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Terrorismo Transnacional en América Latina

Este artículo forma parte del libro Desafíos y Amenazas a la Seguridad en América Latina.


Resumen

Tras los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001 sufridos por los Estados Unidos, la comunidad internacional despertó ante lo que muchos politólogos e historiadores calificaron como el “caos multipolar.” Dos décadas después, los desafíos estratégicos y de seguridad no se han limitado y han aumentado peligrosamente a niveles de alerta global. Siendo una vez más la geopolítica un campo de batalla, el horizonte del terrorismo se ha expandido o aumentado en áreas tradicionalmente seguras, como es el caso de América Latina.

Palabras clave: Terrorismo Internacional, Geopolítica, Hemisferio Sur, Latinoamérica.

Introducción

Sin duda, el mundo cambió una soleada mañana del 11 de septiembre de 2001. Con menos de 45 minutos de diferencia, dos aviones comerciales se estrellaron contra las torres norte y sur del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, corazón financiero de los Estados Unidos. Adicionalmente, otros dos aviones se estrellarían dicho día. Uno contra la sede del poderío militar norteamericano, el Pentágono, mientras que el otro no lograría su objetivo de precipitarse sobre el Congreso Estadounidense, tras la heroica intervención de sus pasajeros que pagaron con sus vidas el aborto de dicho ataque. Ante lo ocurrido, el entonces presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, advirtió que se había declarado la guerra contra América, pero -en ese caso- América era específicamente los Estados Unidos. Sin embargo, la realidad indicaba que el terrorismo global, focalizado en un enemigo foráneo como la red Al Qaeda de Osama Bin Laden, ya estaba presente en América Latina desde mucho tiempo atrás.

Las últimas dos décadas cambiaron el panorama geopolítico y geoestratégico global. De un tipo de amenaza y/o terrorismo regional o particular se ha pasado al auge de ataques mundiales, muy probablemente debido a la globalización y a un mundo que -en menos de una década- se encuentra interconectado a través de la World Wide Web. El “Nuevo Orden Mundial” preconizado por líderes como George W. Bush y politólogos como Francis Fukuyama es un hecho, pero con una variante diametralmente opuesta a sus tesis iniciales. Es decir, no hubo un auge de las democracias liberales, ni incremento de la seguridad mundial. Algunos ejemplos son los casos de terrorismo (desde Al Qaeda hasta el mal llamado Estado Islámico), las guerras en pleno corazón de Europa (la ex Yugoslavia o la invasión de Ucrania por Rusia) y la terrible pandemia de la COVID-19. Lógicamente, América Latina no iba a ser una excepción.

Los Primeros Ataques en la Región

El año 1992, en el que se celebró los 500 años de la llegada de Cristóbal Colón a América y que se inició con la caída del Bloque Socialista Soviético, fue uno de los años más convulsos de la historia reciente, pasando pronto del optimismo de la paz global a la más profunda decepción. La Guerra de los Balcanes o Implosión Yugoslava, la crisis en el Cuerno de África (principalmente en Somalia y Etiopía), junto al inicio de la larga Guerra Civil Argelina, la caída de Kabul en el caos tras la victoria muyahidín frente al gobierno marxista de Mohammad Najibullah y un largo número de conflictos “de baja intensidad” sorprendieron por completo a las cancillerías mundiales.

En el caso de América Latina, la violencia llegó a través de actos terroristas de una brutalidad extrema, siendo el caso más grave el ataque a la Embajada de Israel en Argentina, acaecido el 17 de marzo de 1992. Dicho acto, acometido por un conductor suicida de una furgoneta cargada de TNT, destruyó completamente la sede de la embajada y del consulado israelí, ubicada en la ciudad de Buenos Aires. Si bien Argentina había sufrido ataques de terrorismo parapolicial en los momentos previos al golpe de estado de 1976 que dio pie al denominado “Proceso de Reorganización Nacional,” dicho país nunca había sentido las acciones del terrorismo internacional, particularmente del Grupo Fundamentalista Hezbollah (en árabe, el “Partido de Dios”), una organización militante de alcance internacional que mantiene representación parlamentaria en su país de origen, el Líbano.

Según el Gobierno del país, “la masacre se constituyó en el primer atentado terrorista internacional perpetrado contra la Argentina.”[1] Dos años después, el país volvería a sufrir un atentando todavía más brutal con el bombardeo de la Asociación Mutual Israelí-Argentina (AMIA), ocurrido el 18 de julio de 1994, esta vez asesinando a 85 personas e hiriendo a otras 300. Como indicó el cantautor León Gieco: “Todos los muertos de la AMIA. Y los de la Embajada de Israel. El poder secreto de las armas. La justicia que mira y no ve. Todo está escondido en la memoria. Refugio de la vida y de la historia.” Igualmente, se comenzó a hablar de la penetración de terroristas internacionales al cono sur a través de la denominada “Triple Frontera,” un área donde confluyen los límites territoriales de Argentina, Paraguay y Brasil.

