Por:

Investigador doctoral de la Universidad de Murcia, España

Perspectivas Geopolíticas en Siria Posterior a la Caída de Bashar al-Assad

El presente artículo ha sido publicado originalmente en la Revista Seguridad y Poder Terrestre:

Vol. 4 Núm. 1 (2025): Enero a Abril

Resumen

El colapso del régimen de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 marcó un punto de inflexión en el panorama geopolítico de Siria. La caída del gobierno baazista generó un vacío de poder que condujo a una reconfiguración estratégica del país, con actores nacionales e internacionales en disputa por influencia. Este artículo analiza las dinámicas militares y políticas posteriores a la salida de Assad, con énfasis en la fragmentación territorial, la actividad de grupos insurgentes como Hay’at Tahrir al-Sham y las Fuerzas Tigre, así como el papel de potencias como Rusia, Estados Unidos (EE. UU.), Irán y Turquía. Además, examina los desafíos políticos, militares y económicos del gobierno transicional, el impacto del exilio de Assad en Moscú y la posibilidad de que Siria quede dividida en zonas de control bajo distintas esferas de influencia. A partir de este contexto, se evalúan los posibles escenarios futuros y sus implicaciones para la estabilidad regional y global.

Palabras clave: Siria, Bashar al-Assad, geopolítica, transición política, insurgencia, actores internacionales, reconstrucción postconflicto

Introducción

Contra todo pronóstico, tras trece años y medio de prolongado conflicto, el régimen del Partido Árabe Socialista (en adelante, Partido Baaz), personificado en la dictadura de Hafez Al Assad (1970-2000) y su hijo Bashar Al Assad (2000-2024), colapsó ante una ofensiva relámpago iniciado a fines de octubre del año pasado. Este acontecimiento marcó el fin de una de las autocracias más longevas de Medio Oriente y provocó una reconfiguración del equilibrio geopolítico en la región. El presente análisis examina las implicaciones militares de este suceso y las perspectivas estratégicas que definirán el futuro de Siria.

El régimen de la familia Al Assad en Siria ha sido un tema ampliamente debatido en la política mundial contemporánea. Durante más de medio siglo, esta dinastía, vinculada a la minoría alauita dentro del chiismo, consolidó un control absoluto sobre el país, instaurando un sistema autoritario que generó conflictos internos, represión y episodios de violencia con impacto a nivel regional e internacional. Entre los acontecimientos más significativos destacan la masacre de Hama en 1982 y la insurrección islamista iniciada en 1976 por la organización de los Hermanos Musulmanes, reflejo de la inestabilidad estructural del país bajo el dominio del Partido Baaz.

Bajo el mandato de Hafez Al Assad, toda oposición política fue eliminada, los derechos civiles severamente restringidos y la libertad de expresión suprimida. Estas políticas represivas continuaron con la llegada al poder de su hijo, Bashar Al Assad, quien mantuvo la misma línea autoritaria que caracterizó a su padre, pese a que, en un principio, su ascenso generó ciertas expectativas de cambio debido a su juventud. Asumió la presidencia en junio de 2000, a los 34 años, tras el fallecimiento de su progenitor.[1]

La caída de Bashar Al Assad en diciembre de 2024 marcó un hito crucial en la historia de Siria, un país devastado por la guerra. Analizar el panorama posterior a su salida no será una tarea sencilla, especialmente al considerar sus implicaciones tanto a corto como a largo plazo dentro del territorio sirio y en las naciones vecinas, desde Líbano hasta Israel, donde persiste el temor a una expansión del conflicto en las zonas fronterizas.

