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Evolución del Conflicto Militar: Contraofensiva en Ucrania

Este artículo ha sido publicado inicialmente en la Revista Seguridad y Poder Terrestre
Vol. 3 No. 1 (2024): enero a marzo
DOI: https://doi.org/10.56221/spt.v3i1.52


Resumen

La contraofensiva ucraniana de junio de 2023 enfrentó desafíos significativos, marcada por la incertidumbre sobre su éxito. Basada en tres certezas fundamentales, incluyendo el momento de la ofensiva, el empleo de tecnología avanzada proporcionada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la focalización en la región de Zaporiyia, la estrategia ucraniana buscaba contrarrestar la abrumadora superioridad cuantitativa rusa. Sin embargo, analistas escépticos señalan las dificultades inherentes a operaciones conjuntas y defensas rusas profundas. Aunque Ucrania intenta una guerra de desgaste, su futuro depende de la disposición continua de la OTAN para brindar apoyo.

Palabras clave: Contraofensiva, Ucrania, Rusia, OTAN, Estrategia.

Introducción

En el horizonte turbulento de la confrontación entre Ucrania y Rusia, la contraofensiva desatada por Ucrania en junio de 2023 se alza como un capítulo crucial en la crónica de un conflicto que ha asolado la región. Antes de adentrarnos en el torbellino de eventos que caracterizaron este hito determinante, es esencial sumergirse en las tres certezas fundamentales que guiaron la meticulosa estrategia de Ucrania contra las posiciones rusas en su territorio del sur y este. Desde consideraciones climáticas hasta la búsqueda de un equilibrio tecnológico mediante la colaboración con la OTAN, este análisis desentraña los elementos que configuraron la estrategia ucraniana y delinearon las expectativas en un enfrentamiento marcado por la incertidumbre y la complejidad geopolítica.

El Debate Previo a la Contraofensiva Ucraniana

Antes de adentrarse en la vorágine de la contraofensiva que estremeció a Ucrania en junio de 2023, tres certezas fundamentales delineaban la acción planificada por el país eslavo contra las posiciones rusas en el sur y este de su territorio. En primer lugar, se preveía que la ofensiva surgiría en la primavera del hemisferio norte, aprovechando las condiciones climáticas favorables. Esta se proyectaba con la utilización masiva de vehículos blindados y tanques, como los estadounidenses Abrams, que pueden superar las 60 toneladas. Tanto el lodazal generado por las lluvias otoñales, a partir de octubre, como las nevadas invernales se perfilaban como serios obstáculos para el avance de estas imponentes máquinas de guerra.

La segunda residía en que Ucrania únicamente podría contrarrestar la abrumadora superioridad cuantitativa de Rusia en términos de artillería, aviación y fuerza naval mediante el empleo de equipamiento de mayor sofisticación tecnológica proporcionado por la OTAN. Concretamente, esta tecnología debería conferir tres ventajas fundamentales para equilibrar la desventaja numérica ucraniana. De un lado, la capacidad de detectar blancos, atacarlos y mover las piezas de artillería que lanzaron el ataque (para evitar que sean contratacadas) en menor tiempo que el rival (como lo demostraron en una etapa anterior de la guerra las baterías Himars). Por otro lado, la necesidad de contar con misiles y artillería de mayor alcance. Aunque las baterías Himars, por ejemplo, causaron estragos en los centros logísticos y de comando y control rusos tras la línea del frente, posteriormente fueron desplazadas fuera de los 100 kilómetros de alcance que, aproximadamente, tenían los Himars. Por lo tanto, Ucrania buscaba obtener de la OTAN misiles como los Taurus alemanes, con 500 kilómetros de alcance. Finalmente, estos misiles debían ser capaces de alcanzar sus blancos con un grado de precisión significativamente mayor que la gran mayoría de la artillería rusa (exactitud que le permitiría a Ucrania ahorrar municiones relativamente escasas).

La tercera perspectiva, en cambio, indicaba que la ofensiva central de Ucrania se desencadenaría en la región de Zaporiyia, con el objetivo de interrumpir el puente terrestre construido por Rusia durante la invasión de 2022. Este conectaba la región en el este de Ucrania que Rusia controla desde 2014, conocida como Dombás, con la península de Crimea.

