Resumen
El presente artículo analiza las lecciones estratégicas derivadas de los conflictos geopolíticos contemporáneos y sus implicancias para el sistema de seguridad y defensa del Perú. Se examinan tres escenarios críticos: el conflicto Rusia-Ucrania, que se configura como referencia contemporánea de guerra de desgaste y operaciones multidominio; el conflicto asimétrico entre Irán e Israel, en el contexto de la participación de Estados Unidos (EE. UU.), como modelo de resistencia estratégica mediante guerra por proxy; y el escenario Venezuela-EE. UU. como manifestación de la competencia de grandes potencias en América Latina. Los resultados muestran que el Perú enfrenta una exposición estratégica indirecta significativa ante la reconfiguración del orden internacional multipolar, junto con déficits acumulados en materia de ciberdefensa, la ausencia de capacidades multidominio integradas, la vulnerabilidad de la infraestructura crítica, la dependencia tecnológica externa y una resiliencia nacional limitada. En este marco, se plantea que el Perú requiere transitar de un modelo reactivo y fragmentado hacia un enfoque integral de defensa multidominio, fortaleciendo su autonomía estratégica mediante una inversión sostenida en capacidades críticas, la diversificación de alianzas, el desarrollo de una industria nacional de defensa y la consolidación de la resiliencia nacional como pilar fundamental de la seguridad del Estado.
Palabras clave: operaciones multidominio; autonomía estratégica; resiliencia nacional; guerra híbrida; seguridad y defensa del Perú; competencia geopolítica
Introducción
El siglo XXI ha evidenciado una transformación radical en la naturaleza de los conflictos armados y de las amenazas a la seguridad nacional. La invasión rusa de Ucrania en 2022, el conflicto asimétrico entre Irán e Israel, y la presión geopolítica sobre Venezuela demuestran que el poder militar convencional resulta insuficiente para garantizar la seguridad estatal en un entorno caracterizado por la hibridación de amenazas, la integración de múltiples dominios operacionales y la competencia estratégica entre grandes potencias.1 Estos conflictos revelan que la guerra contemporánea trasciende el campo de batalla tradicional, al integrar los dominios cibernético, informacional, económico y espacial en una estrategia coherente de desgaste y erosión de la voluntad del adversario.2
Para el Perú, esta reconfiguración del panorama estratégico global plantea desafíos inéditos. Aunque el país no enfrenta amenazas militares convencionales inmediatas, su exposición estratégica indirecta es significativa. La competencia geopolítica entre EE. UU., China y Rusia en América Latina convierte a la región en un escenario de rivalidad por recursos estratégicos, influencia política y acceso a mercados.3 Venezuela, Estado fronterizo con el que el Perú comparte vínculos históricos y económicos, se ha convertido en un laboratorio de guerra híbrida, sanciones económicas y operaciones de información que han generado una crisis humanitaria con efectos desestabilizadores para toda la región.4 La planificación estratégica nacional carece de una perspectiva alineada con el concepto de autonomía estratégica, lo que limita la efectividad de las políticas de seguridad y defensa en un contexto de multipolaridad creciente.5
La transición hacia un orden internacional multipolar ha intensificado la competencia estratégica en todas las regiones del mundo, incluida América Latina. China ha emergido como el principal socio comercial de varios países latinoamericanos, desplazando gradualmente la influencia económica estadounidense.6 Rusia, por su parte, ha expandido su presencia mediante ventas de armamento, cooperación energética y operaciones de información, con el propósito de contrarrestar la hegemonía occidental en el hemisferio.7 Esta dinámica convierte a América Latina en un “tercer espacio” de disputa estratégica, en el que los países de la región deben navegar entre presiones externas y la búsqueda de autonomía estratégica.8
Los casos geopolíticos contemporáneos ofrecen lecciones estratégicas fundamentales para países como el Perú. La guerra Rusia-Ucrania ha demostrado que la resiliencia nacional, la movilización efectiva de recursos, la logística robusta y el apoyo de alianzas internacionales son factores determinantes para la supervivencia estatal en contiendas prolongadas de desgaste.9 El conflicto Irán-Israel revela la eficacia de estrategias asimétricas empleadas por Irán basadas en guerra proxy, drones de bajo costo y misiles de precisión para contrarrestar la superioridad tecnológica convencional.10 A su vez, la estrategia israelí demuestra la necesidad de configurar la defensa aérea multicapa para asegurar su supervivencia regional. El caso venezolano ilustra cómo las sanciones económicas, la guerra informacional y la presión diplomática pueden erosionar la soberanía estatal y generar crisis humanitarias con efectos regionales.11
La relevancia de este estudio radica en la necesidad urgente de que el Perú desarrolle una comprensión estratégica integral de las amenazas contemporáneas y adapte su sistema de seguridad y defensa a un entorno geopolítico en transformación acelerada. La literatura académica peruana sobre operaciones multidominio, guerra híbrida y autonomía estratégica es aún incipiente, y existe una brecha significativa entre los debates teóricos internacionales y la formulación de políticas públicas nacionales.12
El análisis comparado de casos geopolíticos contemporáneos permite identificar patrones estratégicos, vulnerabilidades sistémicas y capacidades críticas que el Perú debe desarrollar para garantizar su seguridad en el siglo XXI. Este conocimiento es esencial para informar la toma de decisiones en materia de inversión en defensa, modernización de las Fuerzas Armadas (FF. AA.), desarrollo de capacidades tecnológicas y formulación de alianzas estratégicas.13
El objetivo general de esta investigación es analizar las lecciones estratégicas derivadas de los conflictos geopolíticos contemporáneos —Rusia-Ucrania, Irán-Israel-EE. UU. y Venezuela-EE. UU.— y determinar sus implicancias para el fortalecimiento del sistema de seguridad y defensa del Perú en las dimensiones de operaciones multidominio, autonomía estratégica y resiliencia nacional.