El colapso del régimen dejó un vacío de poder que requerirá un proceso de reconstrucción política y social sin precedentes. La transición hacia un gobierno democrático y estable representa un desafío monumental, condicionado por el legado de violencia y corrupción que caracterizó su mandato. A ello se suma la desconfianza de actores internacionales, como la Unión Europea (UE) y EE. UU. bajo un nuevo gobierno de Donald Trump, así como la incertidumbre respecto a la situación de minorías como la kurda y la drusa frente a una administración transicional de orientación islamista.[2]

Perspectiva Militar en Siria Post-Assad

Para comprender la situación actual en Siria, resulta fundamental analizar las raíces históricas del conflicto. La Primavera Árabe, iniciada en 2011, desencadenó protestas en todo el país con demandas de reformas políticas y el fin del régimen autoritario de Assad. Estas movilizaciones respondían, en esencia, al deseo de la población de poner fin a un gobierno cleptocrático que, durante casi 41 años, había reprimido sistemáticamente cualquier forma de disidencia. Dicho control se sustentaba en la ley de emergencia promulgada por Hafez Al Assad poco después de asumir el poder mediante un golpe palaciego conocido como la “Revolución Correctiva”, que en 1970 derrocó al régimen de Salah Jadid, en el poder desde 1966.[3] La violenta represión de las protestas pacíficas por parte del gobierno sirio incrementó la resistencia de la población, derivando en un conflicto prolongado y devastador que ha dejado profundas cicatrices en la sociedad siria. Particularmente severa fue la represión ejercida por la 25.ª División de la Guardia Republicana Siria, bajo el mando de Maher Al Assad, hermano del presidente, en ciudades como Homs, Dera’a y Alepo.[4]

Varias facciones y actores se vieron involucrados en el conflicto, incluido el Gobierno de la República Árabe Siria, grupos de oposición secular (entre ellos, el autodenominado Ejército Libre Sirio), fuerzas kurdas (YPJ – YPG) y grupos extremistas como el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL, por sus siglas en español; ISIS, por sus siglas en inglés: Islamic State of Iraq and Syria) o el Frente al-Nusra (rebautizado en 2016 como Jabhat Fatah al-Sham y, desde enero de 2017, integrado en Hayat Tahrir al-Sham tras romper lazos con la organización terrorista Al Qaeda). La comunidad internacional también se ha visto profundamente involucrada en el conflicto, con países como Rusia, Irán, Turquía y EE. UU. apoyando a diferentes facciones por sus propios intereses estratégicos. La guerra ha tenido implicaciones de largo alcance para la estabilidad regional, con países vecinos como Líbano—desde donde Hezbollah envió combatientes en apoyo del régimen baazista—, Jordania e Irak siendo directamente afectados por el impacto transfronterizo del conflicto.[5]

Además, el auge del yihadismo global debe considerarse como una de las consecuencias más significativas de la guerra. Grupos extremistas aprovecharon el caos en Siria para reclutar combatientes y expandir su ideología. Europa se vio particularmente sorprendida por el flujo constante de jóvenes radicalizados que viajaban con la intención de derrocar el régimen de Bashar Al Assad. Esta situación representó una amenaza de seguridad no solo para la región, sino a nivel internacional, especialmente después de la proclamación del Califato Mundial por el autodenominado “Califa Ibrahim” (Abu Bakr al Baghdadi, fallecido en octubre de 2019) en la mezquita Al Nuri de Mosul, Irak.[6]

El conflicto, que se ha extendido por casi 14 años, atrajo la atención de diversos actores regionales e internacionales con intereses en su desenlace. Rusia e Irán se consolidaron como los principales aliados del régimen de Assad, brindándole asistencia militar fundamental para su permanencia en el poder. En el lado opuesto, EE. UU. apoyó a los rebeldes a través del programa Timber Sycamore de suministro de armas, mientras que Turquía, preocupada por la situación en la región disputada de Hatay y el fortalecimiento de los milicianos kurdos, también intervino activamente. Arabia Saudí, por su parte, rechazó la permanencia del régimen de Bashar Al Assad, debido a su carácter laico y a su alineación con Irán, lo que la llevó a participar en el conflicto con resultados dispares.[7]

