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Conflictos de Conectividad y sus Efectos en la Seguridad Iberoamericana

Este artículo forma parte del libro Desafíos y Amenazas a la Seguridad en América Latina.


Resumen

La hegemonía estadounidense ha dado paso a un mundo multipolar en el que las grandes potencias compiten aplicando un desafiante unilateralismo punitivo, significativamente más peligroso. Simultáneamente, la rivalidad entre las grandes potencias en el campo económico y tecnológico ha causado un movimiento de desacople en la globalización, resultando en una reestructuración mundial basada en la pugna entre la República Popular China y los Estados Unidos. Por un lado, la conectividad se ha convertido en una espada de doble filo, donde la nueva forma de guerra es el empleo como arma de cualquier flujo o vinculo. Por otro lado, la globalización ha proporcionado un nuevo arsenal de instrumentos bélicos tales como sanciones, boicots, controles de exportación, aranceles, prohibiciones de importación o apropiación ilícita de propiedad intelectual que permiten atacar todo tipo de interrelación. En tal sentido, el estado actual del mundo ha derribado las barreras existentes entre la seguridad y los negocios.

La nueva situación puede forzar a los Estados iberoamericanos a tomar posición en el fragmentado mapa geoeconómico y geotecnológico que está por emerger. La obligación de elegir para Iberoamérica supondría una renuncia que no favorece sus intereses. La fragmentación del continente y el fracaso de los procesos de integración imposibilitan hoy la constitución de un referente geoestratégico alternativo que, al menos, tuviese la posibilidad de dotarse de voz propia en el escenario global. Sin embargo, una mayor colaboración diplomática, la apuesta por una armonización de su comercio exterior, la configuración de un pensamiento geoestratégico regional compartido, el desarrollo de las infraestructuras internas, la colaboración en la defensa de sus recursos naturales, la acción común frente a los delitos contra el medio ambiente en el continente con mayor biodiversidad del mundo, y la lucha contra las organizaciones criminales internacionales son valiosos puntos de encuentro que favorecerían el comienzo de la necesaria convergencia para alcanzar, progresivamente, un peso global.

Palabras clave: Iberoamérica, integración, globalización, competencia entre grandes potencias, weaponisation, conflictos de interdependencia, unilateralismo punitivo, guerra de Ucrania, desacoplamiento global, biodiversidad, crimen organizado.

Introducción: La Insuficiencia del Sistema de Gobernanza Mundial y sus Efectos

La Unión Europea (UE) ha entendido, gracias a la dramática experiencia de la historia del continente, que el multilateralismo efectivo es parte de su ADN y, por lo tanto, se refleja como objetivo en su propia constitución. Consecuentemente, el multilateralismo en el ejercicio del poder es una propuesta europea, consecuencia de sus propios fracasos y debilidades, con valor añadido para el mundo en su conjunto. Es un modelo que invita a otros a recoger lo aprendido del horror y sufrimiento de Europa durante el siglo XX, pero también de su capacidad de sobreponerse.

El eclecticismo de la UE es refractario al unilateralismo hegemónico, sea quien sea quien lo ejerza. Sin embargo, la historia de Europa enseña que el equilibrio de poder, pudiendo limitar el unilateralismo, no impide por sí solo las estrategias unilaterales de los distintos centros de poder. La multipolaridad no es suficiente para consolidar un multilateralismo global. En ese sentido, los hechos han terminado demostrando que la hegemonía de los Estados Unidos puede dar paso a una situación de multipolaridad donde las partes aplican un unilateralismo punitivo mucho más inestable y peligroso.

El giro del momento unipolar estadounidense al unilateralismo punitivo comenzó a ser evidente durante la presidencia de Obama. La crisis financiera del año 2008, las guerras de Siria y Libia en el Mediterráneo, la guerra en Georgia y, posteriormente, en Ucrania, la militarización de islas artificiales en el mar del Sur de China, el giro al Pacífico y el ascenso económico y tecnológico de la República Popular China (RPC), son indicadores suficientes para identificar el cambio de ritmo y momento. Hoy, es común escuchar por parte de la mayoría de analistas un mismo y repetitivo diagnóstico del mundo, basado en una patología que se presenta con un conocido eufemismo: la competencia entre grandes potencias.

Alguna gran potencia se puede conformar temporalmente con la supervivencia como poder revisionista en un escenario regulado por otros. Este conformarse del aspirante solo será posible mientras mantenga el margen suficiente de actuación para cuestionar el sistema de gobernanza impuesto por la potencia dominante con probabilidad de desgastarlo. Las grandes potencias saben esperar pacientemente su momento. La paciencia estratégica se convierte en un signo de virtud probada que adorna una antigua narrativa, pero que se renueva por un saber y querer construir el momento de giro sin tensiones intolerables.

En ese sentido, se ha pasado de lo que algunos denominaban “unilateralismo benévolo estadounidense” a un “unilateralismo competitivo y punitivo.” La propuesta de la UE no ha encontrado el camino para abrirse paso. Venus se ha quedado sola frente a un Marte que se ha replicado en las naciones capaces de sostener un Estado con suficiente potencial revisionista para hacer creíble su relato y su sueño de dominio. El nivel de ambición de la UE no es el resultado de su reticencia estratégica. Es fruto de su naturaleza e inherente imposibilidad de desarrollar los necesarios mecanismos de poder para influir en la agenda y gobernanza mundial.

En el caso iberoamericano se puede decir que la fragmentación del continente y el fracaso de los procesos de integración imposibilitan la constitución de un referente geoestratégico alternativo que, al menos tuviese la posibilidad de dotarse de su propia voz en el escenario global. La visión particular de la seguridad y la defensa sigue definiendo los esfuerzos de los Estados iberoamericanos por desarrollar su propia identidad estratégica, renunciando a moldear una percepción compartida y sostenida por compromisos y acuerdos regionales o institucionales. En ese contexto, la UE no ha sabido ganarse el derecho a ser escuchada entre los grandes competidores; Iberoamérica ni siquiera tiene un discurso propio que aportar. El resultado es la marginalidad de un espacio y de una cultura con identidad hispana que queda relegada por sus propias limitaciones y divisiones internas. Sin importar el origen del diagnóstico, es difícil no considerar cuanto de cierto tiene: “O nos unimos o nos hundimos”.

La crisis financiera del año 2008 y su posterior desarrollo fueron un indicador de que la interrelación global había avanzado mucho más deprisa que la gobernanza del mundo. El continuo déficit comercial de los Estados Unidos y la guerra de aranceles del presidente Trump solo fueron una reacción ante los desajustes de los flujos globales. La COVID-19 ha confirmado que los niveles de gobernanza mundial son insuficientes y que la interdependencia sin garantías normativas arrastra graves peligros para la humanidad. Todavía la Organización Mundial de la Salud desconoce el origen del virus de Wuhan.

Confiar en la capacidad de las estructuras de la arquitectura internacional de transformarse por sí mismas para adaptarse a los nuevos riesgos y amenazas posiblemente fuera solo una forma de eludir la necesidad de un completo rediseño y una reconfiguración institucional, que se escapaba de las posibilidades de Europa, y que no parecía interesar a los más fuertes actores internacionales. El resultado de apostar por un orden mundial insostenible sin un sistema institucional aceptado por los más poderosos puede traducirse para Europa en la irrelevancia y la absorción por uno de los bloques de poder en competición. Iberoamérica puede no ser siquiera consciente de que su futuro será el mismo.

La presión de las grandes potencias puede forzar un posicionamiento en el nuevo mapa geoeconómico tanto a europeos como a iberoamericanos. La situación final, de la identificada competencia entre grandes potencias, es para cada una de ellas la hegemonía o preminencia. La búsqueda de la hegemonía en las dimensiones económicas y tecnológicas está impulsando el desenganche de la globalización. La tentación no tardará en llamar a sus puertas para invitarles a tomar partido. Es decir, antes de lo esperado, alguna circunstancia -prevista o no- puede colocarles delante de una desagradable disyuntiva. El unilateralismo competitivo en búsqueda de la hegemonía puede intentar imponerles una decisión que suponga una renuncia dolorosa.

La rivalidad entre China y Estados Unidos estructura el mundo, aunque la atención ahora se concentre fundamentalmente en Ucrania. La idea la expresa claramente el secretario de Estado Blinker: “Aunque la guerra del Presidente Putin continúe, seguiremos centrados en el desafío más grave a largo plazo para el orden internacional, el que plantea la RPC.”[1] La dificultad es que China continental también forma parte de la economía mundial y es un actor decisivo para afrontar los problemas globales de seguridad que afectan a todos, como los relacionados con el cambio climático o las pandemias, por poner algún ejemplo. Estados Unidos no puede -aunque quisiera- desligarse completamente de la RPC. Sin embargo, no deja de aspirar a conducir la relación, salvaguardando sus intereses nacionales y, al mismo tiempo, colaborando en los campos de claro interés mutuo.

Los Estados, también los más poderosos por su propia experiencia, han llegado a la conclusión de la necesidad de evitar, tanto como sea posible, la opción militar directa, incluso cuando el enemigo pueda ser mucho más débil. La experiencia estadounidense en Irak y Afganistán ha tenido un alto coste para el poder, la influencia y la economía de la que fue potencia hegemónica. Los costes políticos, financieros, de imagen, éticos, diplomáticos y de relato para los Estados Unidos han sido demoledores. La degradación del poder blando de penetración estadounidense, utilizando mecanismos de dominio más sutiles, se ha debilitado con el uso de la fuerza militar. Incluso los países no democráticos han interiorizado el alto precio que, para su poder inteligente y de penetración, impone la guerra convencional o la asimétrica. La guerra de Ucrania demuestra claramente también que una agresión militar, con una supuesta y clara superioridad convencional, no garantiza el éxito. El coste social, político, económico y el aislamiento aplicado a Rusia pueden imponer una factura demasiado alta con pocas ganancias geopolíticas.