Competencia Geopolítica y Reconfiguración del Orden Internacional
La Transición Hacia un Orden Multipolar
El sistema internacional experimenta una transición estructural desde la unipolaridad estadounidense posterior a la Guerra Fría hacia un orden multipolar caracterizado por la competencia estratégica entre grandes potencias.14 Esta reconfiguración se manifiesta en tres dimensiones interrelacionadas: la erosión de la hegemonía militar estadounidense, el ascenso económico y tecnológico de China, y la resiliencia geopolítica de Rusia como potencia revisionista.15 El retorno de EE. UU. y Europa a una lógica realista de las relaciones internacionales evidencia que estos actores priorizan nuevamente la seguridad nacional, la soberanía, el control territorial, los recursos estratégicos y las alianzas militares por encima del ideal liberal de cooperación universal. Desde esta perspectiva, el sistema internacional se concibe como un ámbito competitivo e incierto, marcado por amenazas provenientes de otros Estados, especialmente China y Rusia.16
En el caso de EE. UU., esta tendencia se expresa en una política exterior centrada en el interés nacional, la protección de fronteras, el control de rutas estratégicas, la seguridad energética y el acceso a recursos críticos. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 (ESN 2025) señala que la política estadounidense combina «realismo político, soberanía nacional, competitividad económica y prioridades regionales selectivas», además de priorizar recursos como el petróleo, las tierras raras y las posiciones geográficas de valor militar en América Latina.17 Esta orientación responde a un enfoque realista, en la medida en que el poder militar, económico y territorial vuelve a ocupar un lugar central en la concepción de la seguridad.18
En Europa, el retorno al realismo se observa con mayor claridad a raíz de la guerra en Ucrania. La Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) han reforzado la defensa colectiva, el gasto militar, la protección de fronteras orientales, la seguridad energética y la reducción de dependencias estratégicas. La Brújula Estratégica de la UE plantea una Europa capaz de proteger a sus ciudadanos, sus intereses y sus valores en un entorno más hostil.19 Además, el Concepto Estratégico de la OTAN de 2022 reafirma que la defensa colectiva sigue siendo el propósito central de la Alianza.20
Por tanto, EE. UU. y Europa han retomado elementos de una visión realista de la seguridad, pues reconocen que esta no depende únicamente del derecho internacional o del multilateralismo, también de la capacidad de disuadir amenazas, controlar recursos, asegurar fronteras y fortalecer alianzas militares. En este nuevo escenario, los Estados tienden a actuar conforme a una lógica de supervivencia, poder e interés nacional.21
Para América Latina, esta transición implica tanto oportunidades como riesgos. Por un lado, la multipolaridad ofrece a los países de la región mayor margen de maniobra para diversificar alianzas y reducir la dependencia histórica de EE. UU.22 Por otro lado, la competencia entre grandes potencias convierte a América Latina en un escenario de rivalidad por recursos estratégicos, acceso a mercados y proyección de influencia política.23
Para el Perú, esta transición hacia un orden multipolar representa un escenario de oportunidades y vulnerabilidades estratégicas. Por su ubicación geopolítica en el Pacífico Sur, su riqueza en minerales críticos, su proyección hacia Asia-Pacífico y su condición de país amazónico y andino, el Perú adquiere mayor relevancia en la competencia entre grandes potencias. En este contexto, EE. UU., China, Europa y otros actores buscarán fortalecer su presencia económica, tecnológica, militar y diplomática en la región.
Sin embargo, esta situación también implica riesgos. La rivalidad entre potencias puede presionar al Perú a tomar posiciones rígidas o a depender excesivamente de un solo actor externo. A su vez, la importancia de sus recursos estratégicos, infraestructura portuaria, rutas marítimas, energía, minerales y telecomunicaciones puede convertir al país en un espacio de disputa geopolítica indirecta.
Por consiguiente, el Perú debe asumir una política exterior pragmática, equilibrada y basada en el interés nacional. Esto implica diversificar alianzas, proteger sus recursos estratégicos, fortalecer sus capacidades de defensa, asegurar sus fronteras, modernizar su infraestructura crítica y evitar una dependencia excesiva de cualquier potencia. En ese sentido, el Perú debería evitar una posición pasiva ante el nuevo orden multipolar y fortalecer una autonomía estratégica que le permita cooperar con distintos socios internacionales sin comprometer su soberanía ni sus intereses nacionales.
El Rol de Potencias Externas en América Latina
China ha consolidado su posición como principal socio comercial de varios países sudamericanos, desplazando a EE. UU. en términos de intercambio económico. Entre 2007 y 2015, China proporcionó a Venezuela aproximadamente 65 mil millones de dólares en financiamiento para proyectos de infraestructura y desarrollo económico, a cambio de compromisos de suministro petrolero.24 Esta estrategia de «diplomacia de recursos» ha sido aplicada, con distintas modalidades, en otros países de la región, lo que puede generar relaciones de dependencia económica y vulnerabilidad estratégica.25
Rusia, en cambio, ha expandido su presencia mediante ventas de armamento, cooperación energética y operaciones de información. La adquisición y reventa de aproximadamente el 70 % del petróleo venezolano por parte de Rusia subraya la importancia estratégica de los recursos y la vulnerabilidad de Venezuela ante presiones externas.26 Esta dinámica puede generar riesgos de inestabilidad regional y plantear desafíos para la autonomía estratégica de los países latinoamericanos.27
EE. UU., consciente de la erosión de su influencia tradicional, ha intensificado sus esfuerzos por mantener el control estratégico del hemisferio occidental. El Comando Sur de EE. UU., a través de la doctrina de “disuasión integrada”, busca contrarrestar la influencia de China y Rusia en América Latina y el Caribe, percibidos como “actores malignos”.28 Esta estrategia multidominio y multidimensional abarca las dimensiones de democracia, seguridad, economía, información y medio ambiente, aunque el análisis crítico sugiere que el verdadero propósito es mantener el control y dominio histórico de EE. UU. en la región.29
Competencia por Recursos Estratégicos
La competencia geopolítica en América Latina se centra fundamentalmente en el control de recursos estratégicos: petróleo, gas, minerales críticos (litio, cobre, tierras raras), agua dulce y biodiversidad.30 Venezuela, con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, se ha convertido en el epicentro de esta rivalidad. EE. UU. percibe el control de estos recursos como esencial para su seguridad energética, mientras que China busca garantizar el suministro de materias primas para su economía en expansión.31
Para el Perú, esta dinámica tiene implicancias directas. El país posee recursos minerales estratégicos (cobre, oro, plata, zinc) y reservas de gas natural que lo convierten en un actor relevante en la geopolítica de recursos.32 La gestión soberana de estos recursos, la capacidad de negociación con potencias externas y la protección de infraestructura crítica asociada son desafíos centrales para la autonomía estratégica nacional.33
Lecciones Estratégicas del Conflicto Rusia-Ucrania
La Guerra de Desgaste como Paradigma del Conflicto Contemporáneo
El conflicto Rusia-Ucrania ha redefinido la comprensión contemporánea de la guerra, demostrando que los conflictos del siglo XXI pueden adoptar la forma de guerras de desgaste prolongadas que integran múltiples dominios operacionales.34 Contrariamente a las expectativas iniciales de una victoria rápida rusa mediante operaciones de choque, el conflicto se ha transformado en una confrontación sistémica que impacta el frente militar, la retaguardia, el espacio informativo, la economía y la diplomacia.35
La guerra de desgaste se caracteriza por la búsqueda de la victoria «no perdiendo», mediante la superioridad en potencia de fuego y la capacidad industrial para reemplazar pérdidas materiales y humanas.36 Rusia ha adaptado su arte operacional, integrando sistemas de reconocimiento-fuego, asaltos de infantería coordinados, defensa aérea robusta y guerra electrónica, aprovechando el legado soviético para sostener operaciones ofensivas costosas como las batallas de Bakhmut y Avdiivka.37
Para el Perú, esta lección subraya la importancia de desarrollar capacidades de sostenimiento logístico, producción industrial de defensa y movilización nacional que permitan sostener operaciones prolongadas en caso de conflicto. La dependencia de proveedores externos de armamento y tecnología militar constituye una vulnerabilidad estratégica crítica en un escenario de guerra de desgaste.38
Resiliencia Nacional, Movilización y Logística