Dinámicas Militares en un Conflicto de Múltiples Frentes

La guerra en Siria se ha caracterizado por su complejidad y la participación de múltiples actores con intereses y agendas divergentes. Desde los enfrentamientos entre fuerzas gubernamentales y grupos rebeldes hasta la lucha contra organizaciones extremistas como ISIS, el conflicto adquirió dimensiones regionales que traspasaron fronteras y desafiaron las estructuras tradicionales de la guerra. La presencia de diversos grupos armados con objetivos opuestos generó un entorno caótico en el que la población civil quedó atrapada entre múltiples frentes de batalla, sufriendo las devastadoras consecuencias de una guerra total. Entre las prácticas más violentas destacaron el uso de civiles como escudos humanos por parte de la insurgencia y los bombardeos de saturación ejecutados por la fuerza aérea siria.[8]

Desde la caída del régimen, a partir del 8 de diciembre de 2024, la situación militar en Siria presenta una serie de desafíos tanto a nivel nacional como internacional. La reconstrucción del país y la estabilización de las zonas devastadas por el conflicto requerirán esfuerzos coordinados en los ámbitos militar y humanitario, lo que resultó inviable durante las fases más críticas de la guerra debido al bloqueo impuesto por el régimen en zonas controladas por la oposición y a la lucha interna entre facciones islamistas como el Frente Nusra y el Estado Islámico.[9] La permanencia de múltiples grupos extremistas y la fragmentación del poder complicarán la búsqueda de una solución sostenible. La militarización del conflicto durante la fase posterior a las protestas civiles —hasta diciembre de 2011— exacerbó las tensiones y provocó una crisis humanitaria sin precedentes en la región, con 6,6 millones de refugiados externos y más de 5 millones de desplazados internos, cifra solo superada por la invasión rusa de Ucrania en 2022. En este contexto, la cooperación internacional y la diplomacia serán fundamentales para abordar los desafíos en Siria y avanzar hacia una resolución pacífica y sostenible de la pugna.[10]

Desde el inicio de la guerra civil en 2011, diversos grupos islamistas han desempeñado un papel determinante en el desarrollo del conflicto. Estas organizaciones presentan diferencias en ideología, tácticas y objetivos, lo que ha contribuido a la complejidad del panorama político y militar del país. Uno de los grupos más influyentes fue Jabhat al-Nusra, filial de Al Qaeda en Siria, que logró consolidar su presencia en diversas regiones y se convirtió en una de las principales fuerzas de oposición al gobierno sirio. Paralelamente, ISIS expandió su control en el país, imponiendo su estricta interpretación de la ley islámica (Sharia) y documentando sus atrocidades a través de su publicación web Dabiq.[11]

A medida que la guerra se prolongaba, las tensiones entre grupos islamistas se intensificaron. La rivalidad entre Jabhat al-Nusra e ISIS generó enfrentamientos violentos entre ambas facciones, mientras que la fragmentación de la oposición armada dio lugar a la aparición de nuevas organizaciones con agendas diversas. Entre estas destacan Ajnad al-Kavkaz,[12] conformado por combatientes del Cáucaso, principalmente chechenos, y Jaysh al-Islam, un grupo opositor liderado por Zahran Alloush hasta su eliminación por Rusia en diciembre de 2015. La competencia por recursos, territorio y respaldo internacional exacerbó aún más las divisiones dentro del movimiento islamista en Siria.

En medio de este panorama fragmentado, en 2017 surgió Hay’at Tahrir al-Sham (HTS), una alianza de varios grupos islamistas encabezada por Jabhat al-Nusra. Esta organización rompió sus lazos con la red de Al Qaeda, fundada por Osama Bin Laden, e intentó proyectarse como un movimiento con un enfoque más nacionalista y contrario al régimen Baazista de Assad. HTS buscaba consolidar el poder de los islamistas en el norte de Siria y competir con otras facciones rebeldes y terroristas por el control territorial. Su aparición representó un intento de unificación de diversas facciones rebeldes y yihadistas en el noroeste del país, particularmente en la región de Idlib, donde estableció su principal bastión. A través de esta fusión, HTS pretendía afianzar su dominio y organizar un frente unificado contra las fuerzas del gobierno sirio, estructurado bajo el renombrado Al-Fatah al-Mubin o Comando de Operaciones Militares.[13]