Hezbollah en América Latina

En última instancia, las autoridades argentinas concluirían que “la decisión de realizar el ataque a la AMIA fue tomada, y el ataque fue orquestado, por los más altos funcionarios de la República Islámica de Irán en ese momento, y que estos funcionarios instruyeron al Hezbollah libanés… para llevar a cabo el ataque.”[2]

De acuerdo con un estudio realizado para el Comando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos, los clérigos de Hezbollah “comenzaron a situar operativos y reclutar simpatizantes entre inmigrantes árabes y musulmanes alrededor del área de la triple frontera durante el punto álgido de la Guerra Civil Libanesa a mediados de la década de 1980.”[3] El resultado fue el establecimiento de células de Hezbollah más formales en la región, integradas por personas de ascendencia libanesa, en particular musulmanes chiítas, que proporcionaron cierto apoyo financiero a Hezbollah.

Todos estos factores fueron aprovechados por el clérigo radical chií Mohsen Rabbani, un iraní que vivió en Argentina durante 11 años. Rabbani, el principal artífice del complot AMIA, fue enviado específicamente desde Irán con el propósito expreso de dirigir la mezquita al-Tawhid (bajo control del estado) en el barrio de Floresta, pero también se desempeñó como representante del Ministerio de Agricultura de Irán, el cual velaba que la carne argentina exportada a Irán cumpliera los decretos dietarios de sello halal.

Investigadores de la Secretaría de Inteligencia Argentina (SIDE) concluyeron posteriormente que Rabbani fue “la fuerza impulsora detrás de estos esfuerzos [para establecer una red de inteligencia iraní en Argentina]…. Desde el momento de su llegada al país en 1983, el Sr. Rabbani comenzó a sentar las bases que permitieron la implementación posterior y un mayor desarrollo de la red de espionaje [iraní].”[4] Cuatro meses antes del ataque contra la AMIA, Rabbani fue nombrado súbitamente diplomático de la República Islámica de Irán, con rango oficial completo, lo cual incluía credenciales diplomáticas e inmunidad. En cuanto a los agentes de Hezbollah desplazados para llevar a cabo el atentado, las fuerzas del orden y los funcionarios de inteligencia argentinos determinarían más tarde que abandonaron el país unas dos horas antes de la explosión del edificio.

Tras el ataque a la AMIA, los primeros reportes de la inteligencia argentina informaron que “los principales activistas sospechosos”[5] de ser miembros de una organización terrorista islamista incluían a Mohammad Youssef Abdallah, Farouk Abdul Omairi y Samuel Salman el-Reda, entre otros. A medida que avanzaba la investigación sobre el atentado a la AMIA, la misma se centró cada vez más en estos tres agentes de Hezbollah. El resultado de estas actividades fue que Hezbollah construyó redes (formales e informales) de apoyo en el área de la triple frontera, un proceso relativamente sencillo gracias a la abundante población de origen libanés y chiíta asentada en dicha zona. Escondidos a simple vista, los militantes de Hezbollah se encontraron en un entorno operativo ideal para recaudar fondos, brindar apoyo logístico y participar en actividades operativas en la región. Esto incluía, según un testigo protegido, la formación de células durmientes o “inactivas” que operaban bajo estrictas pautas de seguridad, de modo que los miembros de una célula desconocían los actos de miembros de otra. Para evitar llamar la atención, supuestamente se establecieron y trabajaron entre amigos o familiares en Ciudad del Este, donde usaron negocios, escuelas y mezquitas.

Hezbollah vincularía más tarde el atentado a la AMIA con la captura del militante de Hezbollah Mustafa Dirani por parte de comandos israelíes. No obstante, en mayo de 1993 (un año antes de la captura de Dirani por operativos enviados desde Jaffa) y seguidamente en noviembre de 1993, Rabbani visitó concesionarios de automóviles para preguntar sobre la compra de una camioneta Renault Trafic, según la inteligencia argentina. No se realizó ninguna compra en ese momento, aunque las autoridades comenzaron a sospechar cuando se enteraron de que Rabbani comentó a cada vendedor de autos una historia diferente explicando su interés en la compra. Posteriormente, en una entrevista televisiva tras el atentado contra la AMIA, Rabbani negaría haberse informado sobre la compra de una camioneta, insistiendo en que estuvo buscando un sedán todo el tiempo a pesar de los testimonios detallados de varios vendedores en múltiples concesionarios.