La resiliencia nacional ucraniana ha emergido como el factor determinante de la supervivencia estatal frente a la agresión rusa. Esta se manifiesta en múltiples dimensiones: cohesión social, voluntad de resistencia, capacidad de movilización, adaptación institucional y mantenimiento de la funcionalidad del Estado bajo presión extrema.39 Ucrania ha logrado movilizar efectivamente a su población, mantener la continuidad gubernamental, preservar la infraestructura crítica y sostener la economía de guerra mediante apoyo internacional y adaptación interna.40
La logística ha demostrado ser un factor decisivo en el conflicto. Las dificultades logísticas rusas en las fases iniciales de la invasión, caracterizadas por líneas de suministro extendidas, falta de coordinación y vulnerabilidad a ataques ucranianos, contribuyeron significativamente al fracaso de la ofensiva sobre Kiev.41 Por el contrario, el apoyo logístico occidental a Ucrania, mediante el suministro continuo de armamento, municiones, inteligencia y entrenamiento, ha sido crucial para sostener la resistencia ucraniana.42
Para el Perú, estas lecciones implican la necesidad de fortalecer la resiliencia nacional por medio de la consolidación de la cohesión social, el desarrollo de capacidades de movilización rápida, la protección de infraestructura crítica y el establecimiento de sistemas logísticos robustos que garanticen la continuidad operacional de las FF. AA. en escenarios de crisis prolongada.43
Integración Multidominio: Tecnología, Drones, Defensa en Capas, Guerra Electrónica y Ciberoperaciones
El conflicto Rusia-Ucrania ha evidenciado la centralidad de las operaciones multidominio en la guerra contemporánea. La integración de los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético, espacial e informacional en una estrategia coherente se ha convertido en un requisito fundamental para la efectividad militar.44 Ambos contendientes han empleado drones de reconocimiento y ataque, guerra electrónica destinada a degradar las comunicaciones enemigas, ciberoperaciones orientadas a interrumpir la infraestructura crítica y operaciones de información dirigidas a moldear la percepción pública.45
Los drones, en particular, han revolucionado el campo de batalla. Ucrania ha empleado drones comerciales adaptados para reconocimiento, adquisición de blancos y ataques de precisión, compensando parcialmente su inferioridad en artillería convencional.46 Rusia, en cambio, ha utilizado drones iraníes Shahed-136 para ataques masivos contra infraestructura energética ucraniana, buscando erosionar la resiliencia civil.47 El costo relativamente bajo de estos sistemas y su efectividad operacional los convierten en multiplicadores de fuerza accesibles para países con presupuestos de defensa limitados.48
La defensa en capas ha revolucionado el campo de batalla, al concebir la defensa no solo como un sistema único, sino como múltiples sistemas orientados a desarrollar una capacidad sinérgica que permita, en la medida de lo posible, mitigar los efectos de un campo de batalla transparente. En este sentido, no solo se puede hablar de un sistema de defensa antiaéreo, antitanque, protección de punto o defensa pasiva de manera aislada: cada uno de estos medios y procedimientos debe integrarse en todos los dominios para contar con capacidades suficientes ante amenazas emergentes, en un entorno donde todo es observable y las fuerzas están en constante amenaza.
La guerra electrónica y las ciberoperaciones han demostrado ser herramientas críticas para degradar las capacidades del adversario. Rusia ha empleado sistemas de guerra electrónica para interferir con las comunicaciones ucranianas y neutralizar drones, mientras que Ucrania ha utilizado ciberataques para disrumpir sistemas logísticos y de comando rusos.49 La defensa del ciberespacio se ha convertido en un componente esencial de la seguridad nacional, requiriendo inversión en capacidades ofensivas, defensivas y de inteligencia cibernética.50
En el caso peruano, estas lecciones evidencian la urgencia de desarrollar capacidades multidominio integradas. El país enfrenta déficits críticos en ciberdefensa, ausencia de una industria nacional de drones militares, limitada capacidad de guerra electrónica y escasa integración operacional entre los dominios tradicionales y emergentes.51 La modernización tecnológica y la inversión en capacidades multidominio deben convertirse en prioridades estratégicas.52 Perú también requiere desarrollar su industria de drones bajo un concepto de armas combinadas que permita integrar estos sistemas en cada una de las armas y servicios de manera sinérgica, de modo que se constituyan en multiplicadores de combate para cada una de las capacidades fundamentales del Ejército.
Alianzas Internacionales como Factor Determinante
El apoyo de la OTAN y la UE ha sido determinante para la supervivencia de Ucrania. El suministro continuo de armamento avanzado (sistemas de defensa aérea, artillería de largo alcance, tanques, vehículos blindados), inteligencia en tiempo real, entrenamiento militar, asistencia financiera y sanciones económicas contra Rusia ha permitido a Ucrania sostener la resistencia frente a un adversario con superioridad numérica y material.53 Esta lección pone de relieve que, en la era de la guerra multidominio, las alianzas internacionales constituyen un factor crítico de supervivencia estatal.54
Desde la perspectiva del Perú, esta lección plantea el desafío de diversificar alianzas estratégicas sin comprometer la autonomía nacional. La dependencia histórica de EE. UU. como proveedor de asistencia militar y equipamiento debe ser complementada con relaciones de cooperación con otros actores (países europeos, Israel, Corea del Sur, India) que permitan acceso a tecnología, entrenamiento y apoyo logístico en caso de crisis.55 Simultáneamente, el fortalecimiento de la cooperación regional sudamericana en materia de defensa puede generar sinergias y reducir vulnerabilidades compartidas.56
La Transparencia del Campo de Batalla
El conflicto Rusia-Ucrania ha transformado la aplicabilidad doctrinal de los medios disruptivos, como drones, sensores, satélites y equipos electromagnéticos, que han permitido la vigilancia permanente del campo de batalla, reduciendo significativamente el impacto del ocultamiento, de las operaciones de engaño y de la concentración de medios, y obligando a las fuerzas a un estrés operacional nunca antes visto que afecta directamente a los combatientes y a los procedimientos de ocultamiento, y las obliga a dispersar todos los medios a disposición. Esta transparencia del campo de batalla se ha generado, en gran medida, por la proliferación de drones, que ha permitido al comandante disponer de información continua las 24 horas del día sobre la totalidad del campo de batalla.
Existen factores importantes derivados de la experiencia de la guerra entre Rusia y Ucrania, como el impacto transformador de los vehículos aéreos no tripulados (conocido por sus siglas en inglés como UAV) y drones, que ha alterado significativamente las técnicas, tácticas y procedimientos en el campo de batalla; la vigilancia persistente, que ha reducido de manera notable el ocultamiento de las fuerzas; la pérdida de la ventaja nocturna, derivada de los sistemas térmicos propios de los medios no tripulados; y el factor cantidad sobre calidad, en el que el bajo costo ha resultado más efectivo que sistemas costosos occidentales.
Para el Perú, es esencial incluir, dentro de sus procesos de adquisiciones y desarrollo de capacidades, la incorporación de sistemas de drones que permitan mejorar la conciencia situacional y contar con la capacidad de operar de manera óptima en un entorno de transparencia del campo de batalla, en beneficio propio.
Impactos Económicos y Sanciones como Instrumento de Guerra
El conflicto Rusia-Ucrania ha demostrado que las sanciones económicas constituyen un instrumento de guerra estratégica en la era de la globalización. Las sanciones occidentales contra Rusia, que incluyen congelamiento de activos, exclusión del sistema de la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales (SWIFT), embargo de tecnología avanzada y restricciones a exportaciones de petróleo y gas, buscan erosionar la capacidad económica rusa para sostener el esfuerzo bélico.57 Aunque Rusia ha demostrado resiliencia económica mediante la reorientación de su comercio hacia China, India y otros países no alineados, las sanciones han generado costos significativos y limitado el acceso a tecnología crítica.58
En lo que respecta al Perú, esta lección pone de relieve la importancia de la diversificación económica, la reducción de vulnerabilidades en cadenas de suministro críticas y el desarrollo de capacidades de producción nacional en sectores estratégicos. La dependencia de importaciones de tecnología, armamento y componentes críticos constituye una vulnerabilidad que puede ser explotada mediante sanciones o restricciones comerciales en escenarios de crisis geopolítica.59
Lecciones Estratégicas del Conflicto Asimétrico Irán-Israel-EE.UU.