Donde el poder se hace manifiesto emerge siempre resistencia. La resistencia es siempre más fuerte cuanto más evidente y dramático sea el ejercicio del poder. Consecuentemente, nada desgasta más al poder en nuestro mundo globalizado que el uso directo de una fuerza militar abrumadora a la vista de las cámaras y móviles. Una fórmula para evitar el desgate de poder, provocado por el uso de la fuerza, es el empleo de los ámbitos internacionales interconectados, que terminan transformándose en los nuevos campos de batalla de las guerras donde las disputas no se resuelven derramando sangre.

Las herramientas no militares se eligen por el riesgo que supone librar guerras donde las fuerzas militares son las principales responsables de alcanzar la victoria. Realmente es el propio cuestionamiento del sentido de victoria militar quien impulsa la apuesta por otros mecanismos de dominio e influencia menos estridentes. En la guerra política, el discurso de los poderosos puede terminar siendo tajante para sus socios: Están conmigo o están contra mí. En el caso Iberoamericano está claro que la obligación de tener que elegir una posición supondría una renuncia, que en ningún caso favorece sus intereses. La RPC es, para gran parte de América del Sur, su principal cliente y el segundo los Estados Unidos o, en algún caso, la UE. Para México, América Central y el Caribe los Estados Unidos siguen siendo su principal socio comercial pero la RPC puede ofrecer, con el tiempo, interesantes opciones.

Por lo tanto, la polarización de las potencias en disputa por la hegemonía no es una buena notica. Los intereses de seguridad iberoamericanos pasan por una defensa sin idea de retroceso de las vías diplomáticas, evitando -tanto como sea posible- adoptar una posición comprometida con solo una de las partes, y, al mismo tiempo, por la defensa de un sistema de normas internacionales para todos, que pueda ser remodelado atendiendo las voces iberoamericanas. Por otra parte, la Guerra en Ucrania ha dejado claro a los europeos que, ante una situación enquistada y retroalimentada desde hace años, la invasión rusa no dejaba opción. Los vínculos económicos con la Federación Rusa, especialmente los suministros de petróleo y gas, de los países de la UE han saltado en pocas horas por los aires, evidenciando que el sistema energético europeo tiene que reconstruirse por verse obligado a renunciar al suministro de los hidrocarburos y minerales rusos.

Gran parte de Europa al renunciar a la energía nuclear como fuente de generación de energía eléctrica tuvo que apostar por el gas, las centrales de ciclo combinado, y la cogeneración por medio de turbinas. El gas es una fuente indispensable para el modelo energético de la UE, procediendo el 40 % de lo que consume de Rusia. Por ello, el impacto está siendo tan grande como para redescubrir la -en otro tiempo- perversa opción de las centrales nucleares como solución aceptable. Mientras Alemania cerraba a fines del año 2021 tres de sus seis centrales nucleares en funcionamiento, teniendo previsto antes de finalizar el 2022 el cierre de las que permanecen activas, la Comisión Europea ponía en circulación su propuesta para modificar la clasificación de las energías verdes. Para muchos, resultó una sorpresa y, para otros, un escándalo que la Comisión reconociera a la energía nuclear como energía verde.[2]

El 18 de mayo de 2022, la Comisión Europea presentó un plan para poner fin a la dependencia de la UE de los combustibles fósiles rusos (REPowerEU).[3] Prescindir de las importaciones rusas de hidrocarburos exigirá a la UE una inversión calculada de 297,000 millones de euros, sin contar las pérdidas que genera el cierre de las instalaciones construidas para transportar el gas y petróleo ruso, a la que se suma el incremento de precios de los transportes de los hidrocarburos por mar y la nueva subida de los precios del gas y petróleo. Las medidas del plan de la Comisión suponen un mayor empleo de carbón y energía nuclear, fuentes de energía -hasta ahora- estigmatizadas, pero imprescindibles para abordar la transición del modelo energético europeo actual.

El REPowerEU cuenta con el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (RRF) para proporcionar financiación adicional de la UE a los Estados miembros en su transformación energética. Los préstamos disponibles que habilita el RRF alcanzan actualmente los 225,000 millones de euros. Esta cantidad se vería incrementada con las nuevas subvenciones por la subasta de derechos de emisión por valor de 20,000 millones de euros más, y otros mecanismos activados como: (1) La transferencia voluntaria de fondos de la política de cohesión de hasta el 12.5 % de la asignación nacional de los Estados miembros, cantidad que podría suponer 26,900 millones de euros adicionales a los 100,000 millones de euros ya asignados en el marco de la política de cohesión para apoyar los proyectos de descarbonización y transición ecológica; (2) La transferencia voluntaria del 12.5 % asignado al Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural, que podría suponer 7,500 millones de euros adicionales; y (3) Las nuevas convocatorias de propuestas para el mecanismo «Conectar Europa,» diseñadas para los proyectos de infraestructura de interés común, que se incrementan en 800 millones de euros.

Los efectos de la guerra de Ucrania para una UE obligada a desconectarse de Rusia tendrán un elevado coste económico para toda Europa. Las sanciones a Rusia y el desacoplamiento de los gaseoductos y oleoductos que desde Rusia suministraban combustible a Europa suponen un impacto no calculado de un peligroso bumerán, que altera los difíciles equilibrios de los presupuestos de la UE y de sus miembros. La situación se complica con una inflación desbocada y no prevista. El peligro de estanflación es real; superarlo con unos niveles de endeudamiento desconocidos en la historia no será sencillo. El cuadro macroeconómico de Europa, que empezaba a superar los efectos de la COVID-19, se ha complicado como consecuencia de la competencia entre dos grandes potencias, Rusia y Estados Unidos. La guerra en Ucrania podía haberse evitado en un contexto menos desafiante. Lo cierto es que la mayoría de los analistas entienden que esta guerra, con más o menos intensidad, será larga. Recomponer la situación tardará varias décadas.

En un mundo que vive un momento de competencia geopolítica, geoeconómica y geotecnológica entre Estados Unidos y China, donde la Federación Rusa ha demostrado su voluntad de seguir manteniendo su estatus de potencia global, donde la UE aspira a reconfigurarse como un actor estratégico, aunque la guerra de Ucrania haya hecho saltar por los aires su aspiración multilateral a largo plazo, donde los conflictos locales están afectados por la intervención de actores regionales emergentes que tienen la capacidad de hacer pivotar el equilibrio del área, y donde las grandes potencias aspiran a hacer valer sus intereses a través de sus aliados locales, en las llamadas “proxy war” o guerras por delegación, no se puede esperar que las deterioradas instituciones de gobernanza global actúen eficazmente y favorezcan una más justa redistribución de las pérdidas o de las ganancias. Cabe esperar que todos pierdan, pero la redistribución de los esfuerzos e incentivos necesarios para la reconstrucción económica y financiera no será equilibrada.

El sistema internacional que nace después de la Segunda Guerra Mundial, con todos sus defectos, ha evitado un conflicto armado entre potencias nucleares y ha permitido el desarrollo de una economía global que ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza. Sin embargo, está cuestionado por el ascenso de potencias revisionistas, por las aspiraciones de países emergentes y por las necesidades de los países menos desarrollados o pobres. En la periferia y semiperiferia del sistema internacional han surgido voces discordantes que reclaman ser atendidas.

El secretario de Estado de los Estados Unidos, Antony Blinken, en una conferencia pronunciada en mayo de 2022 en la Universidad George Washington, hacía referencia a la necesidad de reformar y modernizar el orden internacional basado en reglas. El nuevo orden propuesto por el secretario Blinken aspira a garantizar “la representación de los intereses, los valores y las esperanzas de todas las naciones, grandes y pequeñas, de todas las regiones, y además hacer frente a los retos que tenemos hoy y que tendremos en el futuro.”[4] La propuesta, sin duda estimulante, no tiene asegurado el éxito. Cualquier orden internacional tendrá siempre detractores. Contar con las resistencias es imprescindible para articular los mecanismos necesarios de vigilancia, sostenimiento y actualización que cualquier modelo normativo requiere. Sin duda, hay momentos donde la fricción puede ser tan grande como para bloquear cualquier intento de modernización o cambio. Solamente el efecto de una grave conmoción mundial podría crear repentinamente un escenario propicio para reconfigurar el cuestionado modelo de gobernanza mundial e implementar, ciertamente, la propuesta del señor Blinken.

En un momento marcado por la tensión geopolítica, geoeconómica y geotecnológica, reformular las reglas de un sistema internacional afectado por los flujos disruptivos de la globalización y, al mismo tiempo, por el impulso centrífugo de la competencia de los centros de poder, supone un idealismo, soberbia o cinismo desmedido, sin excluir la posibilidad de una combinación de todos ellos. En cualquier caso, reconocer la necesidad de cambio del sistema internacional que nació después de la Segunda Guerra Mundial implica una valoración de su actual limitación.