Ahmed Al Sharaa (1982), identificado por su kunya o nombre de guerra Abu Mohammad al-Julani, se convirtió en el líder principal de HTS y ha desempeñado un papel crucial en su organización y estrategia militar. Con experiencia previa en Al Qaeda en Irak, durante la ocupación estadounidense (2003-2011), al-Julani ha liderado a HTS en su intento por consolidar el control sobre las áreas bajo su influencia. Otros comandantes destacados incluyen a Hashim al-Shaykh (1968), conocido como Abu Jaber Shaykh, quien ha participado en la planificación de operaciones militares, y Abu Malek al-Talli, responsable de la coordinación con otras facciones rebeldes en Siria.[14]

Por otro lado, el surgimiento de ISIS marcó un hito significativo en la historia contemporánea de Oriente Medio. Desde sus inicios, esta organización tuvo un impacto profundo en la región, especialmente en Siria, donde llevó a cabo una campaña de terror y violencia. ISIS se fortaleció en el caos de la guerra civil a partir de 2011, aprovechando la debilidad del gobierno de Bashar al-Assad y el descontento de la población suní. Con el tiempo, logró establecer un califato en amplias zonas de Irak y Siria, extendiendo el conflicto a Occidente, imponiendo su interpretación radical del Islam y cometiendo atrocidades a gran escala.

En Siria, ISIS se convirtió en un actor clave del conflicto, enfrentándose tanto a las fuerzas gubernamentales como a otros grupos rebeldes. Su capacidad para reclutar combatientes extranjeros y financiarse mediante la venta de petróleo le otorgó una ventaja estratégica en el campo de batalla. Sin embargo, a medida que la coalición internacional liderada por EE. UU. intensificó sus ataques aéreos, la organización comenzó a perder territorio y poder. Para 2025, se prevé que ISIS haya perdido gran parte de su control en Siria, aunque es probable que continúe operando como una amenaza insurgente. A pesar de los reveses sufridos, su ideología extremista sigue atrayendo seguidores y simpatizantes tanto en la región como a nivel global. La reconstrucción y estabilización de las áreas previamente controladas por los fundamentalistas, liderados inicialmente por Abu Bakr al-Baghdadi, representan un desafío significativo para el gobierno transicional sirio y la comunidad internacional.[15]

La presencia continua de grupos yihadistas en Siria y sus países vecinos plantea desafíos de seguridad tanto a nivel nacional como internacional. La radicalización de individuos a través de la propaganda en línea y la influencia de antiguos miembros de ISIS son amenazas que requieren un enfoque integral. La mitigación de su influencia dependerá de abordar las raíces del extremismo, reconstruir las áreas afectadas y promover la estabilidad a largo plazo, elementos clave para garantizar un futuro más seguro en Siria y en toda la región.

Las Nuevas Fuerzas Armadas Sirias Tras la Caída de Bashar al-Assad

La creación de un Ministerio de Defensa centralizado, encabezado por Marhaf Abu Qasra, simboliza el esfuerzo por unificar y profesionalizar las fuerzas armadas después del colapso de un régimen que se mantuvo en el poder por más de medio siglo. Uno de los primeros pasos en este proceso ha sido el establecimiento de “centros de reconciliación”, donde los combatientes entregan sus armas y se comprometen a formar parte del nuevo ejército. No obstante, este esfuerzo enfrenta múltiples desafíos. Las tensiones entre diversas facciones, con lealtades divergentes y visiones políticas opuestas, dificultan el proceso de cohesión.[16]