Al día siguiente del atentado a la AMIA, los terroristas atacaron nuevamente, esta vez en Panamá. El 19 de julio de 1994, un avión bimotor Embraer operado por Atlas Airlines explotó poco después de despegar de Colón con destino a Ciudad de Panamá. De las 21 personas que iban a bordo (entre pasajeros y tripulantes) y que perdieron la vida instantáneamente, 12 pasajeros eran judíos, incluidos cuatro israelíes y tres estadounidenses. Tras el terrible atentado a la AMIA y dado el pequeño tamaño de la comunidad judía en Panamá, la tragedia sacudió fuertemente a la comunidad judía en dicho país. Los temores de la comunidad se confirmaron rápidamente cuando el presidente electo de Panamá anunció que el accidente “no fue un error humano, sino un acto terrorista.”[6]

Ese mismo año, no mucho después de estos atentados, la policía uruguaya desbarató una operación de contrabando de armas dirigida por Hezbollah con vínculos con la zona de la triple frontera. En agosto siguiente, la policía paraguaya arrestó a tres miembros de una “célula durmiente” de Hezbollah con posibles vínculos con el atentado con bomba contra la embajada israelí de 1992. Se informó que el propio Imad Mughniyeh (máximo comandante militar de Hezbollah) urdió un complot a mediados de la década de 1990 para comprar una gran cantidad de carne de res de las empresas de almacenamiento en frío paraguayas y envenenar la carne antes de enviarla para su reventa en Israel. Según los informes, la policía paraguaya interceptó el envío e impidió que saliera del país.

Los vínculos operativos entre actividades delictivas como el narcotráfico y casos de terrorismo se hicieron evidentes poco tiempo después, como fue el arresto en 1996 de Marwan Kadi (también conocido como Marwan Safadi), el cual fue capturado por agentes estadounidenses al encontrarse bajo vigilancia como parte de un operativo que evitó un complot para bombardear la embajada de Estados Unidos en Asunción, Paraguay. Condenado ante un tribunal canadiense por contrabando de cocaína desde Brasil, Kadi llegó al área de la triple frontera después de escapar de una prisión en Ottawa, posiblemente con la ayuda de elementos de Hezbollah. Obtuvo un pasaporte estadounidense bajo un alias y regresó al área de la triple frontera, donde la policía brasileña lo arrestó por posesión de cocaína. De modo inexplicable, escapó nuevamente de la cárcel y huyó a través de la frontera con Paraguay. Estando bajo vigilancia, la policía lo arrestó en su departamento en Ciudad del Este, donde encontraron explosivos, armas de fuego, pasaportes canadienses y estadounidenses falsificados, junto a una gran cantidad de dinero en efectivo. Sin embargo, después de que fuese deportado a los Estados Unidos, los fiscales solo pudieron acusarlo de fraude por uso de pasaportes falso. Posteriormente, fue deportado a Canadá para cumplir el resto de su sentencia.

Apenas unos meses después de que se iniciase una vigilancia masiva de Hezbollah en la región, a principios del año 2000, aparecieron fotos de empresarios libaneses locales junto a banderas iraníes y de Hezbollah al-Muqawama (“resistencia”) en un campo de entrenamiento supuestamente ubicado en las afueras de Foz do Iguaçu (Brasil). La inteligencia argentina cree que Hezbollah operó un campo de entrenamiento militar e ideológico en la zona de la triple frontera. Según un ex agente del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por su sigla en inglés) que se enfocó en Hezbollah en América del Sur, los operativos de Hezbollah también se habrían involucrado en entrenamiento militar en Panamá y Venezuela. Se informó que el propio Assad Ahmad Barakat, el principal asesor del grupo militante en América Latina, planeó ataques contra objetivos judíos en Canadá, Argentina y Ciudad del Este.

El 22 de diciembre de 1999, la inteligencia argentina arrestó a presuntos miembros de Hamas y Hezbollah, junto con un agente de inteligencia iraní; no obstante, luego fueron liberados. En el año 2000, una delegación del FBI viajó a Argentina para ayudar con el esfuerzo de investigar el atentado a la AMIA y coordinar con las autoridades locales para lidiar con la presencia de Hezbollah en la región. Informado extensamente por la inteligencia argentina tanto en Buenos Aires como en el área de la triple frontera, el agente del FBI que encabezó la delegación se fue convencido de que los servicios de inteligencia locales tenían las pruebas sobre Hezbollah y su papel en el atentado a la AMIA. Aun así, la actividad de Hezbollah en la región continuaría prosperando hasta la actualidad, en algunos casos con el apoyo de importantes líderes políticos como el ex vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami.