En ese sentido, el orden internacional que existía se ha venido diluyendo por las prácticas predatorias de algunos actores, por lo que recomponerlo será una tarea titánica. La seguridad y la defensa del nuevo sistema de poder en la época de la pandemia y la postpandemia dependen de la capacidad de repensar y reconstruir un orden institucional mundial más efectivo e inclusivo. Lamentablemente, la guerra de Ucrania no permite esperar otra cosa que un acelerado y progresivo repliegue de la globalización, y una desconexión de las interdependencias. Evitar, tanto como sea posible, ser arrastrados por esta dinámica es fundamental para la seguridad y defensa de los intereses iberoamericanos.

El Movimiento de Desacople de las Grandes Potencias

Durante mucho tiempo, los países occidentales han sostenido la convicción de que la integración de la RPC en el sistema global de los mercados internacionales y su desarrollo económico estaban ineludiblemente vinculados a un proceso de evolución política del Partido Comunista Chino (PCC) para adaptarse a un espacio social y económico más abierto a la libertad de elección. El dogma de la libertad indivisible prefijaba una evolución política democrática, inapelablemente ligada a la transformación promovida por la libertad de los mercados.

Las compartidas percepciones de éxito estratégico por parte del PCC y de Estados Unidos, de la potencia revisionista y la potencia establecida en pugna por la supremacía, son sorprendentes. Durante 40 años, los indicadores de éxito han sido complementarios y convergentes. El PCC aspiraba a un ascenso pacífico y los Estados Unidos consideraban ese ascenso un fundamento estratégico favorable. La prolongada complicidad en la percepción del éxito ha terminado mutando en una nueva forma de competencia entre grandes potencias.

La guerra comercial de los Estados Unidos y la RPC, también en menor medida el Brexit, descubrían los riesgos de la excesiva extensión de las interrelaciones de las economías nacionales antes de la llegada de la COVID-19. Las tensiones geopolíticas se estaban reconformando en tensiones geoeconómicas que suponían un incremento exponencial del peligro para el modelo productivo de interdependencia global. Las cadenas de valor y producción muy estiradas podían romperse con facilidad en algún eslabón, descomponiendo todo el proceso de negocio. Las empresas internacionalizadas -conscientes del riesgo- comenzaron lentamente a reducir la exposición de sus cadenas de valor y suministro antes de la llegada de la COVID-19. La pandemia dejó al descubierto las vulnerabilidades de la globalización para el tejido productivo de las economías occidentales. En un mundo que depende de complejas redes, cualquier tensión transnacional amenaza la relación de las empresas fuertemente deslocalizadas con sus proveedores, clientes, fábricas y suministros, así como complica la gestión logística, provocando una parálisis general que se contagia por todo el sistema.

En el año 2020, el Bank of America Global Research anunciaba que el fenómeno de la recolocación de empresas era imparable y que terminaría provocando cambios tectónicos en la economía mundial. Las encuestas realizadas por dicho banco sorprendieron a los analistas por la fuerza de los movimientos previstos en las cadenas de suministro y valor globales. Más del 80 % de las empresas estadounidenses encuestadas tenían planes de relocalización.[5] Muchas querían empezar a volver a casa y China es de donde quieren salir la mayoría.[6] El cambio será lento, acaba de iniciarse, pero dentro de una década la mayoría de los sectores productivos punteros lo habrán completado.

La COVID-19 ha provocado una aceleración de tendencias que estaban ya presentes. El desenganche de la globalización, la automatización y digitalización, la apuesta por la reducción de gases efecto invernadero eran movimientos que ya estaban presenten, pero que se dispararán exponencialmente. El futuro -la “nueva normalidad”- está afectado por nuevos posibles bloqueos debido a diferentes razones que perjudicarán especialmente a la RPC. China se ha convertido en la principal -o incluso la única- fuente de producción de recursos básicos y de carácter estratégico, entre ellos los suministros sanitarios y material médico.

Durante los últimos años, se ha podido comprobar como suministros tan sensibles frente a una pandemia y, al mismo tiempo, tan sencillos y fáciles de producir, como las mascarillas, los equipos de protección personal, los respiradores y, en general, equipo médico y farmacéutico, no estaban disponibles y no podían fabricarse a tiempo en las cantidades demandadas. Demasiadas cosas importantes las produce casi exclusivamente China y, por supuesto, determina las prioridades de su suministro.

La RPC se ha convertido en la mayor fuente de importaciones de todas las regiones económicas centrales. No obstante, lo más importante es que, para la mayoría de estas importaciones, China es el productor dominante. La fábrica del mundo es la RPC y todo lo que pueda afectarla se traslada de forma inmediata y multiplicada a las economías más avanzadas, con las que compite por el dominio tecnológico. La excesiva dependencia de China es un riesgo añadido a las posibles nuevas restricciones de la movilidad, además de un grave riesgo estratégico.

La dependencia de la RPC es un peligro grave para Estados Unidos y la UE, que han puesto en marcha iniciativas y planes para favorecer el regreso de sus empresas. En julio de 2020, el presidente del Consejo de Seguridad Nacional, Robert O’Brien, puso en marcha la iniciativa conocida como «Back to the Americas» (Regreso a las Américas), que ofrece incentivos financieros a las empresas estadounidenses que regresen a Estados Unidos o se instalen en Iberoamérica, abandonado Asia, especialmente si proceden de China.

La primera evaluación de los efectos de estas medidas de estímulo para mudar, principalmente de China, empresas estadounidenses estima que las inversiones que se recolocarían en Iberoamérica oscilarían entre 30,000 millones y 50,000 millones de dólares, especialmente en los sectores de infraestructura, energía y transporte. Los términos “nearshoring” y “reshoring” reflejan el sentido de esta nueva deslocalización. Se trata de rediseñar la externalización del proceso de la actividad de las empresas a través de la subcontratación con otras en países más próximos (nearshoring) o en el propio país (reshoring). México es sin duda el país Iberoamericano que reúne mejores condiciones para la relocalización de empresas estadounidenses, seguramente seguido de Colombia y Panamá, pero no son los únicos que podrían favorecerse de esta corriente. La penetración y vigor de empresas o intereses de la RPC en algunos países iberoamericanos será un factor más a tener en cuenta por las empresas inversoras estadounidenses.

En febrero de 2021, el presidente Biden firmó varias órdenes ejecutivas para que las cadenas de suministro en los Estados Unidos sean “más resistentes y seguras para los bienes críticos y esenciales.” La protección afecta a distintos productos, entre ellos los farmacéuticos, los relacionados con los servicios sanitarios, los alimentos -especialmente el pescado-, o los chips. En junio del mismo año, el presidente Biden amplió el alcance de una orden ejecutiva que firmó el expresidente Trump y que vetaba las inversiones en el país de una treintena de compañías chinas por, supuestamente, respaldar los esfuerzos de los aparatos de inteligencia, militares y de seguridad de Pekín. En esta ocasión la nueva lista incorporaba a 59 firmas más del país asiático, incluyendo el gigante Huawei y las tres mayores compañías de telecomunicaciones de la nación.[7] En el año 2022, la presión de Washington sobre Pekín ha seguido creciendo. Por ejemplo, en febrero, otras 33 compañías chinas fueron vetadas, en un movimiento de progresivo desenganche por parte de las empresas tecnológicas estadounidenses de los mercados e inversiones en China, para proteger su propiedad intelectual de una apropiación indebida.

La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos[8] ha tomado la decisión de excluir a las empresas chinas de los mercados estadounidenses si no cumplen los requisitos exigidos en sus auditorías. Desde hace varios años, los administradores de fondos de inversión estadounidenses vienen deshaciéndose de valores de empresas chinas, pero la decisión del regulador ha multiplicado los movimientos de salida. Washington exige pleno acceso a la documentación contable de las compañías chinas que cotizan en sus mercados, pero Pekín prohíbe la inspección extranjera de los documentos de sus empresas.

Los mercados de activos financieros se han visto afectados por los cambios normativos y las posibles restricciones a la cotización o inversión en empresas chinas. Las acciones de las compañías chinas han sufrido desplomes inmediatos en su precio para, posteriormente, recuperarse en función del riesgo de ser sancionadas. Conocer el impacto que la inversión estadounidense puede tener sobre los valores chinos ayuda a entender la dimensión del problema. Goldman Sachs estima que los inversores institucionales estadounidenses mantienen alrededor de 200,000 millones de dólares en certificados ADR[9] (American Depositary Recipts) de compañías chinas altamente expuestas.[10]

Por su parte, la Comisión Europea pedía a los Estados miembros la adopción de mecanismos más robustos para proteger las empresas europeas que, en este momento de crisis, podrían ser adquiridas por empresas chinas a precios de saldo. En ese sentido, les solicitaba que estuvieran alertas para frenar las compras extranjeras de activos estratégicos que pudieran ser vulnerables, deteniendo las compras de empresas europeas por parte de empresas estatales o con subvenciones y ayudas de otros Estados. Estas medidas de defensa son un escudo contra los intereses de las empresas chinas de controlar sectores clave en la UE.

La COVID-19 concientizó a los Estados y bloques regionales de la necesidad de garantizar su cadena de suministros y reducir su dependencia del exterior en sectores estratégicos. La excesiva dependencia de la RPC no garantizaba el necesario suministro de los medios necesarios para afrontar la pandemia y, además, tampoco su oportuna entrega en el tiempo. Adicionalmente, China -como la gran ganadora de la globalización- manifestaba cada vez con más contundencia su asertividad revisionista y su voluntad de reconfigurar las normas y los estándares políticos, tecnológicos y productivos de la naciente cuarta revolución industrial. Por lo tanto, la interdependencia había llegado demasiado lejos. La necesidad de disponer de un soporte industrial suficiente para garantizar el oportuno suministro de componentes, a veces complejos y otras extremadamente simples, requería considerar la suficiencia estrategia nacional y regional. China no podía seguir siendo la fábrica de todo y la fábrica de todos.