El principal reto para las nuevas fuerzas armadas sirias radica en equilibrar los intereses de los distintos grupos dentro de sus filas. Por ejemplo, las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF por sus siglas en inglés), respaldadas por EE. UU. y compuestas predominantemente por combatientes kurdos, han propuesto mantener una estructura militar separada dentro del ejército nacional. Sin embargo, el gobierno de transición ha rechazado estas iniciativas, insistiendo en una jerarquía consolidada bajo el Ministerio de Defensa. Esta postura busca evitar la fragmentación del país en «mini-ejércitos», un fenómeno conocido como «libanización», a pesar de correr el riesgo de alienar a actores clave en el conflicto.[17]

Además, la corrupción y la desconfianza entre los antiguos combatientes representan obstáculos significativos. Muchos ciudadanos temen que las nuevas fuerzas armadas repliquen las prácticas represivas del régimen anterior. Para contrarrestar estos temores, el gobierno ha enfatizado la necesidad de una formación ética y profesional que garantice el respeto por los derechos humanos.

Una de las principales preocupaciones de la sociedad radica en la ideología islamista del grupo mayoritario que asumió el poder: HTS, liderado por Abu Mohammad al-Julani (Ahmed Al Sharaa). La posibilidad de que se instaure una policía de estricta orientación islámica, similar a la de Arabia Saudita o incluso a la Policía de la Moral del régimen talibán en Afganistán, ha generado inquietud sobre su impacto en las comunidades seculares y en las minorías religiosas, como drusos, alauíes y kurdos. Asimismo, la posible implementación de la sharía plantea interrogantes sobre su compatibilidad con los esfuerzos de democratización y pluralismo. Aunque el gobierno transicional ha reconocido que la transición hacia elecciones libres y democráticas, la redacción de una nueva constitución y la consolidación de un Estado operativo tomará al menos cinco años, persisten dudas sobre cómo se conciliarán estos procesos con la creciente influencia de grupos islamistas.

El éxito de las nuevas fuerzas armadas sirias dependerá de su capacidad para consolidarse como una institución verdaderamente nacional, capaz de trascender las divisiones sectarias y políticas. La participación de la comunidad internacional, a través de apoyo financiero, programas de capacitación y mediación diplomática, será fundamental para garantizar la estabilidad a largo plazo.[18]

Suhail Al Hassan y las Fuerzas Tigre Ante el Gobierno Transicional: Desafíos en Enero de 2025

En enero de 2025, el conflicto en Siria continúa siendo un escenario complejo, donde los remanentes de las antiguas Fuerzas Armadas Árabes Sirias (FAAS), lideradas por figuras como Suhail Al Hassan, siguen desempeñando un papel clave en la dinámica política y militar. Conocido como “El Tigre”, Al Hassan comandó las Fuerzas Tigre, una unidad de élite que resultó fundamental en las victorias militares del régimen de Bashar al-Assad durante la guerra civil. Esta unidad, reconocida por su disciplina y eficacia en el campo de batalla, se especializó en operaciones ofensivas, participando en la recuperación de ciudades estratégicas como Alepo, Homs e Idlib.

Luego de la caída del régimen, las Fuerzas Tigre se reestructuraron y pasaron a la clandestinidad, en una situación similar a la experimentada por la Guardia Republicana Iraquí tras la derrota de Saddam Hussein en abril de 2003. En esta nueva etapa, no solo continuaron combatiendo contra grupos opositores, sino que llevaron a cabo acciones para desestabilizar a las nuevas fuerzas armadas después de diciembre de 2024.

Bajo el mando de Al Hassan, estas fuerzas desarrollaron una alta capacidad de coordinación con aliados internacionales, en particular Rusia, que les proporcionó apoyo logístico, aéreo y técnico, fortaleciendo su posición en el terreno.[19] Esta colaboración permitió a las Fuerzas Tigre mantener su ventaja táctica frente a sus adversarios, incluidas las fuerzas alineadas con el Gobierno Transicional.