Actividades Militantes y Terroristas en la Triple Frontera

Tras citar en líneas anteriores la todopoderosa y casi omnipresente presencia de Hezbollah en América Latina, cabría la siguiente pregunta: ¿Hay más grupos u organizaciones militantes en esa área de bordes tan porosos, como es la denominada “Triple Frontera”? Sin duda, experiencias anteriores, apuntan a un “sí” rotundo. Las conexiones entre los grupos musulmanes de la región y el terrorismo solo se incrementaron después del año 2001, tras los ataques del 11 de septiembre en los Estados Unidos. En un informe de ese mismo año, el Departamento de Estado norteamericano señaló a la Triple Frontera como un santuario financiero para Hezbollah y el grupo militante palestino Hamás. Alegaron la presencia de estos grupos precisamente porque allí vivía una amplia comunidad musulmana, confundiendo la práctica del islam con la presencia del terrorismo. El informe aseveraba que, al mantener vínculos con sus países de origen, estos grupos servían como canales para el lavado de dinero. Las comunicaciones realizadas entre el gobierno brasileño y el Departamento de Estado de los Estados Unidos describieron normalmente a la Triple Frontera como un área “no gobernada” y una “zona de no soberanía,” por lo que requeriría una acción inmediata para contener las amenazas, según una investigación de Thomaz Costa y Gastón Schulmeister.[7]

Adicionalmente, la ubicación y detención de numerosos operativos en la región también mostró la existencia de grupos terroristas en la Zona de la Triple Frontera. Algunos fueron acusados de financiar el terrorismo, incitar al terrorismo o planear atentados. El ciudadano argentino de origen libanés Khalid el Din, por ejemplo, fue detenido bajo cargos de terrorismo tras ser identificado como colaborador en el atentado con bomba contra la AMIA de 1994. En el año 1996, las autoridades paraguayas establecieron que el experto en explosivos Marwan al Safadi vivía en la Triple Frontera, siendo finalmente capturado por las autoridades brasileñas. Otra figura clave, Mohamed Ali Abou Ibrahim Soliman (acusado por Egipto de participar en el ataque terrorista en Luxor de 1997 contra turistas occidentales) fue arrestado por la Policía Federal de Brasil en el año 1999. Otros ejemplos de agentes clave ubicados en la triple frontera incluyen al ya fallecido jefe de la rama militar de Hezbollah, Imad Mugniyah (1962 – 2008), quien estuvo vinculado directamente en el establecimiento y desarrollo de células terroristas en Ciudad del Este y Encarnación.

El área también ha sido llamada “las Naciones Unidas del crimen, un refugio seguro para terroristas,” y la Meca para actividades de falsificación. Aunque las regiones fronterizas a menudo se denominan «sin ley», la Triple Frontera – por una buena razón- adquirió notoriedad por su gran cantidad de actividad ilegal.[8] Esto se debió en gran parte a sus zonas selváticas aisladas, pero también a sus centros urbanos que facilitan las comunicaciones, el transporte y los servicios bancarios. Aunque la Triple Frontera fue un semillero de actividades ilegales durante décadas, volvió a ser noticia en abril de 2019 cuando el entonces secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo, planteó el tema de combatir el crimen transnacional y el financiamiento del terrorismo en el área durante una reunión sobre contraterrorismo en Buenos Aires, Argentina.[9] Un Informe de Estrategia Internacional de Control de Narcóticos del Departamento de Estado describió a la Triple Frontera como “el centro de un comercio de bienes ilícitos de miles de millones de dólares, incluido el cultivo de marihuana, el tráfico de cocaína andina y el contrabando de armas que facilita un importante lavado de dinero en Paraguay.”[10]

A pesar de legislaciones cada vez más prolíficas, así como de reuniones e intervenciones conjuntas entre Argentina, Brasil, Paraguay y Estados Unidos, la triple frontera es un espacio vacío o más bien “liberado” de control estatal. Las organizaciones criminales aprovechan la falta de presencia del Estado para aumentar su autoridad. Por ello, es considerada como una zona libre para la delincuencia y el terrorismo, incluyendo la planificación y la captación de recursos para este fin y otros que podrían servir a grupos militantes como Hezbollah.[11] Sin duda, esta área es un laboratorio donde Estados y organismos (civiles y militares) no dejan de aprender, tratar, combatir y estudiar el fenómeno camaleónico del terrorismo (o una parte de él). En ese sentido, no puede haber una estandarización completa en el tratamiento de este fenómeno, ya que cada Estado responde de diferente manera según la situación, el lugar, el tiempo y las personas involucradas.