Además, el PCC ha sostenido, desde el comienzo del entonces denominado ascenso pacífico, una disposición a utilizar las conexiones internacionales para vulnerar, a su favor, las normas de regulación de los intercambios. El PCC consiguió incorporarse a la globalización para, desde dentro, parasitar gradualmente el sistema, con el objetivo de reforzar su poder dentro y fuera de China. La RPC, sistemáticamente, ha incumplido los principios de los mercados globales para aumentar su competitividad, ventaja y desarrollo.

La actitud de la RPC era evidente desde el principio. Su carácter revisionista también. La clara ambición de la RPC y sus fórmulas de incumplimiento no impedían que las empresas occidentales considerasen atractivo invertir en el país por los grandes beneficios que podían obtener. Gran parte de la financiación de la base económica y tecnológica de China procede de las empresas y consumidores occidentales, que entendieron rentable hacer negocios y comerciar con un Estado dominado por un partido comunista, con un modo chino particular de entender el socialismo.

Desde el año 2017, la situación de desequilibrio competitivo entre las grandes potencias, consecuencia de los perspicaces mecanismos de incumplimiento y penetración opresora de la RPC, empezó a considerarse como una amenaza geopolítica y geoeconómica inaceptable. Entonces, comenzó a plantearse la única solución posible a la “Weaponisation of Everything[11] o guerra política del PCC: el desacople progresivo de las economías y los intercambios. Evidentemente, la guerra de Ucrania, de forma inesperada, ha acelerado la anunciada inclinación de desconexión global.

Comprender el movimiento de desconexión no significa, necesariamente, para Iberoamérica acompañarlo más allá de sus intereses. Indudablemente, es una oportunidad para revisar los riesgos, especialmente los relacionados con el control de las telecomunicaciones, infraestructuras críticas, el sector energético o cualquier otro sector identificado como estratégico. No obstante, el ritmo, momento y necesidad de otros no necesariamente debe adoptarse miméticamente.

Los Conflictos de Conectividad

La conectividad, guste o no, es un arma de doble filo. Mark Leonard en su libro The Age of Unpeace: How Connectivity Causes Conflict afirma que lo imprevisto ha llegado.[12] Los flujos de la globalización, que durante mucho tiempo se interpretaron como mecanismos eficaces para reforzar las relaciones pacíficas, la ampliación del libre mercado y el desarrollo democrático en países iliberales o totalitarios, se han convertido en un grave peligro para la estabilidad, el orden basado en reglas y la ampliación de los espacios de paz y libertad.

La interdependencia no ha promovido la democratización en China ni la reducción de la ambición de dominio ruso de su exterior próximo, no ha modulado su revisionismo ni reducido las posibilidades de conflictos en su entorno. En oposición a lo generalmente esperado, el aumento de las interrelaciones con la RPC y Rusia ha propiciado la era de la no paz, donde la línea entre la guerra y la paz es cada vez más difusa. “En lugar de eliminar las tensiones, la conectividad ofrece nuevos medios para competir y entrar en conflicto.”[13]

El aumento de los vínculos y los flujos entre Estados y regiones muestra una situación en la que cualquier forma de relación puede usarse como un arma de ataque que, inicialmente, parece no solo inofensiva sino, incluso, atractiva para promover un espacio más pacífico y colaborativo. Realmente, no hay diferencia entre los mecanismos que promueven el mutuo beneficio y los utilizados para alcanzar una posición de dominio. La seguridad nacional se complica cuando es más difícil identificar las amenazas. La actividad económica, comercial, financiera, cultural, científica y tecnológica son también poderosos instrumentos bélicos con gran potencial disuasivo y de respuesta para condicionar el comportamiento de los actores internacionales al margen del respeto a las normas internacionales.

Los conflictos de conectividad son más frecuentes, efectivos y letales que las guerras convencionales. Sin embargo, algunos pueden ser incapaces de identificar el daño que están causando. Incluso, pueden sentirse convencidos de que están disfrutando de un privilegiado espacio de pacíficas relaciones, sin descubrir lo que subyace detrás de los negocios, las inversiones y la asistencia de las grandes potencias. Al respecto, Mark Leonard invita a reconocer el nuevo arsenal de armas que proporciona la interconectividad de la globalización para el unilateralismo competitivo. Cuando los Estados descubren que otros empezaron hace tiempo a utilizar los lazos de pacífica relación como armas de penetración, influencia y dominio, puede ser demasiado tarde para ordenar la defensa. Por lo tanto, los nuevos campos de batalla serán las zonas del mundo más sólidamente interconectadas donde no exista una potencia rectora aceptada. Esta idea la sostiene también Mark Galeotti en su nuevo libro The Weaponisation of Everything: A Field Guide to the New Way of War.[14]

La interdependencia del mundo con la RPC ha permitido al PCC ampliar el campo de batalla, hasta desplazarlo tanto como para que no sean necesarias las batallas decisivas protagonizadas por grandes ejércitos y armadas. La futura supremacía no se dilucidará en una batalla aeronaval en el mar del sur de China o en el estrecho de Taiwán. La RPC aspira, con su guerra política, a convertir el desarrollo científico y tecnológico junto con el control de las cadenas de producción y suministros en el centro de gravedad de la disputa entre grandes potencias, explotando las vulnerabilidades del sistema. El modelo chino se podría identificar en inglés como weaponization of interdenpendence.[15]

A principio del año 2022, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés)[16] ha comenzado a ser una realidad, convirtiéndose en el mayor tratado de libre comercio del mundo, formada por países de Asia-Pacífico, entre los que se encuentran Australia, Brunéi, Camboya, China, Japón, Laos, Nueva Zelanda, Tailandia, Singapur, Vietnam, Corea del Sur, Myanmar y Filipinas.[17] La nueva Asociación representa un mercado de unos 2,300 millones de personas, el 30% de la población y cerca del 25 % del comercio mundial en la región con mayor crecimiento económico. La RCEP incrementará las oportunidades comerciales de exportación de la RPC en Asia-Pacífico en perjuicio de Estados Unidos. Es difícil cuestionar que el impacto del tratado RCEP en la región será mucho mayor que la alianza estratégica entre los Estados Unidos, Japón, India y Australia, conocida como “Quad”, o el AUKUS, que vincula al Reino Unido, Estados Unidos y Australia. El RCEP permitirá a la RPC, la gran ganadora con el acuerdo, practicar la paciencia estratégica porque el tiempo juega a su favor en la región.

Los incesantes esfuerzos de la RPC para impulsar el crecimiento y la maduración de la base industrial y tecnológica nacional tienen importantes implicaciones para la modernización del Ejército Popular de Liberación (EPL). Los objetivos de modernización militar han estado en consonancia y subordinados a las aspiraciones más amplias de desarrollo nacional, formando parte de ellas. Los dirigentes del PCC han vinculado directamente el ritmo y la escala de la modernización del EPL con el desarrollo general del país. En los próximos lustros, La centralidad del desarrollo científico y tecnológico en los objetivos de desarrollo de la RPC otorgará mayor peso a los requerimientos de nuevos sistemas de armas de última generación, vinculados con la Inteligencia Artificial, el internet de las cosas, la robótica, la automatización, la nanotecnología y la computación cuántica.

Es posible que para la RPC el cambio de percepción en el resto del mundo, provocado por la COVID-19 y sus secuelas económicas y logísticas, deje al descubierto alguno de sus previstos desarrollos y altere la estimación de los tiempos en su proceso de dominio geoeconómico y geotecnológico. En cualquier caso, la RPC ha desarrollado estrategias y fuerzas que le permiten coaccionar, someter o atacar a países aliados o socios de los Estados Unidos en el Pacífico occidental y en el Índico. Al mismo tiempo, la RPC se manifiesta cada día más segura en su capacidad de asumir o gestionar los riegos y costes potenciales que se puedan derivar de sus acciones.

Los peligros de la hiperconectividad están polarizando a las sociedades en burbujas llenas de barreras para competir entre sí, especialmente en las naciones que aspiran a la hegemonía. La globalización ha proporcionado un nuevo arsenal de armas para la competencia entre grandes potencias. Los países ahora libran conflictos manipulando las mismas cosas que los unen, utilizando sanciones, boicots, controles de exportación, aranceles o prohibiciones de importación con fines políticos.

No obstante, la militarización de la interdependencia va mucho más allá del comercio. Las vacunas durante la COVID-19 han podido ser también un arma de injerencia en los países menos favorecidos. Los frentes de las infraestructuras estratégicas, las comunicaciones, la información, el desarrollo tecnológico, la preservación del medio ambiente, las corrientes migratorias e, incluso, la lucha contra las emisiones de gases invernadero son también nuevos campos de batalla donde, aparentemente, no es necesario el derramamiento de sangre para ejercer presión política y alcanzar los objetivos establecidos doblando la voluntad del oponente. La zona gris se expande en espacios que en otro momento no se identificaron claramente como áreas de competencia geopolítica.