Las perspectivas de éxito de la contraofensiva ucraniana carecían de certeza alguna. En un extremo se hallaban los escépticos, en su mayoría analistas independientes, quienes destacaban que, durante la ofensiva de finales de 2022, en condiciones considerablemente más favorables, Ucrania sólo logró recuperar una proporción reducida del territorio perdido desde el inicio de la guerra en febrero de 2022. Ahora, sin embargo, las condiciones eran adversas, ya que Rusia aprovechó el tiempo entre las dos ofensivas ucranianas para construir defensas profundas y proveerlas de reservas capaces de cerrar cualquier brecha que las fuerzas ucranianas pudieran abrir a través de ellas.

Las defensas rusas abarcaban unos 800 kilómetros de longitud y, en algunos puntos, tenían varios kilómetros de profundidad. Imágenes satelitales hechas públicas por la BBC ofrecían una visión de lo que tendrían que enfrentar las fuerzas ucranianas. En la fotografía, se observaba una primera línea de contención compuesta por zanjas antitanque, seguida de 250 metros de campo minado. A continuación, se encontraba una segunda línea para contener blindados, formada por bloques de concreto, seguida por 300 metros de campo minado. Después de esta última, se desplegaban trincheras fortificadas y, posteriormente, posiciones de artillería. En lugares del frente donde se preveía una contraofensiva ucraniana más probable, como en Zaporiyia, esa secuencia podía repetirse más de una vez.

Además, detrás de estas posiciones defensivas, Rusia había ubicado centenares de miles de reservistas preparados para desplazarse a las zonas del frente donde su participación fuese necesaria. Los escépticos destacaban que, a menos que se tratara de un asalto anfibio en condiciones equivalentes, no existía tarea más compleja que una operación militar conjunta, es decir, con la participación simultánea de artillería, infantería, blindados, aviación, entre otros, contra defensas profundas respaldadas por reservas. Stephen Biddle expresó que «donde las defensas han sido profundas, apoyadas por reservas operacionales y un frente bien preparado,[1] las blitzkrieg exitosas han sido prácticamente imposibles tras más de un siglo de cambios tecnológicos».[2]

Para los escépticos, la tarea resultaría particularmente difícil para un ejército como el ucraniano, que carecía de experiencia previa en operaciones conjuntas: sus operaciones hasta ese momento habían sido secuenciales. Por ejemplo, primero atacaban con piezas de artillería una posición rusa y sólo después avanzaban sobre ella las fuerzas de infantería. Las operaciones conjuntas, en cambio, requerían un alto grado de sincronización: no debía avanzarse antes de tiempo (cuando el rival todavía contaba con defensas operativas sobre el terreno de combate), ni demasiado tarde (cuando ya hubieran arribado las reservas rusas para detener un eventual avance ucraniano).

Es cierto que la OTAN demostró que podía tener éxito en operaciones conjuntas contra ese tipo de defensas durante la primera Guerra del Golfo. Sin embargo, su éxito en Iraq se produjo en condiciones que no existían en Ucrania. En primer lugar, como se menciona, las tropas ucranianas carecían de experiencia previa en operaciones conjuntas. En segundo lugar, a diferencia de la OTAN, Ucrania no disfrutaba de supremacía aérea ni de una amplia superioridad en potencia de fuego. Además, es importante tener en cuenta que el agresor tiende a sufrir más bajas que el defensor, incluso en terreno abierto, ya que este último suele contar con posiciones defensivas fortificadas que el primero no posee. Por lo tanto, el atacante generalmente requiere una superioridad numérica de tres a uno, en promedio, para tener una probabilidad razonable de éxito, una ventaja que Ucrania no tenía.

La única ventaja que la OTAN tuvo en Iraq y que también poseía Ucrania era, como se menciona, el contar con arsenales de mayor sofisticación tecnológica, especialmente en términos de inteligencia, alcance y precisión. Este aspecto constituía uno de los argumentos de aquellos que mantenían perspectivas relativamente optimistas sobre las posibilidades de éxito de la ofensiva ucraniana. En cuanto a la proporción de efectivos necesarios para prevalecer en una ofensiva, los optimistas señalaban que Ucrania no necesitaba una superioridad de fuerzas de tres a uno a lo largo de toda la línea del frente; solo la requería en los puntos específicos donde decidiera atacar, siempre y cuando esos ataques lograran sorprender al oponente y Ucrania mantuviera la presión en otros puntos del frente. De esta manera, Ucrania podría obtener avances significativos antes de que Rusia pudiera movilizar reservas suficientes hacia los puntos donde se concentraba el ataque.