Conclusiones

La denominada Triple Frontera es -ciertamente- una de las zonas más volátiles, violentas y peligrosas del planeta. Tradicionalmente, ha sido un área de sinergia entre migrantes procedentes del extinto Imperio Otomano (a fines del siglo XIX y principios del XX) y del subcontinente indio. Desde el año 1988, la zona cayó en una espiral irracional de violencia, narcotráfico y trata de seres humanos, unida a la presencia de células de grupos militantes, principalmente procedentes de Oriente Medio, como es el caso del Hezbollah libanés, el grupo palestino Hamás o la ya extinta Gam’ah Islamiyya egipcia. Lamentablemente, la participación de gobiernos considerados “Estados Canalla” (principalmente la República Bolivariana de Venezuela y -con anterioridad- la Junta Militar de Panamá presidida por Manuel Antonio Noriega), inmiscuidos en el lucrativo negocio del narcotráfico, no ayuda a estabilizar la zona.

En un mundo globalizado e hiperconectado, los “pequeños problemas” o “conflictos de baja intensidad” en zonas geográficamente volátiles pueden conducir a nefastos resultados, especialmente hoy en día en medio de una crisis financiera global y una guerra abierta entre Rusia y Ucrania, tras una pandemia que ha dejado oficialmente siete millones de fallecidos en todo el mundo. Si unos bordes tan porosos como son los del Donbas en Europa del Este, dieron pie a un conflicto fronterizo cuyos efectos se perciben hasta la actualidad, las distintas naciones de América Latina deberían preocuparse por el impacto y el desarrollo de las amenazas existentes en la Triple Frontera.

Notas finales

  1. Ministerio de Cultura, “17 de marzo de 1992: 30 años del atentado terrorista contra la Embajada de Israel”, Gobierno de Argentina (17 de marzo de 2022), https://www.argentina.gob.ar/noticias/17-de-marzo-de-1992-30-anos-del-atentado-terrorista-contra-la-embajada-de-israel
  2. Matthew Levitt, “Iranian and Hezbollah Operations in South America. Then and Now”, National Defense University Press (PRISM 5 n.º 4: abril 2016), 118-133 https://cco.ndu.edu/Portals/96/Documents/prism/prism_5-4/Iranian%20and%20Hezbollah.pdf
  3. Daniel Blinder, “El uso político del atentado a la AMIA: Irán y Hezbollah”. Revista Intellector (ISSN 1807-1260-[CENEGRI], 7(14): junio 2011), 1-28.
  4. Isaac Caro, “Presencia de movimientos chiítas en América Latina: Su relación con los atentados de Buenos Aires (1992, 1994) y con el eje Caracas-Teherán”. Latin American Research Review (2011), 177-193, http://www.jstor.org/stable/41261375
  5. Ibíd.
  6. Philip K. Abbott, Terrorist Threat in the Tri-Border Area: Mythor Reality? Military Review (octubre 2004), 51-55, https://smallwarsjournal.com/documents/abbott.pdf
  7. Thomaz G. Costa y Gastón H. Schulmeister, “The puzzle of the Iguazu tri-border area: Many questions and few answers regarding organised crime and terrorism links”, Global Crime (Taylor & Francis Journals, vol. 8, Iss. 1: 17 de febrero de 2007) 26-39, https://doi.org/10.1080/17440570601121845
  8. Gregory Shapiro, Terror Reigns Supreme and the Cycle of Violence Is Seemingly Endless in the Triple Frontier, NYLS Journal of Human Rights (Vol. 19, Iss. 3, Article 11: 2003), 895, https://digitalcommons.nyls.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1557&context=journal_of_human_rights
  9. Oxford Analytica, “US will increase Paraguay money-laundering pressures”, Emerald Expert Briefings, (Oxan-db: 2019), https://doi.org/10.1108/OXAN-DB243981
  10. Robert Muggah y Gustavo Macedo Diniz, “Securing the border”, Strategic Paper, (n.º 5: 2013), 1-29.
  11. William Costanza, Hizballah and its mission in Latin America, Studies in conflict & terrorism, (Vol. 35, Iss. 3: 22 de febrero 2012), 193-210. https://www.researchgate.net/publication/254335250_Hizballah_and_Its_Mission_in_Latin_America

 

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Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú

Imagen: CEEEP