Paradójicamente, la mejor manera de unir al mundo es dejar un espacio suficiente para que una necesaria distancia permita garantizar vínculos seguros y ordenados por normas recíprocamente aceptadas. El desenganche de la globalización, tal como se venía entendiendo, es un capítulo que es preciso estructurar para preservar la seguridad de las interconexiones, sin alimentar una peligrosa dinámica de desconfianza y miedo.

La guerra de Ucrania es una clara expresión de como incidir en la zona gris con mecanismos que, sin convertir a los países occidentales en beligerantes, les permite fortalecer y sostener la resistencia ucraniana, buscando debilitar a Rusia. Mientras Europa abastece de armas y municiones a Ucrania, Rusia sigue abasteciendo de gas y petróleo a los mismos países que apoyan a su enemigo. Ciertamente, Rusia intenta mantener sus fuentes de ingresos de exportaciones para financiarse, pero, al mismo tiempo, como elemento de presión sobre los países de Europa que todavía siguen necesitando imperiosamente el suministro ruso.

Prioridades para la Seguridad y Defensa de Iberoamérica en un Escenario de Unilateralismo Competitivo

Priorizar obliga a elegir. Elegir, inevitablemente, implica renunciar. Sin embargo, antes de empezar a declinar es necesario identificar las tendencias predominantes en el contexto mundial, regional y nacional, para evaluar las distintas opciones. Es posible que lo que podamos descubrir no sea agradable, pero es el punto de partida. El unilateralismo competitivo es una forma de expresar la situación que configura el tablero mundial de las próximas décadas. Consecuentemente, la rivalidad entre China y Estados Unidos estructura el mundo y lo seguirá haciendo en el horizonte temporal del 2050. En el panorama geopolítico actual, las interrelaciones impulsadas por la globalización se han descubierto como un arma de doble arista, donde las grandes potencias despliegan sus mecanismos de influencia y dominación.

El desacoplamiento de las grandes potencias puede polarizarse en el futuro lo suficiente como para presionar a los Estados a tomar posición. Este escenario no es favorable a los intereses iberoamericanos. Sostener una posición equilibrada al margen de un excesivo compromiso y dependencia estratégica de las grandes potencias impone una apuesta por la diplomacia como instrumento de reconfiguración del disputado sistema de gobernanza mundial. Para las repúblicas iberoamericanas, disponer de mecanismos internacionales que las representen a la hora de diseñar el marco de relación mutuo con las grandes potencias aumentaría su poder de negociación.

Actualmente, las grandes potencias aspiran a conquistar la necesaria superioridad tecnológica para fijar los estándares y bases de desarrollo de la inteligencia artificial, la computación cuántica, la robotización, el internet de las cosas, los sistemas de comunicación y de interconexión, el control de los datos y la información. Llegar primero y definir los requerimientos de partidas otorgará un poder de mercado dominante. Iberoamérica no tiene posibilidad de ser escuchada a la hora de definir los soportes y pilares de desarrollo de las nuevas tecnologías clave en la cuarta revolución industrial que está por llegar. No obstante, si existiese alguna posibilidad de derivar la resolución de las cuestiones técnicas preliminares a las instituciones internacionales que puedan canalizarlas, existiría una mayor garantía de seguridad. En cualquier caso, la seguridad de las infraestructuras críticas, la seguridad energética y la seguridad de los sistemas de comunicación, necesariamente, deben analizarse cuidadosamente antes de adoptar compromisos con sociedades controladas por capitales estadounidenses o chinos.

En el tablero regional, Iberoamérica es una región insuficientemente integrada y sin voz propia. La emancipación de la América española supuso una imprevista destrucción de los vínculos establecidos entre territorios y población durante la monarquía hispana. La patria grande anhelada por los próceres americanos nunca llegó a fraguar. El congreso de Panamá fue un dramático fracaso. Los diferentes procesos superpuestos de integración parcial de las repúblicas iberoamericanas no se han consolidado y en muchos casos han terminado siendo un fracaso. El volumen de comercio interno dentro de los países de la región apenas supera el 15 %, mientras que en la UE supone el 70 %. Sin intereses comunes entre los Estados es muy difícil la construcción de mecanismos de integración que permitan en el futuro la construcción de una verdadera comunidad política.

Los intereses compartidos no solo son económicos. Ningún Estado iberoamericano, ni siquiera Brasil, puede construir un diseño geopolítico propio y, mucho menos, dotarse de las capacidades necesarias para disponer de una geoestrategia propia. La insuficiencia de las partes no anula la posibilidad de pensar en la ventaja de confluir. Precisamente, esta insuficiencia es el origen de esa posibilidad, si pudiera sentirse como necesidad. En un mundo globalizado la dispersión de los débiles no facilita que su voz sea escuchada.

Comenzar es posible con una mayor colaboración diplomática y entre los centros de pensamiento estratégico de los países de la región; también, favoreciendo el intercambio de alumnos entre las escuelas superiores o de comando y estado mayor. Del mismo modo que la UE puso en marcha el programa Erasmus, que permite a los alumnos de todas las universidades de la UE estudiar parte de su carrera en centros universitarios de otros países socios, en Iberoamérica se puede implantar el intercambio de alumnos universitarios entre los centros de toda su geografía. El fruto de esta última iniciativa solo puede esperar recogerse a largo plazo, pero los lazos vitales personales son, sin duda, el soporte más vigoroso para impulsar la unidad de las gentes. En este caso, compartir el mismo idioma, pero mantener un distinto acento, favorece la integración y la profundidad de los efectos del intercambio.

Iberoamérica es la región con mayor biodiversidad del mundo, pero también es la que más rápido la está perdiendo. Brasil es el país con mayor biodiversidad de flora y fauna del planeta. Colombia ocupa el segundo lugar con el 10% de la fauna y la flora del mundo. Ecuador, siendo un país pequeño, tiene más especies de plantas por kilómetro cuadrado que cualquier otro país de Iberoamérica. México, Venezuela y Perú también se encuentran en la lista de países megadiversos debido a su privilegiada posición geográfica, la variedad de climas y su compleja topografía.[18]

Alicia Bárcenas, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, ha resaltado que uno de los mayores desajustes de los mercados internacionales es su incapacidad para otorgar visibilidad económica al capital natural y los ecosistemas. El valor de la biodiversidad no se refleja en precios porque no cotiza en ningún mercado. “El capital natural es un activo y un bien económico que reduce riesgos y aumenta la resiliencia frente a choques externos como el cambio climático.”[19] La falta de visibilidad del valor real del medio natural no favorece que el sistema de producción global identifique los costos que genera por los costes externos de su actividad. “El resultado es que, de forma indirecta, el patrimonio natural de Iberoamérica esté subsidiando a los países más desarrollados, sin cobrar por los costos o impactos en la naturaleza, exportando barato las riquezas y quedándose con los daños.”[20]

Por otra parte, el valor de los inmensos recursos naturales iberoamericanos necesita ser protegido de las explotaciones y tráficos ilegales. Los delitos más importantes contra el medio ambiente perpetrados por las organizaciones criminales transnacionales son: (1) Explotación forestal y deforestación ilegales, (2) Pesca ilegal, (3) Minería ilegal y comercio ilegal de minerales, (4) Contaminación con residuos tóxicos y peligrosos, y (5) Caza furtiva y comercio ilegal de fauna y flora silvestres. En ese sentido, los Estados iberoamericanos necesitan dotarse de leyes que permitan una adecuada protección del medio ambiente y la persecución de los delitos relacionados con su explotación abusiva y fuera de control. En no pocas ocasiones, las penas no son suficientes para atajar la gravedad de la amenaza para el patrimonio natural del continente, que es también del mundo. En muchas ocasiones, no se considera el peligro que supone la participación de la delincuencia organizada en estos delitos, que permiten su financiación. Tampoco se valora suficientemente el impacto sobre el desarrollo ambiental, económico y social de los países y las comunidades locales.

Las estrategias para la explotación ilegal de recursos naturales son cada vez más sofisticadas, y están asociadas a los métodos más desarrollados de blanqueo de dinero. La delincuencia internacional organizada que comete estos delitos contra el medio ambiente puede también participar en el narcotráfico, utilizar la violencia para imponer sus prácticas, favorecer la corrupción, ejercer el control del territorio y la población, destruir la convivencia pacífica en las regiones donde la presencia institucional es insuficiente, y terminar convirtiéndose en la más grave amenaza para la seguridad del Estado.

La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito estima que los fondos ilícitos generados por las actividades criminales y delictivas en el mundo representan un 4 % del PIB mundial. [21] Interpol y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente consideran que los delitos medioambientales son la tercera actividad delictiva más importante del mundo, tras el tráfico de drogas y la falsificación. En el año 2018, estos crímenes ambientales representaron beneficios de hasta 281,000 millones de dólares. El dato sería suficiente para adoptar medidas, pero además el peligro se acentúa por el elevado ritmo de crecimiento de estas actividades ilegales, entre un 5 y un 7 % anual; es decir, entre dos y tres veces el ritmo del crecimiento económico global.[22]

La cantidad de dinero a disposición de las organizaciones internacionales criminales pude superar el PIB de varios Estados iberoamericanos. Los recursos financieros a disposición de las mafias pueden servir para permear las instituciones del Estado por medio de la corrupción, perpetuando sus negocios y facilitando su blanqueo. Asociados a estos inmensos negocios aparece la violencia, y el número de asesinatos se dispara. “La ausencia de autoridad, el déficit de control institucional, la multiplicación de los grupos de crimen organizado y de actividades económicas ilícitas, también amenazan los recursos naturales estratégicos de la Nación y su desarrollo futuro.”[23]

La importancia y gravedad de la amenaza del crimen transnacional requiere una acción global concertada por las muchas interrelaciones que existen y por la creciente complejidad de las redes criminales. La colaboración regional entre los distintos Estados es imprescindible para evitar los tránsitos y controlar el tráfico en las fronteras. La dificultad del control fronterizo en los países del área requiere una importante inversión continuada y, posiblemente, la colaboración de las fuerzas armadas con las autoridades civiles. Colombia es el país más afectado por estos problemas, por lo que parece oportuno que su política de seguridad y defensa aborde está oscura agresión a la soberanía nacional.