Como prueba de que algo así era posible, se citaba lo ocurrido durante la ofensiva ucraniana de septiembre de 2022 en Járkov. En lo referente a las líneas defensivas rusas, la OTAN había suministrado a Ucrania el equipo necesario para superar precisamente ese tipo de obstáculos. Por ejemplo, transportes y explosivos diseñados para abrir paso entre los bloques de concreto, así como vehículos con palas para neutralizar las minas terrestres.

Las Lecciones de la Historia

En términos generales, existe un consenso respecto a que no se han observado sistemas defensivos comparables desde el desembarco aliado en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial. Esta experiencia histórica sugiere considerar ciertos aspectos al evaluar la respuesta ofensiva ucraniana. En primer lugar, es importante recordar que el 6 de junio de 1944, conocido como el «Día D» cuando se inició el desembarco en Normandía, murieron 4,414 soldados aliados. Por lo tanto, es razonable esperar que el costo inicial de cualquier avance ucraniano sea notablemente elevado, como luego indicarían las fuentes de inteligencia. También es relevante destacar que, después de superar la primera línea defensiva en las playas de Normandía, las tropas aliadas no lograron avances territoriales significativos hasta el uno de agosto de 1944, casi dos meses después del inicio de la ofensiva. No obstante, es crucial tener en cuenta que, una vez vencida la última línea defensiva alemana, el avance posterior fue relativamente rápido.

Los eventos en el terreno de combate en la Ucrania contemporánea sugieren una lección sobre el papel de la tecnología en la guerra: esta puede complementar a la infantería, los blindados y la artillería, pero no puede reemplazarlos. Un ejemplo de ello es que, según fuentes de inteligencia occidentales, Ucrania identifica la mayoría de sus objetivos a través de drones conectados a sistemas de comunicación satelital, pero son las fuerzas de tierra las encargadas de atacar esos blancos, ya que Ucrania apenas cuenta con aviación o marina capaces de operar en el contexto de la guerra.

Balance de la Ofensiva

Considerando estas circunstancias, parece poco probable que la contraofensiva ucraniana alcance su objetivo de cortar el puente terrestre que une el Dombás con Crimea. En lugar de ello, las fuerzas ucranianas muestran una inclinación hacia una estrategia de guerra de desgaste en la esperanza de retomar la contraofensiva en condiciones más favorables en el futuro. Sin embargo, este enfoque plantea desafíos, ya que la planificación futura de Ucrania en la guerra está fuertemente condicionada por una variable sobre la cual tiene escaso control: la disposición de los Estados miembros de la OTAN para seguir proporcionando apoyo económico y militar. Cambios políticos en algunos Estados de la OTAN podrían afectar negativamente esta asistencia.

Existe discrepancia de opiniones sobre la invasión rusa de Ucrania, incluso en círculos de la derecha radical europa y estadounidense. No obstante, en líneas generales, el mayor apoyo a Rusia en el conflicto actual proviene de las fuerzas de la derecha radical en ambos continentes. Incluso aquellas facciones de la derecha radical que no respaldan a Rusia suelen resaltar los impactos que la guerra y el apoyo a Ucrania tienen en sus ciudadanos, como el aumento de la inflación. Por lo tanto, podrían ser menos proclives a mantener ese respaldo de manera indefinida. [3]

En el caso de los EE. UU., por ejemplo, el canal de noticias Fox formuló la siguiente pregunta a los precandidatos republicanos a la nominación de ese partido para asumir la candidatura presidencial de cara a las elecciones de 2024: “¿Oponerse a Rusia en Ucrania constituye un interés estratégico vital para nuestra nación?”[4] Las respuestas de los dos únicos precandidatos con una intención de voto de dos dígitos en las primarias republicanas fueron sumamente reveladoras. Donald Trump, expresidente de los EE. UU., respondió: “No, pero lo es para Europa. Pero no para los Estados Unidos. Es por eso que Europa debería pagar mucho más que nosotros, o igual”[5] (de hecho, la ayuda económica y militar de los países europeos a Ucrania ya supera a la estadounidense). Ron DeSantis, actual gobernador de Florida, a su vez, respondió lo siguiente: “Mientras los Estados Unidos tienen muchos intereses nacionales (…) involucrarse más en una disputa territorial entre Ucrania y Rusia no es uno de ellos”.[6]