Resistencia Asimétrica y Supervivencia Estratégica
El conflicto entre Irán e Israel representa un paradigma de guerra asimétrica prolongada, donde un actor estatal (Irán) emplea estrategias indirectas para contrarrestar la superioridad militar convencional de su adversario (Israel) y su aliado (EE. UU.).60 La estrategia iraní se fundamenta en la «paciencia estratégica», la construcción de una red de actores proxy en la región (Hezbolá en Líbano, Hamas en Gaza, milicias chiitas en Irak y Siria, hutíes en Yemen) y el desarrollo de capacidades asimétricas (misiles balísticos, drones, guerra cibernética) que permiten proyectar poder sin confrontación directa.61
Esta estrategia de resistencia asimétrica ha permitido a Irán sobrevivir a décadas de presión económica (sanciones), aislamiento diplomático y amenazas militares, manteniendo su influencia regional y su programa nuclear.62 La capacidad de adaptación, la resiliencia institucional y la voluntad de aceptar costos prolongados son factores clave de esta supervivencia estratégica.63
Para el Perú, esta lección muestra que la supervivencia estratégica en un entorno de competencia geopolítica no depende exclusivamente de la superioridad militar convencional, sino de la capacidad de desarrollar estrategias adaptativas, mantener la cohesión nacional y explotar las vulnerabilidades del adversario mediante medios asimétricos.64
Drones, Misiles de Precisión y Actores Proxy como Multiplicadores de Fuerza
El conflicto Irán–Israel ha demostrado la efectividad de drones y misiles de precisión como multiplicadores de fuerza para actores con recursos limitados. Irán ha desarrollado una industria nacional de drones (Shahed, Mohajer, Ababil) y misiles balísticos que ha transferido a sus aliados regionales, permitiéndoles proyectar poder a bajo costo.65 Los hutíes en Yemen, apoyados por Irán, han empleado drones y misiles antibuque para atacar infraestructura petrolera saudí y navíos en el Mar Rojo, demostrando la vulnerabilidad de infraestructura crítica ante ataques asimétricos.66
La estrategia de guerra proxy permite a Irán proyectar influencia y presionar a sus adversarios sin asumir los costos de confrontación directa. Hezbolá en Líbano, con un arsenal estimado de más de 150 000 cohetes y misiles, constituye una amenaza estratégica para Israel, capaz de saturar sus defensas aéreas y atacar infraestructura crítica.67 Esta capacidad de disuasión asimétrica ha limitado las opciones militares israelíes y generado un equilibrio estratégico precario.68
En el ámbito peruano, estas lecciones ponen de relieve la importancia de desarrollar capacidades de defensa aérea robustas, protección de infraestructura crítica y sistemas de detección temprana que permitan neutralizar amenazas asimétricas. Simultáneamente, el desarrollo de una industria nacional de drones militares podría proporcionar capacidades de reconocimiento, vigilancia y ataque a costos accesibles.69
Vulnerabilidad de Infraestructura Crítica
El conflicto Irán–Israel ha evidenciado la extrema vulnerabilidad de la infraestructura crítica ante ataques de precisión. Los ataques cibernéticos israelíes contra el programa nuclear iraní, ejemplificados por el virus Stuxnet, que inutilizó aproximadamente el 20 % de las centrifugadoras de enriquecimiento de uranio en Natanz, demuestran la efectividad de operaciones cibernéticas para degradar capacidades estratégicas del adversario.70 Por su parte, Irán ha respondido con ciberataques contra infraestructura israelí, incluyendo sistemas de agua y puertos, evidenciando la vulnerabilidad mutua en el dominio cibernético.71
Los ataques con drones y misiles contra instalaciones petroleras, plantas de energía, puertos y aeropuertos han demostrado que la infraestructura crítica civil es altamente vulnerable y que su destrucción puede generar efectos estratégicos desproporcionados.72 La protección de esta infraestructura requiere sistemas de defensa aérea en capas, ciberseguridad robusta, redundancia operacional y planes de continuidad de negocio.73
Para el Perú, la protección de infraestructura crítica (instalaciones energéticas, puertos, aeropuertos, sistemas de agua, redes de telecomunicaciones, infraestructura de transporte) debe convertirse en una prioridad estratégica. El país carece de sistemas integrados de protección de infraestructura crítica, planes de respuesta ante ataques y capacidades de ciberseguridad adecuadas.74
Necesidad de Asegurar Reservas de Pertrechos Estratégicos
El conflicto Irán–Israel evidenció que es necesario contar con reservas de pertrechos estratégicos diversas (drones, misiles, bunkers, munición, plantas de centrifugadoras de uranio, etc.) que mantengan el impulso de las operaciones de manera prolongada y sostenida durante toda la campaña. Estas reservas estratégicas deben ser planeadas de modo que puedan sustraerse del campo de batalla, con la finalidad de evitar su destrucción prematura (bajo tierra y fuera de la observación), en vista de que, bajo el concepto del campo de batalla transparente, todos los depósitos, almacenes y polvorines se convierten en blancos de ataques de precisión.
El Perú debe asegurar, en la fase preoperacional, las operaciones de ocultamiento de todos los pertrechos y puestos de comando que sean esenciales para la continuidad de las operaciones; además, debe garantizar la cadena de producción de estos pertrechos estratégicos, asegurando su ubicación, almacenamiento y distribución bajo condiciones que eviten su destrucción prematura.
Disuasión Extendida y Límites de La Superioridad Tecnológica
El conflicto Irán–Israel demuestra que la superioridad tecnológica convencional tiene límites en su capacidad de traducirse en resultados estratégicos decisivos. Israel posee una de las FF. AA. más avanzadas tecnológicamente del mundo con sistemas de defensa aérea de última generación (Iron Dome, David’s Sling, Arrow), capacidades de inteligencia sofisticadas y armamento de precisión.75 No obstante, esta superioridad no ha logrado neutralizar la amenaza estratégica iraní ni eliminar las capacidades de sus actores proxy.76
La disuasión extendida, basada en la amenaza de represalias desproporcionadas, enfrenta desafíos en contextos de guerra asimétrica, donde el adversario opera mediante actores proxy y mantiene ambigüedad estratégica.77 La capacidad de Irán para negar responsabilidad directa por las acciones de sus aliados complica la formulación de respuestas proporcionales y limita las opciones de escalada controlada.78
En este contexto, Santiago Rivas, en su artículo El concepto de Defensa Multicapa para una defensa más efectiva, define la defensa multicapa como un sistema integrado compuesto por distintas capacidades defensivas, cada una orientada a detectar, contener, retrasar, degradar o neutralizar una amenaza. Su eficacia no depende de una capacidad aislada, sino de la coordinación y sinergia entre todas las capas. Este enfoque puede emplearse desde la prevención y la alerta estratégica hasta la respuesta militar, incorporando inteligencia, comunicación estratégica, ciberdefensa, mando y control, vigilancia y medios militares convencionales. De esta manera, la defensa multicapa incrementa la resiliencia del Estado y dificulta que la vulneración de un componente provoque el colapso de todo el sistema.79
Para el Perú, su implementación debería comenzar con la identificación de los principales riesgos, amenazas y vulnerabilidades nacionales. A partir de este diagnóstico, podrían organizarse capas de prevención y protección que integren inteligencia y alerta temprana; comunicación estratégica y defensa del ámbito cognitivo; ciberdefensa y protección de infraestructura crítica; vigilancia de los dominios terrestre, marítimo, aéreo y espacial; y capacidades militares de respuesta. Estas requerirían un sistema común de mando y control, intercambio oportuno de información y coordinación entre las FF. AA., sectores del Estado y socios regionales. Por consiguiente, no se trataría únicamente de adquirir sistemas tecnológicos avanzados, sino de integrarlos con capacidades institucionales, humanas, diplomáticas y productivas que fortalezcan la autonomía estratégica, la resiliencia nacional y la capacidad de disuasión del país.