La Política de Defensa y Seguridad (PDS) para la legalidad, el emprendimiento y la equidad del ministerio de defensa de Colombia, publicada en el año 2019, es una acertada apuesta innovadora, que aspira a implementar un modelo de colaboración eficaz entre los diferentes recursos, organizaciones e instituciones del Estado, de la sociedad civil y de la ciudadanía para reunir los diferentes esfuerzos en la construcción de un proyecto de defensa nacional acorde con una aproximación integral a la complejidad de las amenazas.[24] La PDS introduce como interés nacional principal y prevalente el agua, la biodiversidad y el medio ambiente. Sin duda, Colombia, el segundo país del mundo en términos de biodiversidad, no puede aceptar que en la pasada década se desforestaran más de un millón de hectáreas, una gran parte para la siembra de cultivos ilícitos. Evidentemente, la principal amenaza a la seguridad, también la medioambiental, son los espacios vacíos de institucionalidad o con precaria institucionalidad.

El valor estimado por la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos de la madera comercializada ilegalmente en el mundo ascendería a una cantidad que oscilaría entre los 50,000 y los 150,000 millones de dólares en el año 2021. Las ganancias pueden ser importantes como para que Interpol destaque que pueden ser utilizadas para financiar conflictos en algunas partes del mundo.[25] La tala ilegal es un delito tan importante como para que InSight Crime en colaboración con el Centro de Estudios Latinoamericanos y Latinos de American University hayan dedicado dos años a su investigación en Colombia, Honduras, México, Panamá y Perú. Los detalles y datos que ofrecen los informes publicados son muy preocupantes y su lectura puede ayudar a entender la dimensión del problema.[26] En el caso de Perú, que no es el único, la madera talada ilegalmente tiene como destino la RPC. Pucallpa, capital de Ucayali, es el principal centro de tráfico de madera de Perú.[27] El informe de InSight Crime permite descubrir el complejo entramado que existe detrás de este negocio delictivo.

Por otro lado, entre los 15 países del mundo con mayor superficie marina bajo su jurisdicción hay tres iberoamericanos. Argentina debería ser el cuarto, pero el Reino Unido ocupa las islas Malvinas, las islas Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, que figuran reconocidas como territorios dependientes y no autónomos. Brasil, Chile y México cuentan con más de tres millones de kilómetros cuadrados de superficie marina dentro de su Zona Económica Exclusiva (ZEE). El caso chileno es especialmente relevante porque la extensión de su zona de influencia en el mar es cinco veces superior a su territorio. Además, el área marítima de responsabilidad nacional de Chile en la búsqueda y salvamento marítimo (área SAR) supera los 26 millones de Kilómetros cuadrados, superficie equivalente a todo el continente africano. Chile es el quinto país del mundo con un área SAR más extensa.[28]

Ecuador merece también ser destacado porque cuenta con una superficie marina bajo su jurisdicción que se acerca a 5 veces su superficie terrestre. Además, Ecuador aspira a expandir sus aguas 150 millas más allá de su actual ZEE, amparándose en los derechos que le concedería el reconocimiento de una plataforma continental más amplia. Para ello, necesita probar, mediante estudios técnicos y científicos, que la plataforma continental es tan amplia como reclama. Si lo consigue, todas las aguas entre el continente y las islas Galápagos quedarían bajo jurisdicción ecuatoriana. Al respecto, Ecuador y Costa Rica han presentado ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU los estudios previos relacionados con las cordilleras submarinas de Carnegie y Cocos, que fundamentarían sus derechos de ampliación de aguas jurisdiccionales.[29] El éxito ecuatoriano y costarricense sería un importante avance para proteger la rica biodiversidad de un espacio único en el mundo, amenazado por la sobrepesca, especialmente china.[30]

La primera campaña de pesca en aguas lejanas de la RPC registrada en Iberoamérica fue en el año 2001, movilizando un total de 22 embarcaciones. En el año 2015, el número de barcos de pesca chinos superaba los 250 y, al final de la década, superaba los 500.[31] La mayor parte de esta inmensa flota se sitúa en la milla 201 fuera de la ZEE de los países. La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada es un grave problema que afecta no solo a la conservación, sino también al desarrollo y la seguridad. En el año 2017, Global Financial Integrity[32] publicó un informe titulado Transnational Crime and the Developing World, en él estimaba que la pesca ilegal generaba unos ingresos estimados de entre los 15,000 a 36,000 millones de dólares.[33] La flota pesquera china es responsable de este tipo de explotaciones ilícitas, aunque no sea fácil demostrarlo. Hay muchos indicadores que, reunidos, apuntan en la misma dirección inculpatoria.

The Global Initiative Against Transnational Organized Crime del año 2019 establece un índice global de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada medido sobre una base de análisis de 40 factores diferentes. La RPC es el Estado con los datos más desfavorables, destacando como el gran campeón de la actividad criminal de la pesca.[34] La pesca ilegal y no declarada representa en promedio aproximadamente del 15 al 35 % del volumen total de producción pesquera, lo que equivale a entre 12 y 28 millones de toneladas de pescado. [35] Las prácticas predatorias de la flota de pesca de altura de la RPC son una grave amenaza para la preservación del medio natural.[36] La actual situación podría cambiar si en la ONU avanzase el proceso de aprobación del acuerdo internacional para la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional.

Las zonas de mar situadas fuera de la jurisdicción nacional representan casi dos tercios de la superficie de los océanos y la mitad del planeta. Los esfuerzos realizados por el sistema de las Naciones Unidas para regular la protección de esta importante parte del planeta comenzaron hace 15 años, pero todavía no han terminado de fructificar. No obstante, desde el año 2019, existe un borrador de proyecto para que el derecho internacional pueda regular la protección de intereses globales en alta mar y en sus fondos marinos.[37] Retomar el proceso de aprobación del acuerdo es de vital importancia para preservar la biodiversidad en las aguas que rodean Iberoamérica. El nuevo tratado identificaría los requisitos básicos necesarios para la inspección y administración de los daños provocados por la explotación de recursos en aguas internacionales, facilitaría la ampliación de áreas marinas protegidas por países ribereños y sostendría las capacidades necesarias para que los países en desarrollo pudieran proteger el uso sostenible de alta mar.

Ecuador, Costa Rica, Panamá, Colombia, Perú, Chile y Argentina, con un adecuado instrumento de derecho internacional, estarían en disposición de solicitar el apoyo internacional para evitar la sobre pesca o la pesca ilegal más allá de la milla 201. Ahora bien, la legalidad no es suficiente si no se disponen de los mecanismos y capacidades necesarias para vigilar e imponer las normas internacionales. Las armadas y servicios de guardacostas iberoamericanos necesitan disponer de suficientes buques patrulleros en las costas y en las aguas profundas del océano. También es imprescindible contar con un número adecuado de buques hidrográficos y de investigación para poder vigilar y hacer un seguimiento de los caladeros, que permita ejercer una explotación sostenible de los inmensos recursos pesqueros de la región.

Sin duda, la opinión pública es, cada día, más sensible a los delitos contra el medio ambiente. La protección del patrimonio natural de las repúblicas iberoamericanas es una demanda de unas sociedades cada vez más concientizadas sobre la importancia de los recursos y el valor de la inmensa biodiversidad de la región. Al mismo tiempo, la protección de esta riqueza natural está asociada con la persecución de las organizaciones criminales internacionales que, diversificando sus negocios ilícitos, han desembarcado desde el narcotráfico a la explotación ilegal de los recursos forestales, mineros, pesqueros y el comercio irregular de fauna y flora silvestres. La dificultad de controlar el respeto de la legislación en espacios amplios, alejados de los centros de población, inhóspitos en muchas ocasiones, y de difícil acceso, unido a la militarización de los grupos del crimen transnacional, obliga a la movilización de las instituciones militares para conseguir una eficaz y coordinada persecución del delito.

En mayo de 2022, se presentó en Bolivia el Comando Conjunto de Reacción a Emergencias Adversas de las fuerzas armadas. Simultáneamente, se promulgaba el Plan Nacional 2022 de Prevención y Lucha Contra los Incendios denominado “En Defensa de la Vida y el Medio Ambiente.[38] El comando conjunto dirige seis comandos regionales que dispondrán de aeronaves de la fuerza aérea, buques fluviales de la armada, equipos del Servicio de Búsqueda y Rescate y medios del ejército. La misión de este nuevo comando será responder, limitar y prevenir los riesgos por desastres de orígenes naturales o provocados por la acción humana.

