del CESEG n.º 2/2020, (31 de diciembre de 2020), https://revistas.usc.gal/index.php/gladius/article/view/7276/11534
  9. María Luisa Pastor Gómez, “¿Rusia realmente ha retornado a América Latina?”, en Documento de Análisis n.º 09/2019 (Madrid: Instituto Español de Estudios Estratégicos, 13 de marzo de 2019) https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2019/DIEEEA09_LUIPAS-RusiaAmerica.pdf
  10. Mira Milosevic-Juaristi, “Mapa de la presencia e influencia de Rusia en el mundo desde el año 2000”, en Documento de Trabajo 35/2020, (España: Real Instituto Elcano, 20 de noviembre de 2020), https://www.realinstitutoelcano.org/documento-de-trabajo/mapa-de-la-presencia-e-influencia-de-rusia-en-el-mundo-desde-el-ano-2000/. Julia Gurganus, “Russia: playing a geopolitical game in Latin America”, Carnegie Endowment for International Peace (2018), https://carnegieendowment.org/2018/05/03/russia-playing-geopolitical- game-in-latin-América-pub-76228
  11. Según UNCTAD, este país aumentó su comercio de casi 18,000 millones de dólares en el año 2002 a 318,000 millones de dólares en el año 2020, con un volumen de préstamos que ascendió entre 2005 y 2020 a más de 137,000 millones e inversiones que llegaron a 140,000 millones entre 2005 y 2021. Extraído de: UNCTAD, “Informe sobre las inversiones en el mundo 2021. Invertir en la recuperación sostenible”, United Nations Conference on Trade and Development (Ginebra: 2021), https://unctad.org/system/files/official-document/wir2021_overview_es.pdf; Adicionalmente, ver: Néstor Santana Suárez, “¿Reprimarización en América Latina?: Efectos de la demanda china sobre el patrón exportador latinoamericano y las estructuras económicas internas (1995-2016)”, Papeles de Europa (Ediciones Complutense: 2019), https://revistas.ucm.es/index.php/PADE/article/view/63636/4564456549444
  12. Alicia Bárcena, “Efectos económicos y financieros en América Latina y el Caribe del conflicto entre la Federación de Rusia y Ucrania”, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Santiago de Chile: 2022), https://www.cepal.org/es/publicaciones/47831-efectos-economicos-financieros-america-latina-caribe-conflicto-la-federacion
  13. Detlef Nolte, “La guerra en Ucrania impacta las relaciones entre América Latina y la UE”, Latinoamérica21 (14 de abril de 2022), https://latinoamerica21.com/es/la-guerra-en-ucrania-impacta-las-relaciones-entre-america-latina-y-la-ue/
  14. Carlos Malamud y Rogelio Núñez, “La Cumbre de las Américas y América Latina en el nuevo escenario geopolítico”, Real Instituto Elcano (3 de junio de 2022), https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/la-cumbre-de-las-americas-y-america-latina-en-el-nuevo-escenario-geopolitico/
  15. R. Evan Ellis, “El reciente regreso de Rusia a América Latina”.
  16. Sobre la presencia rusa en la región ver: (1) Fernando Romero Wimer, “La alianza Rusia-Venezuela durante el siglo XXI: consideraciones en torno a la cuestión militar”, en Cuadernos de Marte Año 12/Núm. 21/2021 (Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, julio – diciembre 2021), https://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/cuadernosdemarte/article/view/7116/5963 (2) Carmen Scocozza, “El retorno del ‘Oso’ a América Latina. La política rusa en Venezuela”, en Cultura Latinoamericana, Vol. 30 Núm. 2/2019 (Colombia: Universidad Católica, 2019), 58-73, https://editorial.ucatolica.edu.co/index.php/RevClat/article/view/3444 (3) Ana Palacio, “What Venezuela tells Europe about Russia”, Project Syndicate (12 de febrero de 2019), https://www.project-syndicate.org/commentary/venezuela-crisis-russia-maduro-support-flagging-by-ana-palacio-2019-02 (4) Rafat Ghotme, “La presencia de Rusia en el Caribe: hacia un nuevo equilibrio del poder regional”, en Reflexión Política, vol. 17, n.º 33/2015, (Colombia: Universidad Autónoma de Bucaramanga, enero – junio 2015), 78-92, http://hdl.handle.net/20.500.12749/10871 (5) Ángel Saldomando, “Las nuevas relaciones de América Latina con China y Rusia: del Big Brother al Hada Madrina”, IEEPP (Managua: febrero de 2015), https://www.researchgate.net/publication/345633160
  17. BBC, “Rusia condona 90% de la deuda de Cuba con la Unión Soviética”, British Broadcasting Corporation News (5 de julio de 2014), https://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2014/07/140704_ultnot_cuba_rusia_perdona_deuda_jgc
  18. En torno al nuevo mapa geopolítico mundial y el rol de Rusia, ver: (1) Mira Milosevic-Juaristi, “Oso y dragón: el vínculo estratégico entre Rusia y China en el orden internacional post unipolar”, Real Instituto Elcano (4 de enero de 2019), https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/oso-y-dragon-el-vinculo-estrategico-entre-rusia-y-china-en-el-orden-internacional-post-unipolar/ (2) Paul Stronski y Richard Sokolsky, “The return of global Russia: an analytical framework”, Carnegie Endowment for International Peace (14 de diciembre de 2017), https://carnegieendowment.org/2017/12/14/return-of-global- russia-analytical-framework-pub-75003 (3) Julia Gurganus, “Russia: playing a geopolitical game in Latin America”, Carnegie Endowment for International Peace (3 de mayo de 2018), https://carnegieendowment.org/2018/05/03/russia-playing-geopolitical-game-in-latin-america-pub-76228
  19. Vanni Pettina, “China y Rusia aprovechan el hueco que occidente ha dejado en América Latina”, El País (17 de agosto de 2022), https://elpais.com/opinion/2022-08-18/china-y-rusia-aprovechan-el-hueco-que-occidente-ha-dejado-en-america-latina.html
  20. María I. Puerta Riera, “Lo que nos cuenta Putin: medios rusos en América Latina”, Latinoamérica21 (16 de agosto de 2022), https://latinoamerica21.com/es/lo-que-nos-cuenta-putin-medios-rusos-en-america-latina/

 

COMPARTIR

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin

Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú

Imagen: CEEEP