Esta lección muestra que la seguridad nacional no puede depender exclusivamente de la adquisición de tecnología militar avanzada, sino que requiere una estrategia integral que combine capacidades militares, resiliencia nacional, diplomacia efectiva y cooperación regional.80
Lecciones Estratégicas del Escenario Venezuela-EE. UU.
Competencia de Grandes Potencias en América Latina
El caso venezolano ilustra cómo la competencia entre grandes potencias se manifiesta en América Latina mediante la combinación de instrumentos económicos, diplomáticos, informativos y militares. EE. UU. ha empleado sanciones económicas progresivamente más severas contra Venezuela desde 2015, buscando erosionar la capacidad del gobierno de Nicolás Maduro para sostener su régimen.81 Estas incluyen congelamiento de activos, restricciones al sector petrolero, prohibición de transacciones financieras y sanciones personales contra funcionarios gubernamentales.82
China y Rusia han respondido brindando apoyo económico, político y militar a Venezuela, con el propósito de contrarrestar la influencia estadounidense y proteger sus inversiones estratégicas en el país.83 China ha otorgado más de 65 mil millones de dólares en préstamos entre 2007 y 2015, principalmente para proyectos de infraestructura y desarrollo energético, con Venezuela comprometiendo petróleo como garantía.84 Rusia, por su parte, ha vendido armamento, proporcionado asistencia técnica militar y comprado petróleo venezolano, convirtiéndose en un socio estratégico clave.85
Esta dinámica convierte a Venezuela en un escenario de competencia geopolítica con implicancias regionales. La crisis humanitaria venezolana, con más de siete millones de refugiados y migrantes, ha generado presión sobre países vecinos, particularmente Colombia, Brasil, Perú y Ecuador.86 La inestabilidad política, el colapso económico y la presencia de grupos armados irregulares en territorio venezolano constituyen amenazas transnacionales que afectan la seguridad regional.87
Sanciones Económicas, Presión Diplomática y Guerra Informacional
La situación venezolana demuestra la efectividad y las limitaciones de las sanciones económicas como instrumento de coerción estratégica. Las sanciones estadounidenses han generado costos económicos significativos para Venezuela, contribuyendo al colapso de la producción petrolera, la hiperinflación y la contracción del Producto Interno Bruto (PIB).88 Sin embargo, no han logrado el objetivo declarado de cambio de régimen, lo que revela que las sanciones económicas, por sí solas, son insuficientes para forzar transformaciones políticas cuando el régimen objetivo cuenta con apoyo externo y capacidad de adaptación.89
La presión diplomática, mediante el aislamiento internacional de Venezuela en organismos regionales (OEA, Grupo de Lima) y el reconocimiento de gobiernos alternativos, ha buscado erosionar la legitimidad del régimen de Maduro.90 No obstante, el apoyo de China, Rusia, Irán, Cuba y otros países ha permitido a Venezuela mantener vínculos internacionales y acceso a recursos, limitando la efectividad del aislamiento diplomático.91
La guerra informacional ha sido un componente central de la competencia geopolítica en torno a Venezuela. EE. UU. y sus aliados han empleado narrativas sobre democracia, derechos humanos y crisis humanitaria para justificar la presión sobre el régimen venezolano.92 Por su parte, Venezuela, con apoyo de Rusia y China, ha desarrollado contranarrativas sobre intervención imperialista, defensa de la soberanía y resistencia antihegemónica.93 Esta batalla por el control de la narrativa se libra en medios tradicionales, redes sociales y espacios diplomáticos internacionales.94
Para el Perú, estas lecciones ponen de relieve la importancia de desarrollar capacidades de comunicación estratégica, protección contra operaciones de información y resiliencia ante presiones económicas y diplomáticas externas. La vulnerabilidad a sanciones económicas puede ser mitigada mediante diversificación de socios comerciales, reducción de dependencia de importaciones críticas y fortalecimiento de la economía nacional.95
Vulnerabilidad Estratégica de Estados con Recursos Naturales
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, lo que convierte al país en un actor estratégico en la geopolítica energética global. Pese a ello, esta riqueza en recursos naturales no se ha traducido en seguridad estratégica, sino que ha generado vulnerabilidad ante presiones externas.96 La dependencia de las exportaciones petroleras para sostener la economía nacional, la falta de diversificación productiva y la vulnerabilidad de la infraestructura energética han facilitado la efectividad de las sanciones económicas.97
El control de recursos estratégicos se ha convertido en un factor central de la competencia geopolítica. EE. UU. percibe el acceso a recursos energéticos latinoamericanos como esencial para su seguridad nacional, mientras que China busca garantizar el suministro de materias primas para su economía.98 Esta dinámica genera presión sobre países ricos en recursos que deben equilibrar la explotación de sus recursos naturales con la preservación de la soberanía y la autonomía estratégica.99
En el caso peruano, país rico en recursos minerales (cobre, oro, plata, zinc) y con reservas de gas natural, esta lección destaca la importancia de desarrollar una estrategia de gestión soberana de recursos naturales que equilibre la explotación económica con la protección de la autonomía estratégica. La diversificación económica, el desarrollo de capacidades de procesamiento nacional y la protección de infraestructura crítica asociada a la extracción de recursos son elementos clave de esta estrategia.100
Implicancias para la Soberanía y Autonomía Estratégica del Perú
El caso venezolano tiene implicancias directas para el Perú. La crisis humanitaria venezolana ha generado flujos migratorios significativos hacia el país, con más de 1.5 millones de venezolanos residiendo en territorio nacional, lo que ha generado presión sobre servicios públicos, mercado laboral y cohesión social.101 La inestabilidad regional derivada del colapso venezolano afecta la seguridad fronteriza, facilita actividades ilícitas transnacionales (narcotráfico, minería ilegal, trata de personas) y genera riesgos de contagio político.102
La competencia geopolítica en torno a Venezuela plantea al Perú el desafío de mantener una posición equilibrada que preserve la autonomía estratégica sin alienar a actores clave. La política exterior peruana ha buscado mantener relaciones constructivas tanto con EE. UU. como con China, evitando alineamientos exclusivos que limiten el margen de maniobra nacional.103 Aun así, la intensificación de la rivalidad entre grandes potencias puede dificultar esta estrategia de equilibrio, forzando al Perú a tomar posiciones más definidas en temas sensibles.104
Implicancias para el Sistema de Defensa del Perú
Necesidad Urgente de una Estrategia de Operaciones Multidominio
El análisis de los conflictos contemporáneos revela que el Perú debería implementar una estrategia multidominio coherente que integre los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético, espacial e informacional en un marco operacional unificado.105 La Política Nacional Multisectorial de Seguridad y Defensa Nacional al 2030 (PNMSDN 2030) ha planificado elementos de guerra híbrida en la dimensión de actividades y tareas, pero presenta limitaciones en el diagnóstico y los objetivos, abordando solo aspectos parciales de las amenazas multidominio.106
El desarrollo de capacidades multidominio requiere inversión en tecnología, entrenamiento, doctrina y estructuras organizacionales que permitan la coordinación efectiva entre dominios. Las FF. AA. enfrentan limitaciones en vigilancia, inteligencia, interoperabilidad, ciberdefensa y modernización, lo que dificulta la implementación de operaciones multidominio.107 La ausencia de sistemas integrados de comando y control, la falta de capacidades de guerra electrónica y la limitada integración de inteligencia en tiempo real constituyen brechas críticas que deben ser abordadas.108
Capacidades por Mejorar
Entre las capacidades por mejorar, resulta especialmente relevante el fortalecimiento e implementación robusta de un sistema de drones y antidrones concebido como capacidad integral del Sistema de Defensa Nacional (SIDENA).