La nueva organización militar boliviana tiene su antecedente en la Unidad Militar de Emergencias (UME) española. La UME fue creada en octubre de 2005. En su momento, fue muy controvertida, por lo que suponía sostener con presupuesto del Ministerio de Defensa una unidad conjunta con misiones no estrictamente militares. Con el paso del tiempo, la UME se ha convertido en la unidad de primera intervención de las fuerzas armadas para responder a emergencias y catástrofes. La campaña anual de lucha contra los incendios forestales es una aportación fundamental para preservar el patrimonio medioambiental español, uno de los más ricos de Europa. El prestigio de la UME ha desbordado todas las previsiones, contribuyendo destacadamente al hermanamiento de la sociedad con su ejército. La UME ha cumplido de forma sobresaliente su misión de asistencia y al mismo tiempo ha fortalecido la identificación de la sociedad española con sus fuerzas armadas.

Reforzar la confianza social en el ejército es una tarea constante que tiene un refuerzo especialmente relevante cuando la población descubre que, en los momentos difíciles, su ejército está dispuesto y preparado para llegar donde otros han sido desbordados. La defensa del rico patrimonio natural terrestre y marítimo junto con el apoyo en situaciones de catástrofes naturales es una forma efectiva de contribución militar a la protección de la población y los recursos, y al mismo tiempo un mecanismo de control del territorio y persecución de los delitos asociados al crimen internacional.

Conclusiones

Las sombras de la globalización son alargadas y oscuras. El inmenso incremento de la riqueza mundial que ha generado la apertura de los mercados mundiales, las cadenas internacionales de valor, la interconexión de las economías reales y financieras, los movimientos migratorios y el aumento del tamaño de los mercados, no ha venido acompañado de un sistema de gobernanza internacional de mayor fuerza. Muchas veces, se ha leído y escuchado que, en estos momentos, se vive una situación de competencia entre las grandes potencias. Sin embargo, es posible que no se haya considerado qué supone exactamente. Competencia entre las grandes potencias es una forma suave y ambigua de denominar la disputa por el dominio mundial entre los más poderosos, que nace de un mundo multipolar donde los grandes ejercen un unilateralismo competitivo para imponer cada uno sus propias normas y estándares. El estado actual del mundo ha disuelto las barreras entre la seguridad y los negocios.

La tendencia dominante de desacople de las interdependencias es nueva, pero podía haberse anticipado como inevitable. La guerra política, que algunos ahora identifican como estrategia hibrida, es un modo geoestratégico de disputa por el dominio geoeconómico y geotecnológico, donde cada uno de los Estados iberoamericanos puede ser una pieza clave a favor de uno de los competidores por la hegemonía. Es posible que, si se subestima la amenaza, sea demasiado tarde para algunas repúblicas iberoamericanas deshacer una situación de dependencia excesiva para su soberanía e independencia. La interdependencia desafiante puede imponer un discurso peligroso para las naciones que no dispongan de un Estado suficientemente fuerte como para sostener el peso de su soberanía en un mundo interconectado.

La rivalidad entre China y Estados Unidos estructura el mundo, aunque la atención ahora se concentre fundamentalmente en Ucrania. Es posible que la aspiración a obtener ventaja por parte de una gran potencia amenace a los actores internacionales con insuficiente capacidad de respuesta a la progresiva penetración de los más poderosos. La influencia de la RPC o de los Estados Unidos no necesita estar relacionada con el ejercicio coactivo de la fuerza. The Weaponisation of Everything, es decir, el uso de cualquier tipo de interrelación para ejercer presión sobre los países iberoamericanos y condicionar sus decisiones soberanas, se ha convertido en una grave amenaza. El tiempo, es muy posible, que acentué en las próximas décadas la pugna por el predominio global, tanto como para que la intimidación para inducir a tomar partido en la contienda llegue a ser difícil de soportar.

Tomar partido supondría para los Estados iberoamericanos una elección asociada a una pérdida de oportunidades. China y los Estados Unidos son, ambos, sustanciales socios. La obligación de bascular en un sentido u otro, impuesta por un desajustado equilibrio en las relaciones, supondría el cierre de ventanas de oportunidad para los países iberoamericanos. En esta ineludible disputa por mantener la soberanía, la fragmentación política de la región juega en su contra. Sin una visión iberoamericana integrada, la región no podrá disponer de criterio geopolítico ni de fuerza geoeconómica para hacer valer su peso. La vida no se reduce a hechos, sino que la posibilidad como tal es un ingrediente esencial suyo. Paradójicamente lo más característico y original de la realidad histórica de las repúblicas iberoamericanas es no consistir primariamente en un territorio. Mucho antes de la existencia de alguna república, Iberoamérica era considerada como una única realidad. Una realidad vinculada al legado de la España del otro lado del Atlántico. Así lo entendieron Francisco de Miranda, Simón Bolívar, San Martín y Artigas. Así lo entendieron también los soldados y generales realistas que contra ellos lucharon.

Iberoamérica es el continente con mayor biodiversidad del mundo. Para todos los países iberoamericanos es especialmente importante la protección de su patrimonio natural. La magnitud de la amenaza requiere la implicación de organizaciones internacionales y la colaboración estrecha de los países de la región.

Todavía no se visualiza suficientemente la importancia de las pérdidas provocadas por los delitos contra el medio ambiente. La magnitud de la pérdida de recursos, el blanqueo de dinero, los efectos sobre la criminalidad, o las amenazas a la seguridad del Estado, afectan a todos. Es evidente que existe una conexión entre estas actividades ilícitas contra el medio ambiente y la financiación de las organizaciones criminales internacionales, el terrorismo y las organizaciones subversivas, como las FARC residuales, o el ELN en Colombia. Las fronteras entre los países iberoamericanos no pueden ser un obstáculo que impida la lucha combinada y conjunta contra esta amenaza.

El agua, la biodiversidad y el medio ambiente son un interés nacional vital para Iberoamérica. El interés común por defender este patrimonio impone la obligación a las naciones de dotarse de capacidades de actuación contra el delito y las catástrofes de origen natural. Sin embargo, la efectividad de los medios no será suficiente sin acuerdos de colaboración entre los Estados para evitar que los delincuentes dispongan de santuarios seguros, más allá de las fronteras nacionales de los Estados donde perpetran sus crimines.

Finalmente, destacar la importancia que para la sociedad supone la defensa de su patrimonio cultural y natural. La eficaz actuación de las fuerzas armadas en los más remotos y complejos escenarios defendiendo la biodiversidad, protegiendo el medio ambiente, enfrentando las catástrofes de origen natural para minimizar sus efectos y, simultáneamente, combatiendo a las organizaciones criminales transnacionales, es una misión que, sin duda, favorecerá una más venturosa y próxima relación entre el pueblo y sus fuerzas armadas.

Notas Finales:

  1. Marin Saillofest, “La Doctrina China de la Administración Biden”, El Grand Continent (28 de mayo de 2022), https://legrandcontinent.eu/es/2022/05/28/la-doctrina-china-de-la-administracion-biden/
  2. Bernardo de Miguel y Guillermo Abril, “La Comisión Europea reconoce la energía nuclear como verde al menos hasta 2045”, El País (Bruselas: 1 de enero de 2022), https://elpais.com/economia/2022-01-01/la-comision-europea-reconoce-la-energia-nuclear-como-verde-al-menos-hasta-2045.html
  3. ICC News, “REPowerEU: A plan to rapidly reduce dependence on Russian fossil fuels and fast forward the green transition”, Intelligent Cities Challenge (30 de mayo de 2022), https://www.intelligentcitieschallenge.eu/news/repowereu-plan-published-help-cities-accelerate-their-green-transition#:~:text=REPowerEU%20plan%20published%20to%20help%20cities%20accelerate%20their%20Green%20transition,-Home&text=On%20May%2018%2C%20the%20European,considering%20the%20current%20geopolitical%20context.
  4. Discurso del Secretario de Estado, Antony Blinken, pronunciado el 26 de mayo de 2022 en la Universidad George Washington. Disponible en: Marin Saillofest, “La Doctrina China de la Administración Biden”, El Grand Continent (28 de mayo de 2022), https://legrandcontinent.eu/es/2022/05/28/la-doctrina-china-de-la-administracion-biden/
  5. Ben Poole, “Tectonic shifts identified in global supply chains”, Cash & Treasury Management File (11 de febrero 2020), https://ctmfile.com/story/tectonic-shifts-identified-in-global-supply-chains
  6. Los movimientos más importantes los están realizando los sectores de bienes de consumo duraderos, comercio minorista, hardware tecnológico y semiconductores. Los dos primeros están cambiando principalmente por confiar en obtener mejor rentabilidad con la automatización y la robotización. Los dos últimos sectores se están moviendo por la tensión entre Estados Unidos y China, que provoca incertidumbre por las posibles sanciones o restricciones políticas.
  7. Redacción BBC, “Estados Unidos vs China: la nueva orden de Biden contra empresas chinas que refuerza la dura posición de Washington con Pekín”, BBC News Mundo (4 de junio de 2021), https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-57364306
  8. La Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) es una agencia reguladora del gobierno federal independiente responsable de proteger a los inversores, mantener el funcionamiento ordenado y justo de los mercados de valores y facilitar la formación de capital. Disponible en: SEC & Regulatory Bodies, “Comisión de Bolsa y Valores (SEC)”, Traders Studio (26 de febrero de 2022), https://traders.studio/comision-de-bolsa-y-valores-sec/?nowprocket=1
  9. Un ADR es un certificado negociable extendido por un banco estadounidense que representa acciones de empresas no estadounidenses que cotizan en alguna de las bolsas norteamericanas. De esta manera, el mecanismo de los certificados ADR permite que haya empresas chinas que emitan acciones directamente en la Bolsa estadounidense.
  10. SEC & Regulatory Bodies, “Comisión de Bolsa y Valores (SEC)”, Traders Studio (26 de febrero de 2022)https://traders.studio/comision-de-bolsa-y-valores-sec/?nowprocket=1
  11. Weaponisation of Everything se puede traducir como la utilización de todas las cosas como arma de guerra política.
  12. Mark Leonard, The Age of Unpeace: How Connectivity Causes Conflict (Londres: Bantam Press, 2021).
  13. Mark Leonard, “La guerra de la conectividad”, Project Syndicate (1 de diciembre 2021), https://www.project-syndicate.org/commentary/connectivity-conflicts-weaponization-of-migration-by-mark-leonard-2021-12/spanish
  14. Mark Galeoti, The Weaponisation of Everything: A Field Guide to the New Way of War (Londres: Yale University Press, 2022)
  15. Henry Farrell y Abraham L. Newman, Weaponized Interdependence: How Global Economic Networks Shape State Coercion (International Security 2019, n.º 44), 42–79, https://direct.mit.edu/isec/article/44/1/42/12237/Weaponized-Interdependence-How-Global-Economic. Weaponization of interdenpendence, no es fácil traducir al español, podría ser algo parecido a militarización de la interdependencia o, quizá mejor, uso de la interdependencia como arma.
  16. La RCEP pretende eliminar los aranceles y cuotas en el 65 % de los productos, que se ampliará al 90 % en 20 años, y otras barreras al libre comercio. El tratado armoniza las normas sobre la propiedad intelectual y aborda la economía digital y el comercio electrónico, pero no contiene regulación sobre los derechos laborales y el impacto medioambiental.
  17. Myanmar y Filipinas aún no lo han ratificado.
  18. El Centro de Seguimiento de la Conservación Mundial (WCMC, por sus siglas en inglés), perteneciente al Programa de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA), ha identificado un total de 17 países megadiversos: Australia, Brasil, China, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, India, Indonesia, Madagascar, Malasia, México, Papúa Nueva Guinea, Perú, República Democrática del Congo, Sudáfrica y Venezuela.
  19. CEPAL Noticias, “CEPAL reafirma importancia de contabilizar el capital natural en América Latina y el Caribe e insta a promover espacios de cooperación regional e interinstitucional en la materia”, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (9 de diciembre de 2021), https://www.cepal.org/es/noticias/cepal-reafirma-importancia-contabilizar-capital-natural-america-latina-caribe-insta
  20. CEPAL Evento, “Conservación y uso sostenible de la biodiversidad para una recuperación sostenible: desafíos y oportunidades de América Latina y el Caribe”, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (8 de marzo de 2022), https://www.cepal.org/es/eventos/conservacion-uso-sostenible-la-biodiversidad-recuperacion-sostenible-desafios-oportunidades
  21. Actualidad, “El dinero del crimen organizado: hágase la luz”, Programa de Asistencia contra el Crimen Transnacional Organizado (5 de noviembre de 2021), https://www.elpaccto.eu/el-dinero-del-crimen-organizado-hagase-la-luz/
  22. News Interpol, “Interpol marks a decade of tackling serious organized environmental crime”, International Criminal Police Organization (23 de noviembre de 2020), https://www.interpol.int/News-and-Events/News/2020/INTERPOL-marks-a-decade-of-tackling-serious-organized-environmental-crime
  23. Gobierno de Colombia, “La Política de Defensa y Seguridad PDS. Para la legalidad, el emprendimiento y la equidad”, Ministerio de Defensa de Colombia (enero 2019), https://www.mindefensa.gov.co/irj/go/km/docs/Mindefensa/Documentos/descargas/Prensa/Documentos/politica_defensa_deguridad2019.pdf
  24. Ibíd.
  25. Delitos, “Delitos Forestales”, International Criminal Police Organization (2021), https://www.interpol.int/es/Delitos/Delitos-contra-el-medio-ambiente/Delitos-forestales
  26. Deborah Bonello, “Cómo los carteles de la droga se colaron en la tala ilegal en México”, Insight Crime (18 de septiembre de 2020), https://es.insightcrime.org/investigaciones/carteles-droga-tala-ilegal-mexico/; Héctor Silva Ávalos, “Los barones de la madera en Catacamas, Honduras”, Insight Crime (18 de septiembre de 2020), https://es.insightcrime.org/investigaciones/barones-madera-catacamas-honduras/; César Molinares y Natalia Moreno, “Cómo los reguladores colombianos se convirtieron en proveedores de madera ilegal”, Insight Crime (18 de septiembre de 2020), https://es.insightcrime.org/investigaciones/reguladores-colombianos-madera-ilegal/; Juan Diego Cárdenas, “Panamá lucha por combatir el tráfico de madera en sus bosques y puertos”, Insight Crime (4 de abril de 2022), https://es.insightcrime.org/noticias/panama-combate-trafico-de-madera-bosques-puertos/
  27. A los madereros se les daba la orden de que buscaran y cortaran “shihuahuaco” y “estoraque,” como se conocen en Perú a las especies Dipteryx micrantha y Myroxylon balsamum, maderas tropicales apetecidas para la construcción de pisos y terrazas, especialmente por los importadores del mayor socio comercial de madera de Perú: China. Disponible en: James Bargent, “Los Patrones y sus patrones en Ucayali, Perú”, Insight Crime (18 de septiembre de 2020), https://es.insightcrime.org/investigaciones/patrones-ucayali-peru/
  28. Francisco Pablo García-Huidobro Correa, et al., Horizonte en el Pacífico: Visión Oceánica de la Armada de Chile, (abril de 2019), https://www.armada.cl/custom/radio_naval/libros/libro_horizonte.pdf
  29. Las cordilleras submarinas de Carnegie y la de Cocos son dorsales del océano Pacífico entre las costas de Ecuador y las islas Galápagos, y están sujeta a la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU.
  30. En el año 1984, el archipiélago de las Galápagos fue declarado por la UNESCO como Reserva de la Biósfera por albergar a cientos de especies de flora y fauna que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo. La corriente Humboldt, también llamada corriente de Perú, que viaja de sur a norte, desde el tercio superior de Chile hasta los límites entre Perú y Ecuador, es responsable de la gran riqueza marina de las aguas del Pacífico Oriental Iberoamericano. En las islas Galápagos, además de la corriente de Humboldt, concurren la corriente de Cromwell, que viene desde la costa occidental del archipiélago, y la corriente cálida de Panamá, que procede del noreste. Esta convergencia de aguas propicia una biodiversidad inigualable, que permite una exclusiva mezcla de ecosistemas. En las islas Galápagos podemos ver convivir especies de aguas frías con especies tropicales. Disponible en: Noticias, “Reserva marina de Galápagos”, Ecuador Galápagos Info (2022), https://ecuadorgalapagosinfo.com/reserva-marina-galapagos/
  31. Marcos Kisner Bueno, “La flota pesquera china y su impacto sobre las pesquerías”, Alerta Economica (21 de mayo de 2021), https://alertaeconomica.com/la-flota-pesquera-china-y-su-impacto-sobre-las-pesquerias/
  32. Global Financial Integrity (GFI) es un think tank con sede en Washington, DC. que produce análisis de los flujos financieros ilícitos, asesora a los gobiernos de los países en desarrollo sobre soluciones políticas efectivas y promueve medidas de transparencia como un medio para el desarrollo global, a fin de combatir las actividades ilícitas y promover la seguridad.
  33. Channing Mavrellis, “Transnational Crime and the Developing World”, Global Financial Integrity (27 de marzo de 2017), https://gfintegrity.org/report/transnational-crime-and-the-developing-world/
  34. GI Historia, “Catalyzing the Building Blocks of a Global Strategy”, Global Initiative Against Transnational Organized Crime (2022), https://globalinitiative.net/about-us/our-story/
  35. Miren Gutierrez y Guy Jobbins, “China’s distant-water fishing fleet: scale, impact and governance”, Overseas Development Institute (2 de junio de 2020), https://www.odi.org/publications/16958-china-s-distant-water-fishing-fleet-scale-impact-and-governance
  36. A principio de julio de 2020, la Armada ecuatoriana publicó un boletín alertando de la presencia de una formidable escuadra pesquera china, de unos 260 barcos, faenando en el límite de la zona económica exclusiva (ZEE) próxima al archipiélago ecuatoriano de las Galápagos. A final de mes, el número de barcos superaba los 340, en su mayor parte arrastreros. Disponible en: Noticias, “Armada de Ecuador”, Gobierno de Ecuador (2022), https://www.armada.mil.ec/?p=48604
  37. Proyecto de texto de un acuerdo en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar relativo a la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional. Disponible en: Víctor Luis Gutiérrez Castillo y Carlos Soria Rodríguez, “Hacia un nuevo acuerdo internacional que proteja la biodiversidad en alta mar”, The Conversation, (15 de agosto de 2021), https://theconversation.com/hacia-un-nuevo-acuerdo-internacional-que-proteja-la-biodiversidad-en-alta-mar-165850
  38. Nota de Prensa, “FF.AA. inician tareas de prevención y atención a emergencias en el país ante posibles desastres naturales por incendios y otros eventos”, Ministerio de Defensa de Bolivia (12 de mayo de 2022), https://www.mindef.gob.bo/mindef/node/4569

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú

Imagen: CEEEP

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