La paradoja que enfrenta en la actualidad Ucrania es que se está desvaneciendo el consenso entre sus aliados de la OTAN para respaldarla de manera indefinida en una guerra de desgaste. Por esta razón, era crucial que la contraofensiva ucraniana lograra el máximo éxito posible, aumentando así la probabilidad de poner fin al conflicto. Dado que este no parece ser el caso, Ucrania no puede dar por sentado que seguirá recibiendo el respaldo necesario de sus aliados de la OTAN para lanzar una nueva ofensiva hacia mediados de 2024. De hecho, las declaraciones de los precandidatos republicanos ofrecen incentivos al gobierno ruso para aceptar la estrategia de desgaste propuesta por Ucrania, presumiendo que el tiempo está a su favor. Una prueba de esta dinámica se refleja en declaraciones del canciller ruso, Sergei Lavrov, proporcionadas a un medio occidental, donde sostiene lo siguiente:

«(…) los líderes occidentales reiteran (…) que respaldarán a Kiev por el tiempo que sea necesario. (…). Dicho esto, los Estados Unidos no tienen el mejor historial cuando se trata de respaldar a sus aliados. Baste recordar el retiro abrupto de su ayuda militar a Vietnam del Sur en 1973 y al régimen de Ashraf Ghani en Afganistán en 2021, (…) estas acciones provocaron la caída inmediata de los gobiernos leales a los Estados Unidos». [7]

Conclusiones

La contraofensiva ucraniana, que se inició en junio de 2023, se encuentra enfrentando desafíos considerables, marcados tanto por condiciones climáticas adversas como por las defensas sólidas implementadas por Rusia en el terreno. La dependencia de Ucrania del equipamiento tecnológico suministrado por la OTAN se presenta como una necesidad ante la superioridad numérica rusa en artillería, aviación y fuerza naval. Aunque algunos son optimistas sobre las perspectivas de éxito, la falta de experiencia en operaciones conjuntas y la complejidad del terreno presentan obstáculos significativos. La historia militar, ejemplificada por el desembarco aliado en Normandía, sugiere que los avances iniciales pueden ser costosos, destacando la importancia de la tecnología como complemento, no reemplazo, de la fuerza terrestre. La incertidumbre radica en la voluntad continua de la OTAN de brindar apoyo, y el resquebrajamiento del consenso en la OTAN para respaldar indefinidamente a Ucrania plantea desafíos significativos, agravados por la política internacional, que refleja una posible disminución en el respaldo de la OTAN, lo que podría alterar drásticamente el curso de la guerra.

Notas finales:

  1. Cristian Segura, «Rusia Levanta 800 kilómetros de fortificaciones para detener una contraofensiva ucraniana,» El País (17 de abril de 2023), https://elpais.com/internacional/2023-04-17/rusia-levanta-800-kilometros-de-fortificaciones-para-detener-la-contraofensiva-ucrania.html (consultado el 16 de abril de 2023).
  2. Daniele Palumbo y Erwan Rivault, «Dientes de dragón y trincheras antitanques: las imágenes satelitales que revelan cómo Rusia se están preparando para la esperada contraofensiva ucraniana,» BBC News Mundo (22 de mayo de 2023), https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-65672470
  3. TE, «The hard right is getting closer to power all over Europe», The Economist (14 de septiembre de 2023), https://www.economist.com/briefing/2023/09/14/the-hard-right-is-getting-closer-to-power-all-over-europe.
  4. Joseph Wulfsohn, «Republican 2024 hopefuls respond to Tucker Carlson’s questions about their stance on Russia-Ukraine war,» Fox News (13 de marzo de 2023), https://www.foxnews.com/media/republican-2024-hopefuls-respond-tucker-carlsons-questions-about-stance-russia-ukraine-war
  5. Ibíd.
  6. Ibíd.
  7. MAE Rusia, «Entrevista con el Ministro de Relaciones Exteriores Sergey Lavrov para la revista The International Affairs», The Ministry of Foreign Affairs of the Russian Federation (19 de agosto de 2023), https://mid.ru/en/foreign_policy/news/1900998/

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Imagen: CEEEP

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