a) Ciberdefensa y ciberseguridad: El Perú requiere una estrategia nacional de ciberseguridad consolidada, en un contexto en el que se ha legislado solo de manera limitada en materia de ciberdefensa.109 La ausencia de avances significativos desde 2016 en política y estrategia de ciberseguridad, capacitación, marcos legales y estándares evidencia un rezago estructural.110
b) Industria nacional de defensa: El país carece de una industria de defensa robusta que permita la producción nacional de armamento, municiones, vehículos militares y tecnología de defensa. Esta dependencia de proveedores externos genera vulnerabilidad estratégica, limita la autonomía en la toma de decisiones y expone al Perú a restricciones de suministro en escenarios de crisis.111
c) Capacidades de inteligencia estratégica: Las capacidades de inteligencia estratégica del Perú son limitadas, con vacíos en inteligencia de señales (SIGINT), inteligencia de imágenes (IMINT), inteligencia cibernética (CYBINT) y análisis de fuentes abiertas (OSINT). La falta de sistemas satelitales propios, de capacidades de interceptación de comunicaciones y de análisis de big data reduce la capacidad de anticipación estratégica.112
d) Sistemas de defensa aérea: El Perú urge mejorar sistemas integrados de defensa aérea en capas que permitan proteger el espacio aéreo nacional y la infraestructura crítica frente a amenazas aéreas convencionales y asimétricas (drones, misiles de crucero). La ausencia de radares de largo alcance, sistemas de comando y control integrados y misiles antiaéreos modernos constituye una vulnerabilidad crítica.113
e) Capacidades de movilización nacional: El sistema de movilización nacional no posee la robustez necesaria, pues muestra limitada capacidad para movilizar rápidamente recursos humanos, materiales y económicos en caso de crisis o conflicto. Resulta imprescindible contar con planes de movilización actualizados, registros de recursos movilizables y mecanismos de coordinación interinstitucional que fortalezcan la resiliencia nacional.114
f) Sistema de drones y antidrones: El Perú debería fortalecer e implementar de manera robusta un sistema conjunto de aeronaves no tripuladas, concebido como una capacidad integral y no como la simple adquisición de plataformas aisladas. Este sistema tendría que incluir drones destinados a vigilancia, reconocimiento, adquisición de objetivos, inteligencia, apoyo logístico y operaciones de precisión, complementados por capacidades antidrones de detección, interferencia electrónica e interceptación. De igual manera, requeriría unidades especializadas, operadores capacitados, enlaces de datos seguros, software actualizable, mantenimiento, producción nacional e integración con los sistemas de inteligencia, artillería, guerra electrónica, defensa aérea y mando y control. Bronk y Watling sostienen que los drones deben tratarse como sistemas completos y que su efectividad depende de su empleo por capas, de la preparación de sus operadores y de su coordinación con otros componentes de la fuerza.115
Vulnerabilidad de Infraestructura Crítica Nacional
La infraestructura crítica del Perú (instalaciones energéticas, puertos, aeropuertos, sistemas de agua, redes de telecomunicaciones, infraestructura de transporte) es potencialmente vulnerable a ataques físicos, cibernéticos e híbridos. El país no cuenta en la actualidad con sistemas integrados de protección de infraestructura crítica, planes de respuesta ante ataques y capacidades de ciberseguridad adecuadas.116 La concentración geográfica de infraestructura crítica en zonas urbanas costeras (Lima-Callao) incrementa la vulnerabilidad ante ataques de precisión.117
La dependencia de importaciones de combustibles, la vulnerabilidad de la infraestructura energética (centrales hidroeléctricas, gasoductos, refinerías) y la limitada redundancia operacional generan riesgos de disrupciones prolongadas que afectarían la economía nacional y la cohesión social.118 La protección de infraestructura crítica debe convertirse en una prioridad estratégica, requiriendo inversión en sistemas de vigilancia, ciberseguridad, defensa física y planes de continuidad operacional.119
Déficit de Autonomía Estratégica y Dependencia Externa
El Perú enfrenta un déficit de autonomía estratégica manifestado en múltiples dimensiones:
a) Dependencia tecnológica: El país depende de importaciones de tecnología militar, sistemas de comunicaciones, equipamiento de ciberseguridad y componentes críticos, lo que genera vulnerabilidad ante restricciones de suministro y limita la capacidad de adaptación tecnológica.120
b) Dependencia de proveedores de armamento: Las FF. AA. operan equipamiento de múltiples proveedores (EE. UU., Rusia, Francia, Italia, China), lo que produce desafíos de interoperabilidad, mantenimiento y sostenibilidad logística. La ausencia de una política coherente de adquisiciones de defensa y la falta de transferencia de tecnología limitan la autonomía operacional.121
c) Limitada capacidad de I+D+i: La inversión en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) en el Perú es de apenas 0,16 % del PIB, con solo 606 patentes registradas, lo que refleja limitaciones estructurales derivadas del modelo extractivista y de la dependencia tecnológica.122 El fortalecimiento del rol del Estado, el incremento de la inversión en I+D+i, el fomento de la cooperación sur-sur y la priorización de la educación STEM son necesarios para cerrar la brecha geotecnológica.123
d) Ausencia de planificación estratégica alineada con la autonomía estratégica: Los documentos de planificación estratégica nacional elaborados por el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) no han incorporado de forma suficiente los aspectos geopolíticos actuales ni un análisis desde la perspectiva de la autonomía estratégica. No se ha considerado sistemáticamente la autonomía estratégica para asesorar y visualizar hacia qué eje, o con cuáles ejes, el país podría orientar sus alianzas, por lo que resulta poco probable que la planificación estratégica vigente sea efectiva para alcanzar los objetivos nacionales.124
Significado de los Resultados para la Seguridad del Perú
Los resultados de esta investigación revelan que el Perú enfrenta una exposición estratégica indirecta significativa en un contexto de reconfiguración del orden internacional multipolar. Aunque el país no enfrenta amenazas militares convencionales inmediatas, la competencia geopolítica entre grandes potencias, la proliferación de amenazas híbridas y la vulnerabilidad de infraestructura crítica generan riesgos sistémicos que requieren una respuesta estratégica integral.125
La transición de un modelo de seguridad reactivo y fragmentado hacia un enfoque integral de operaciones multidominio no es una opción, sino un imperativo estratégico. Los conflictos contemporáneos demuestran que la supervivencia estatal en el siglo XXI depende de la capacidad de integrar múltiples dominios operacionales, desarrollar resiliencia nacional, mantener autonomía estratégica y adaptar continuamente las capacidades a un entorno de amenazas en evolución.126
Comparación con Otros Países de la Región
La comparación con otros países sudamericanos revela que el Perú enfrenta desafíos similares, además de oportunidades específicas. Brasil ha desarrollado una estrategia de defensa más coherente, con inversión en industria nacional de defensa, capacidades espaciales (satélites de observación) y una doctrina de autonomía estratégica más consolidada.127 Con todo, Brasil también enfrenta limitaciones presupuestarias y tensiones entre la búsqueda de autonomía y la necesidad de cooperación con potencias externas.128
Chile ha priorizado la modernización de sus FF. AA. mediante adquisiciones de equipamiento avanzado, aunque encara desafíos de sostenibilidad financiera y dependencia de proveedores externos.129 Colombia ha desarrollado capacidades significativas en contrainsurgencia y lucha contra el narcotráfico, con fuerte cooperación con EE. UU., pero presenta vulnerabilidades en ciberdefensa y protección de infraestructura crítica.130
El Perú tiene la oportunidad de aprender de las experiencias regionales, evitando errores y adoptando mejores prácticas. La cooperación regional en materia de defensa, mediante mecanismos como el Consejo de Defensa Sudamericano (actualmente paralizado), puede generar sinergias, reducir costos y fortalecer la autonomía colectiva frente a presiones externas.131
Implicancias Prácticas para la Política de Defensa Peruana
Las lecciones estratégicas identificadas tienen implicancias prácticas concretas para la formulación de la política de defensa peruana:
Primera: Priorización de la ciberdefensa. El desarrollo de capacidades robustas de ciberdefensa debe convertirse en una prioridad estratégica de primer orden. Ello requiere inversión en infraestructura tecnológica, formación de recursos humanos especializados, fortalecimiento de la resiliencia cibernética, desarrollo de doctrina de ciberdefensa y establecimiento de mecanismos de coordinación entre los sectores público, privado y militar.132