Por su parte, el Gobierno Transicional sirio, respaldado por actores internacionales como EE. UU. y algunos países europeos, busca establecer un marco político inclusivo que trascienda las divisiones generadas por la guerra.[20] Sin embargo, las Fuerzas Tigre y otras facciones leales al extinto régimen baazista constituyen un serio desafío para este proceso. Desde enero de 2025, las tensiones entre estas fuerzas y las milicias vinculadas al Gobierno Transicional se han intensificado, especialmente en regiones como Daraa y el noreste del país. Uno de los golpes más importantes contra la insurgencia baazista en Siria fue la captura del exgeneral Mohammed Kanjo Hassan en la provincia costera de Tartus, antiguo bastión de Al Assad y sede de la única base naval rusa en el Mediterráneo, la cual fue evacuada tras la caída del régimen.

El Exilio de Bashar al-Assad en Moscú: Un Hito en la Historia de Siria

El 8 de diciembre de 2024 marcó un punto de inflexión en la historia contemporánea de Siria. Ese día, Bashar al-Assad, quien había gobernado el país desde el año 2000, abandonó Damasco y se exilió en Moscú tras la entrada de fuerzas rebeldes en la capital siria. La incapacidad del ejército sirio para defender la ciudad, sumada a la pérdida de apoyo popular y la creciente presión internacional, obligaron a Assad a buscar refugio en Rusia, su principal aliado durante la guerra civil.[21]

El traslado de Bashar al-Assad a Moscú fue facilitado por el gobierno ruso, que justificó su decisión como una medida para prevenir un derramamiento de sangre mayor y proteger al presidente sirio de posibles represalias. Aunque algunos informes indican que Assad inicialmente se resistió a dejar el país, la inminente caída de Damasco y la presión de sus aliados lo llevaron a aceptar el exilio. La incapacidad del ejército sirio para defender la capital, junto con la pérdida de apoyo popular y la presión internacional, obligaron a Bashar al-Assad a buscar refugio en Rusia, su principal aliado durante la guerra civil. Su traslado a Moscú fue facilitado por el gobierno ruso, que argumentó la necesidad de evitar un derramamiento de sangre mayor y garantizar su seguridad ante posibles represalias.

Si bien algunos informes indican que Bashar al-Assad inicialmente se resistió a abandonar el país, la inminente caída de Damasco y la presión de sus aliados lo obligaron a aceptar el exilio. Desde su llegada a Moscú, ha mantenido un perfil bajo, alejado del ojo público. Se le ha concedido asilo en una residencia segura en las afueras de la capital rusa, bajo la vigilancia de las fuerzas de seguridad del Kremlin.

Aunque el gobierno ruso ha sido discreto sobre su situación, se sabe que el exmandatario ha sostenido reuniones privadas con altos funcionarios, posiblemente para discutir el futuro político de Siria y su propio rol en el exilio. En cuanto a su familia, se ha informado que su esposa, Asma al-Assad, y sus hijos también residen en Moscú, adaptándose a una nueva realidad lejos del poder y el lujo que disfrutaban en Damasco. La comunidad siria en Rusia, pese a ser reducida, ha mostrado reacciones divididas ante su llegada: mientras algunos lo consideran un líder traicionado, otros lo ven como el principal responsable de los años de conflicto y sufrimiento en su país.

Conclusiones

El contexto geopolítico en Siria, luego del derrocamiento de Bashar al-Assad, plantea desafíos significativos que requieren una respuesta integral y coordinada en los ámbitos militar, político y humanitario. La reconstrucción del país, la estabilización de las zonas afectadas y la búsqueda de una solución política incluyente son factores clave para avanzar hacia la paz y la seguridad regional. Es imperativo que la comunidad internacional colabore de manera conjunta para abordar los problemas complejos que enfrenta Siria, evitando así que la crisis se prolongue indefinidamente. Por otro lado, uno de los posibles escenarios luego del fin de la guerra podría ser la fragmentación del país en varias zonas de control, similar a lo ocurrido en los peores momentos de la primera guerra civil iraquí (2006-2009). En este contexto, se vislumbra la formación de un enclave alauita en la costa, específicamente en Latakia y Tartús, respaldado por Rusia; una región kurda en el noreste con apoyo occidental; zonas bajo influencia turca en el norte; y áreas suníes en el centro y sur, con respaldo de los países del Golfo.