Segunda: Protección de infraestructura crítica. La protección de la infraestructura crítica nacional debe abordarse mediante un enfoque integral que combine seguridad física, ciberseguridad, redundancia operacional y planes de continuidad. La identificación de activos críticos, la evaluación de vulnerabilidades y el desarrollo de capacidades de respuesta rápida son elementos esenciales.133
Tercera: Desarrollo de capacidades asimétricas. El Perú debe desarrollar capacidades asimétricas de bajo costo y alta efectividad, particularmente en el dominio de drones militares, guerra electrónica y operaciones de información. Estas capacidades pueden funcionar como multiplicadores de fuerza significativos sin requerir inversiones masivas en plataformas convencionales.134
Cuarta: Fortalecimiento de la resiliencia nacional. La resiliencia nacional debe ser conceptualizada como un pilar fundamental de la seguridad del Estado, requiriendo inversión en cohesión social, educación cívica, capacidades de movilización, sistemas de alerta temprana y mecanismos de respuesta ante crisis.135
Quinta: Diversificación de alianzas estratégicas. El Perú debe diversificar sus alianzas estratégicas sin comprometer la autonomía nacional, buscando cooperación con múltiples actores (EE. UU., Estados europeos, Israel, Corea del Sur, India, países sudamericanos) que permitan acceso a tecnología, entrenamiento y apoyo logístico.136
Tensión entre Recursos Limitados y Necesidades Estratégicas Crecientes
El Perú enfrenta una tensión estructural entre recursos limitados y necesidades estratégicas crecientes. El presupuesto de defensa ha mostrado una tendencia decreciente en relación con el PIB regional, lo que se traduce en un bajo nivel cualitativo de capacidades militares para la defensa de la soberanía, la independencia y la integridad territorial.137 La sociedad peruana no posee una adecuada conciencia de seguridad y suele considerar la defensa como una tarea exclusiva de las FF. AA., lo que limita el apoyo político y social para inversiones en este ámbito.138
Esta tensión exige un enfoque estratégico que priorice inversiones de alto impacto, busque eficiencia en el gasto de defensa y explore mecanismos innovadores de financiamiento. El desarrollo de capacidades asimétricas de bajo costo, la cooperación regional para compartir costos, la inversión en tecnologías de doble uso (civil-militar) y el fortalecimiento de la industria nacional de defensa pueden contribuir a maximizar el impacto de recursos limitados.139
Rol de la Cooperación Regional en la Seguridad Colectiva
La cooperación regional en materia de seguridad y defensa puede generar beneficios significativos para el Perú y otros países sudamericanos. La integración de capacidades, el intercambio de inteligencia, el entrenamiento conjunto, la estandarización de procedimientos y la coordinación de respuestas ante amenazas transnacionales pueden fortalecer la seguridad colectiva y reducir vulnerabilidades individuales.140
Ahora bien, la cooperación regional enfrenta desafíos importantes. Las diferencias en percepciones de amenaza, prioridades estratégicas, capacidades militares y orientaciones políticas dificultan la construcción de consensos y la implementación de iniciativas concretas.141 El debilitamiento de mecanismos regionales como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y el Consejo de Defensa Suramericano (CDS) ha reducido los espacios de diálogo y cooperación.142
El Perú debe promover activamente la revitalización de la cooperación regional en defensa, buscando construir consensos en torno a amenazas compartidas (crimen organizado transnacional [COT], narcotráfico, ciberamenazas, protección de infraestructura crítica) y desarrollar capacidades colectivas que fortalezcan la autonomía estratégica regional frente a presiones externas.143
Recomendaciones Estratégicas Concretas
A partir del análisis realizado, se formulan ocho recomendaciones estratégicas concretas para el fortalecimiento del sistema de seguridad y defensa del Perú:
1. Desarrollar una estrategia nacional de operaciones multidominio. El Perú debe formular una estrategia nacional basada en operaciones multidominio que integre los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético, espacial e informacional en un marco operacional coherente. Esta debe definir objetivos claros, identificar capacidades críticas, establecer prioridades de inversión y delinear mecanismos de coordinación interinstitucional.144
2. Fortalecer la ciberdefensa y la protección de infraestructura crítica. El desarrollo de capacidades robustas de ciberdefensa debería incluir: (a) creación de un comando de ciberdefensa integrado; (b) inversión en infraestructura tecnológica y formación de recursos humanos especializados; (c) desarrollo de doctrina de ciberdefensa; (d) establecimiento de mecanismos de coordinación público‑privado‑militar; (e) implementación del marco NIST de ciberseguridad en organizaciones gubernamentales; (f) desarrollo de capacidades ofensivas, defensivas y de inteligencia cibernética.145
La protección de infraestructura crítica requiere: (a) identificación y clasificación de activos críticos; (b) evaluación de vulnerabilidades; (c) desarrollo de sistemas de vigilancia y detección temprana; (d) implementación de medidas de seguridad física y cibernética; (e) establecimiento de planes de continuidad operacional y respuesta ante crisis.146
3. Modernizar el sistema de movilización nacional. El sistema de movilización nacional debe modernizarse mediante: (a) actualización de planes de movilización; (b) creación de registros de recursos movilizables (humanos, materiales, económicos); (c) establecimiento de mecanismos de coordinación interinstitucional; (d) desarrollo de capacidades de movilización rápida; (e) realización de ejercicios de movilización periódicos; (f) fortalecimiento de la reserva militar.147
4. Desarrollar la industria nacional de defensa. El desarrollo de una industria nacional de defensa exige: (a) formulación de una política específica de industria de defensa; (b) inversión en I+D+i en tecnologías de defensa; (c) establecimiento de incentivos para empresas nacionales; (d) incorporación de cláusulas de transferencia de tecnología en adquisiciones de armamento; (e) desarrollo de capacidades de producción de municiones, vehículos militares y sistemas de comunicaciones; (f) cooperación regional para proyectos conjuntos de industria de defensa.148
5. Diversificar alianzas estratégicas con prudencia diplomática. La diversificación de alianzas estratégicas debe equilibrar: (a) mantenimiento de la cooperación con EE. UU. en áreas de interés mutuo; (b) desarrollo de relaciones de defensa con Estados europeos (Francia, España, Italia) para acceso a tecnología; (c) cooperación con Israel en ciberseguridad e inteligencia; (d) vínculos con Corea del Sur e India en tecnología de defensa; (e) fortalecimiento de la cooperación regional sudamericana; (f) preservación de la autonomía estratégica y evitación de alineamientos exclusivos.149
6. Invertir en tecnología e innovación militar. La inversión en tecnología e innovación militar debería priorizar: (a) desarrollo de capacidades de drones militares (reconocimiento, vigilancia, ataque); (b) sistemas de guerra electrónica; (c) capacidades de inteligencia espacial (satélites de observación); (d) sistemas de defensa aérea en capas; (e) tecnologías de doble uso (civil‑militar); (f) inteligencia artificial aplicada a defensa; (g) sistemas autónomos y robótica militar.150
De manera particular, la implementación de un sistema de drones debe constituir una recomendación estratégica y no limitarse a la adquisición de plataformas como parte de la inversión tecnológica. Para el Perú, esta capacidad debería desarrollarse mediante una cadena institucional de investigación, diseño, prototipado, producción, pruebas, operación, mantenimiento y actualización de medios no tripulados. Como referencia, la Defence Drone Strategy: The UK’s Approach to Defence Uncrewed Systems del Ministerio de Defensa del Reino Unido (MoD, por sus siglas en inglés) propone vincular la investigación y el desarrollo con la fabricación y la adaptación permanente de plataformas, fortalecer la producción nacional, asegurar las cadenas de suministro y emplear arquitecturas abiertas que faciliten la incorporación de nuevos sensores, componentes y programas informáticos.151 Por tanto, el sector Defensa debería promover una línea tecnológica propia de drones y sistemas antidrones, articulando a las instituciones armadas con la industria nacional, universidades y empresas especializadas, con el propósito de reducir la dependencia externa, garantizar el sostenimiento durante una crisis y fortalecer la autonomía estratégica del país.