Notas finales

  1. A. Haidar, Las relaciones entre Siria y Estados Unidos durante la presidencia de Hafez Al-Asad (1970-2000). Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Madrid, 2009.
  2. Jusaima Moaid-Azm Peregrina, Resolución del Conflicto Sirio: Una Aproximación Multi-track a la Mediación de la ONU para Siria (2012-2023). Tesis doctoral, Universidad de Granada, 2024.
  3. H. Albasoos, An Overview of the Conflict in Syria, International Journal of Research in Business and Social Science 6, no. 1 (2017): 47-54.
  4. C. Wieland, Syria: A Decade of Lost Chances (Seattle, WA: Cune Press, 2012).
  5. M. Levitt, Hezbollah: The Global Footprint of Lebanon’s Party of God (Georgetown University Press, 2024).
  6. A. Tucker-Jones, Daesh: Islamic State’s Holy War (Casemate Publishers, 2018).
  7. K. Al-Kassimi, The Legal Principles of Bethlehem & Operation Timber Sycamore: The ‘Islamist Winter’ Pre-emptively Targets ‘Arab Life’ by Hiring ‘Arab Barbarians’, Laws 10, no. 3 (2021): 69.
  8. Itamar Rabinovich and Carmit Valensi, Syrian Requiem: The Civil War and Its Aftermath (Princeton University Press, 2021).
  9. E. Moore, FPI Bulletin: The Danger of Ignoring Al-Qaeda in Syria, Foreign Policy Initiative, 2022.
  10. B. Berti, The Syrian Refugee Crisis: Regional and Human Security Implications, Strategic Assessment 17, no. 4 (2015): 41-53.
  11. M. Á. B. Martín, La Estrategia del Daesh a Través de su Revista Dabiq, Boletín IEEE 7 (2017): 338-353. https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2017/DIEEEA51-2017_Estrategia_Daesh_Revista_Dabiq_MABM.pdf
  12. J. Beslin and M. Ignjatijevic, Balkan Foreign Fighters: From Syria to Ukraine, European Union Institute for Security Studies (EUISS), 2022.
  13. J. Drevon and P. Haenni, How Global Jihad Relocalises and Where it Leads: The Case of HTS, the Former AQ Franchise in Syria, Robert Schuman Centre for Advanced Studies Research Paper no. RSCAS, 8 (enero 2021).
  14. C. Anzalone, The Multiple Faces of Jabhat al-Nusra/Jabhat Fath al-Sham in Syria’s Civil War, Insight Turkey 18, no. 2 (2016): 41-50.
  15. M. Sethuraman, ISIS Post Baghdadi: Will There Be Another Caliphate in 2020? NIAS Quarterly on Contemporary World Affairs 2, no. 1 (2020): 1-8.
  16. Oxford Analytica, Syria’s De Facto Leader Will Priorise Pragmatism, Emerald Expert Briefings (oxan-db), 2025.
  17. G. Nick, Six Scenarios for Pro-Regime Militias in ‘Post-War’ Syria, 2019.
  18. D. Mirzaei and E. Woertz, Ten Things to Watch in the Middle East and North Africa in 2025, GIGA Focus: Nahost 2 (January 2025).
  19. A. Bank, The ‘Victor’s Peace’ in Syria and the Limits of Multilateral Policies, 2019.
  20. K. Al Khateeb, Perspectives on Transitional Justice in Syria: Voices from Academia, Civil Society, and the Arts (Editor, 2025).
  21. W. Briggs, The On-Going Pain of Syria, Guardian (Sydney), 2129 (2025): 15.

 

COMPARTIR

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Las ideas contenidas en este análisis son responsabilidad exclusiva del autor, sin que refleje necesariamente el pensamiento del CEEEP ni del Ejército del Perú

NEWSLETTER