7. Fortalecer la resiliencia nacional y la cohesión social. El fortalecimiento de la resiliencia nacional requiere: (a) desarrollo de programas de educación cívica y conciencia de seguridad; (b) refuerzo de la cohesión social y la identidad nacional; (c) mejora de la capacidad de respuesta ante desastres naturales y crisis; (d) desarrollo de sistemas de alerta temprana; (e) fortalecimiento de instituciones democráticas; (f) reducción de vulnerabilidades sociales (pobreza, desigualdad, exclusión).152
8. Desarrollar una comunicación estratégica efectiva. El desarrollo de capacidades de comunicación estratégica debería incluir: (a) creación de una unidad de comunicación estratégica integrada; (b) elaboración de narrativas coherentes sobre seguridad nacional; (c) capacidades de monitoreo y análisis de operaciones de información; (d) coordinación de mensajes entre instituciones del Estado; (e) desarrollo de capacidades de respuesta rápida ante desinformación; (f) uso estratégico de redes sociales y medios digitales.153
Conclusiones
1. Esta investigación ha analizado las lecciones estratégicas derivadas de los conflictos geopolíticos contemporáneos (Rusia–Ucrania, Irán–Israel–EE. UU., Venezuela–EE. UU.) y sus implicancias para el sistema de seguridad y defensa del Perú. El estudio ha identificado patrones estratégicos transversales que revelan la transformación radical de la naturaleza de los conflictos en el siglo XXI, caracterizada por la hibridación de amenazas, la integración de múltiples dominios operacionales y la centralidad de la resiliencia nacional como factor de supervivencia estatal.
2. Los principales aportes de esta investigación son: primero, la demostración empírica de que el Perú enfrenta una exposición estratégica indirecta significativa en un contexto de reconfiguración del orden internacional multipolar, con vulnerabilidades críticas en ciberdefensa, infraestructura crítica, autonomía estratégica y resiliencia nacional. Segundo, la identificación de lecciones estratégicas específicas aplicables al contexto peruano en las dimensiones de guerra de desgaste, operaciones multidominio, guerra asimétrica, competencia geopolítica e instrumentos de coerción no militar. Tercero, la formulación de un marco integral de recomendaciones estratégicas que aborda las brechas identificadas y proporciona orientación concreta para la formulación de políticas públicas de seguridad y defensa.
3. El Perú debe transitar urgentemente de un modelo reactivo y fragmentado hacia un enfoque integral de operaciones multidominio, fundamentado en tres pilares estratégicos: operaciones multidominio integradas, autonomía estratégica y resiliencia nacional. El primer pilar exige el desarrollo de capacidades que integren los dominios terrestre, aéreo, marítimo, cibernético, espacial e informacional en un marco operacional coherente, priorizando la ciberdefensa, la protección de infraestructura crítica, las capacidades asimétricas (drones, guerra electrónica) y sistemas de comando y control integrados. El segundo pilar se orienta al fortalecimiento de la autonomía estratégica mediante el desarrollo de industria nacional de defensa, la inversión en I+D+i, la diversificación de alianzas, la reducción de la dependencia tecnológica y la gestión soberana de recursos estratégicos. El tercer pilar implica la consolidación de la resiliencia nacional como fundamento de la seguridad del Estado, a través del fortalecimiento de la cohesión social, el desarrollo de capacidades de movilización, la protección de infraestructura crítica, la educación cívica y la reducción de vulnerabilidades sociales.
4. Los hallazgos de esta investigación tienen relevancia tanto académica como práctica. Desde la perspectiva académica, el estudio contribuye a la literatura emergente sobre operaciones multidominio, guerra híbrida y autonomía estratégica en el contexto latinoamericano, un campo aún poco desarrollado en la producción académica regional. La metodología de análisis comparado de conflictos aplicada puede ser replicada para estudios similares en otros países de la región. Desde la perspectiva práctica, las recomendaciones estratégicas formuladas proporcionan orientación concreta para la formulación de políticas públicas de seguridad y defensa en el Perú. La identificación de capacidades críticas ausentes, vulnerabilidades sistémicas y prioridades de inversión puede informar la toma de decisiones en el Ministerio de Defensa (MINDEF), el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (CCFFAA) y otras instituciones del Sistema de Defensa Nacional (SIDENA).
5. El Perú se encuentra en una encrucijada estratégica. La reconfiguración del orden internacional multipolar, la proliferación de amenazas híbridas y la competencia geopolítica en América Latina generan riesgos sistémicos que requieren una respuesta estratégica integral. La preparación multidominio no es una opción, sino un imperativo estratégico para garantizar la supervivencia, la soberanía y el desarrollo del Estado peruano en el siglo XXI. La transición hacia un modelo de operaciones multidominio, el fortalecimiento de la autonomía estratégica y la consolidación de la resiliencia nacional requieren voluntad política, inversión sostenida y consenso nacional. El desafío es significativo, pero las lecciones de los conflictos contemporáneos demuestran que los Estados que logran adaptarse a la nueva realidad estratégica pueden no solo sobrevivir, sino prosperar en un entorno de competencia geopolítica intensificada. El Perú tiene la oportunidad de aprender de las experiencias de otros países, evitar errores costosos y construir un sistema de seguridad y defensa que garantice la protección de sus intereses nacionales, la preservación de su soberanía y la promoción de su desarrollo en un mundo cada vez más complejo e incierto. El momento de actuar es ahora.



